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clarin.com · hace 22 horas · Clarin.com - Home

La realidad económica desnuda los límites de la narrativa del Gobierno

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El índice de inflación de septiembre volvió a dar un pequeño salto. Pasó del 1,7% en agosto (la marca más baja del año) al 1,9% actual. Un 33.4% acumulado en los últimos doce meses. El Fondo Monetario Internacional (FMI), con el cual está negociando Luis Caputo, el ministro de Economía, redujo la estimación de crecimiento de la economía argentina en 2026. La marcó ahora en 2,1% frente al 3,5% que había confirmado en julio. Son estimaciones que concuerdan con las proyecciones que hicieron la semana pasada el Banco Mundial y el JP Morgan, la entidad que calibra el riesgo país.

El diagnóstico del FMI incluye un apartado interesante. Mantuvo su proyección de crecimiento económico del 2,3% para América Latina y el Caribe. No únicamente eso: mejoró las estimaciones de Brasil, donde está pendiente aún el balotaje entre Flávio Bolsonaro y Lula da Silva. También de Venezuela, Bolivia, Perú, Ecuador y Paraguay. La interpretación más llana, entonces, indica que aquel descenso en la Argentina no obedecería, al menos, a ningún fenómeno regional. Está en la marcha de nuestra propia economía.

Javier Milei se enfrenta en la coyuntura a un problema insoluble. Su narrativa se dispersa. La pretensión de monopolizar la agenda también se advierte desbordada por la realidad económica. Sus últimos intentos por imponer otros paisajes parecen haber naufragado. El conflicto con Gran Bretaña por las islas Malvinas está imbuido de legitimidad. Pero pierde potencia por dos motivos: la política exterior se circunscribe solo a Estados Unidos e Israel. Resulta visible, a raíz de eso, su pérdida de peso en los foros internacionales. El único lugar, fuera de Washington, donde la administración libertaria puede poner en práctica el camino sensato que eligió ante el conflicto: la diplomacia.

También resultó efímera la algarabía de Milei y su tropa por la victoria en primera vuelta de Bolsonaro. La idea de un liderazgo regional o la victoria ideológica simbólica que representaría el regreso del bolsonarismo al Planalto son insumos que atañen solo a un foco dirigencial. Asoman alejadísimos de los intereses colectivos. El Presidente no ceja en su esfuerzo por atraer la atención hacia la política exterior. Acaba de viajar de nuevo a Washington para una cena en honor a Donald Trump. También recaudatoria para la campaña electoral camino a las elecciones de medio término del 3 de noviembre.

El problema de la administración libertaria radica en que ni Milei pareciera absolutamente convencido sobre la estrategia que desarrolla. Su discurso público en los últimos días estuvo anclado en las previsiones del año electoral. También en las presuntas zancadillas de una oposición que, de verdad, parece tropezarse solita. Aquel comportamiento del líder libertario no transmite tranquilidad ni certezas.

Esas impresiones derivan de la naturaleza de las reacciones de Milei. Ante indicadores que muestran una persistente falta de dinamismo económico o caída en la confianza pública responde con augurios místicos y de infalibilidad supuesta. Desde el viernes último se encargó de repetir tres veces que en 2027 ganará la reelección. Nadie podría desmentirlo. Pero esa aseveración no responde a la cantidad de enigmas que viene sembrando el desenvolvimiento económico. En todo caso el líder libertario intenta dar garantías de otro modo.

Refiere a la cantidad de dólares que dispondría para afrontar una corrida que él mismo, con sus mensajes, se ocupa de atizar. En un reportaje por TV dijo disponer de US$ 125 mil millones para contener la divisa en el próximo año electoral. Hace 10 días aseguró que contaba con US$ 70 mil millones. Nadie conoce -ni el Banco Central- cómo habría sido posible esa casi duplicación del volumen de la moneda estadounidense. “Toto” Caputo había dado una cifra sustancialmente menor (casi US$ 50 mil millones menos) en un reportaje radial.

Esa dinámica desordenada genera suspicacias en torno a la gobernabilidad y el roce que se pone de manifiesto entre las distintas facciones libertarias. Milei debió salir a desmentir una posible renuncia del ministro de Economía. Rumor que fue tomando cuerpo en la intimidad del Gobierno. Y se extendió a la City y a la clase política. Donde se multiplican las voces de preocupación por el estancamiento de la economía y la ausencia de alguna señal indicativa de que la realidad podría comenzar a modificarse a partir de fin de año. Patricia Bullrich constituye apenas la primera voz de un coro. La distinción con el resto es que se atreve a hacerla pública. Si el primer semestre de 2027 no muestra signos de reacción los comicios podrían complicarse.

La urgencia económica disminuye la intensidad de otras cuestiones que al Gobierno le interesa que adquieran magnitud. El conflicto por las Malvinas se continúa tensando. Ahora en dos frentes. Además de Gran Bretaña está también Chile. Presidencia y la Cancillería, que conduce Pablo Quirno, presentaron una solicitud formal de medidas provisionales ante el Tribunal de Derecho Internacional del Mar con sede en Hamburgo.

Pretendería frenar el proyecto Sea Lion en el Atlántico Sur, alrededor del archipiélago, que apunta a la exploración y explotación de hidrocarburos. El ultimátum de dos semanas dado por la Argentina caducó. Gran Bretaña publicó una guía comercial y de herramientas legales para blindar a las empresas que operan en Malvinas. También Londres solicitó a Interpol que rechace las peticiones de captura de parte de la Argentina para frenar el proyecto.

En paralelo, parece extenderse una diferencia con Chile ahora gobernada por la derecha de José Kast. Que hace pocas semanas agasajó a Milei en el Palacio de la Moneda. Está programado el viaje del buque Danstar (de una naviera privada) para mediados de noviembre que llevará abastecimiento de todo tipo a las Malvinas. Circulará por el Estrecho de Magallanes, pero inevitablemente, para seguir su derrotero, asomará por la boca oriental del Mar Argentino. Al no tratarse de un tránsito “inocente” requeriría de una autorización previa de nuestro país. El conflicto está en el aire, sin garantías sobre cómo podría continuar. Chile ha decidido que la nave no vaya escoltada por fragatas militares.

Se trata de otro de los frentes abiertos para el gobierno de Milei. De elevadísima tensión. Todos afloran, sin embargo, opacados por la creciente urgencia del asunto que manda: la situación económica.

Eduardo van der Kooy

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