Una clave para leer Magnifica Humanitas y la "cultura del poder"
Magnifica Humanitas tiene casi 200 páginas y 245 párrafos, organizados en una introducción, cinco capítulos y una conclusión. Suele leerse, sobre todo, como la encíclica de la inteligencia artificial. Pero cinco de esos párrafos abren la puerta a otra lectura.
El documento completo empieza con dos capítulos sobre la doctrina social de la Iglesia, avanza hacia el problema de la técnica y el dominio, y culmina en lo que León XIV llama “la cultura del poder”.
En los párrafos 92 a 96, en cambio, la doctrina social se desplaza hacia el final y aparece más como respuesta que como punto de partida. La secuencia parte del paradigma tecnocrático y del poder multiplicado por la técnica y culmina en la dignidad de la persona, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social, los criterios que la doctrina social ofrece para gobernar ese poder.
En ese breve pasaje, León XIV retoma el concepto de “paradigma tecnocrático” que Francisco planteó en Laudato Si’ —la tendencia a dejar que la eficiencia, el control y el lucro gobiernen por sí solos las decisiones humanas— y lo hace apoyándose en dos citas que luego desarrolla en la encíclica con lenguaje propio.
La primera es de Romano Guardini, que a principios de los años cincuenta, bajo la sombra de la amenaza nuclear, observaba que el poder se desarrollaba más rápidamente que la capacidad moral del hombre para ejercerlo responsablemente y que, al mismo tiempo, se volvía cada vez más anónimo.
La segunda es de Pablo VI, quien advirtió que el progreso técnico sin un progreso social y moral equivalente termina por volverse contra el hombre.
Así empieza a hacerse visible el vínculo entre técnica, poder y responsabilidad. León XIV advierte sobre la aparición de nuevos actores de poder y sobre el riesgo de que su concentración —más opaca, menos controlada— diluya la responsabilidad por su ejercicio. Esa separación ya forma parte de la experiencia cotidiana: decisiones atribuidas impersonalmente al “mercado”; otras que nadie parece haber tomado porque “son del sistema”; y, más recientemente, decisiones filtradas por algoritmos cuyo funcionamiento resulta poco transparente y en las que no siempre resulta claro quién debe responder.
León XIV alerta así sobre una paradoja del desarrollo tecnológico. Mientras la técnica multiplica la capacidad humana de actuar, puede hacer cada vez más difusa la responsabilidad por sus consecuencias.
Leer estos cinco párrafos no reemplaza la encíclica. Pero ofrece otra clave posible para leerla, no solamente como un documento sobre inteligencia artificial, sino como la propuesta de la doctrina social de la Iglesia para responder a una cuestión más amplia.
Cómo lograr que el impresionante crecimiento del poder del hombre sobre sí mismo y sobre la naturaleza vaya acompañado por un desarrollo equivalente de su capacidad moral y de su sentido de la responsabilidad.
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