Cuando el blindaje para frenar una corrida al dólar es tan grande, hasta el santo desconfía
El mercado se puso ansioso con el precio del dólar y el Gobierno trata de morigerar ese manojo de nervios dándole la píldora. Por cierto en una dosis cada vez es más elevada. Porque hay que recordar que después del swap anunciando el año pasado por el Tesoro de EE.UU., una línea de US$ 20.000 millones para estabilizar el peso antes de las elecciones legislativas en la Argentina, se continuó hablando de sucesivos blindajes. El mismísimo Scott Bessent, hace un año atrás exacto, contó en una entrevista a Axios que existía una línea de trabajo de cinco bancos privados por US$ 20.000 millones para ayudar a la Argentina. Eso no prosperó y entonces el Gobierno empezó a comprar dólares y acumular reservas después de la elección. Y este año primero dejó entrever que el Banco Central contaba con unos US$ 20.000 millones para calmar el dólar de cara al 2027 y después Luis Caputo presentó un programa financiero -tan solo hace tres meses-, en el que aseguraba que tenía los dólares suficientes para pagar vencimientos de la deuda sin necesidad de pedir plata nueva prestada al mercado.
Pero como nada de esto había sido suficiente, hace dos semanas primero Javier Milei dijo públicamente que contaba con US$ 75.000 millones para estabilizar el mercado de cambios (“Dedicamos todo este año a preparar una bazuka de dólares”) y ahora este lunes elevó la cifra a US$ 125.000 millones sin brindar más explicaciones.
Pese a este derrotero y a que el Banco Central ya acumuló más reservas de las que se había comprometido con el FMI, registrando incluso un récord de exportaciones y superávit en las cuentas externas, el riesgo país no bajó lo suficiente.
Basta con detenerse en el siguiente dato. El riesgo país en los últimos 30 días subió en toda la región, justo después de que la Reserva Federal aumentó 25 puntos básicos la tasa de interés. Pero en la Argentina el alza fue casi de 100 puntos básicos cuando el promedio para la región fue de 10.
Los economistas Miguel Angel Broda y Fernando Marull pusieron en sendos informes recientes que, en verdad, “el Gobierno no tiene una bazuka” como dice. Quizás esto ayude a explicar la desconfianza que todavía pese sobre la deuda argentina.
Muchos bonistas se preguntan hasta qué punto la presencia del FMI no juega en contra de sus intereses. El organismo tiene prioridad de cobrar frente a una eventual situación de estrés financiero (el Fondo es acreedor privilegiado frente a sus miembros, es decir, no se lo defaultea y no se le reestructura la deuda). También hay dudas sobre si un eventual gobierno peronista no reestructuraría parte de los bonos que todavía tienen en sus manos. Hay economistas de ese espacio que hoy sostienen que Argentina debiera analizar algo así si quiere volver a crecer sostenidamente en el tiempo. Algo así por ejemplo ha sostenido el candidato de izquierda en Francia, Jean-Luc Mélenchon, aunque ha ido directamente más allá y propuso la cancelación de parte de la deuda. De ahí que los precios de los bonos de Francia hayan caído y subido la tasa. La revista británica The Economist puso el tema como título principal en su última tapa. “Se viene una crisis en la deuda de los gobiernos”.
Marull hace la cuenta de que a Caputo le faltan US$ 10.000 millones para cerrar las necesidades de financiamiento. En el programa financiero presentado en julio el ministro dijo que las necesidades de plata eran US$ 25.000 millones para el año próximo. La mitad de esos pagos son para los bonistas y la otra mitad para el Fondo y otros organismos. Pero en esa cuenta el ministro no incluyó los pagos de Bopreal, que es deuda del Banco Central -y no del Tesoro-, por unos US$ 4.000 millones.
“Asegurados hay US$ 15.500 millones”, dice Marull de ese total que son US$ 29.000 millones (los US$ 25.000 millones que presentó Caputo + los US$ 4.000 millones que tiene que pagar Santiago Bausili). “En negociación hay US$ 3.500 millones que van desde privatizaciones a préstamos bilaterales con otros países”. Para Marull esos US$ 10.000 millones de diferencia podrían cubrirse con emisiones locales, préstamos REPO con bancos, e incluso compra de dólares en el mercado de cambios.
El mundo juega a favor de la Argentina todavía pese a las perspectivas de tasas más altas y la desaceleración de dos de sus socios comerciales clave como China y Brasil. Por un lado los precios de los productos que vende el país seguirán elevados (materias primas) y lo que compra del exterior (capital y tecnología) básicamente cae. Por el otro, la actividad global no se ha resentido. El FMI en su informe Perspectivas Económicas Mundiales 2027 dado a conocer esta semana en la Asamblea Anual en Bangkok, prevé más crecimiento para el mundo el año próximo al pasar de 3,1% en 2026 a 3,4% en 2027. “Sin embargo esta resiliencia está bajo presión”, dijo la nueva economista jefa del FMI, Silvana Tenreyro, quien advirtió sobre los precios de la energía y su impacto en la economía mundial. La Argentina es exportadora hoy de petróleo pero precios de energía más altos podrían ralentizar la desinflación. El 1,9% que dio el IPC de septiembre -en agosto había sido 1,7%-, es un ejemplo de que bajar la inflación llevará tiempo.
Esto y el riesgo de que Caputo no reúna los US$ 10.000 millones para cerrar el financiamiento son un desafío para Milei de cara a 2027: una inflación que en una de esas baje más lento de lo que el Gobierno prevee y el uso de reservas para contener el dólar cuando se acelere la demanda de divisas de los argentinos, no son elementos a descartar y que el mercado más bien tiene en cuenta. Como dijo Ricardo Arriazu días atrás en una charla con clientes: “No importa los dólares que tenga el Gobierno sino si está dispuestos a usarlos”.
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