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lanacion.com.ar · hace 2 horas · Melisa Reinhold

La importancia de la micro: quiénes ganaron el Nobel de Economía y qué aportes de sus investigaciones usó Milei

LA NACION

La economía no funciona únicamente a partir de grandes variables como la inflación, el consumo o el producto bruto interno (PBI). Detrás de esos indicadores hay millones de decisiones individuales, que van desde cuánto ahorra una familia, cuánto gasta y cómo fija los precios un negocio de barrio. Comprender cómo estas decisiones se relacionan entre sí y condicionan los resultados de la economía les valió a dos economistas estadounidenses recibir este lunes el Premio Nobel de Economía 2026.

Robert E. Hall, profesor de la Universidad de Stanford, y Michael Woodford, de la Universidad de Columbia, fueron distinguidos por sus contribuciones a los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica.

Según la Real Academia Sueca de Ciencias, sus investigaciones permitieron desarrollar modelos que mejoraron significativamente la capacidad de los gobiernos y los bancos centrales para implementar políticas destinadas a moderar las fluctuaciones económicas.

“Sentaron las bases del paradigma neokeynesiano, en el que los modelos se construyen sobre microfundamentos, lo que significa de abajo hacia arriba. Los resultados económicos son el resultado de millones de decisiones tomadas a nivel micro por hogares y empresas. Utilizando modelos basados en este enfoque, en lugar de estudiar simplemente la economía desde una perspectiva macro, como una vista de pájaro, la investigación de Hall y Woodford ha generado un cambio de paradigma en la teoría de la política de estabilización”, publicó la cuenta oficial del Premio Nobel.

La distinción también reconoce una transformación en la teoría económica. Durante las crisis petroleras de la década de 1970, las economías occidentales enfrentaron una combinación de estancamiento, desempleo elevado e inflación persistente, un fenómeno conocido como estanflación. Esto expuso las dificultades de los modelos keynesianos tradicionales y abrió el debate sobre la capacidad de las políticas de estabilización para contener las crisis sin generar nuevos desequilibrios.

2026 economic sciences laureate Robert E. Hall’s hypothesis was that changes in consumption could not be predicted because they depend on new – and thus unpredictable – information.Hall presented his results in an article in 1978, which was something of a eureka moment for… pic.twitter.com/40dLRC7TdM

Hall y Woodford contribuyeron a construir un marco teórico que combina las decisiones racionales de hogares y empresas con las imperfecciones que existen en los mercados. Entre ellas figuran las rigideces de precios y las restricciones financieras que impiden que todos los consumidores ajusten su gasto de la misma manera. Esa combinación permite estudiar por qué una modificación de las tasas de interés puede tener efectos sobre el consumo, la producción y el empleo, y por qué esos efectos no necesariamente desaparecen de inmediato.

Aunque en más de una ocasión el presidente Javier Milei afirmó que Keynes fue “un genio del mal y el brazo ejecutor de lo siniestro”, tras conocerse el Premio Nobel de Economía afirmó que los economistas neokeynesianos hicieron una “revolución conceptual” e incorporaron restricciones presupuestarias y herramientas del análisis neoclásico a la tradición keynesiana. Incluso, reconoció que la teoría de Woodford la aplicó en su Gobierno para ordenar las cuentas públicas, sanear el balance del Banco Central (BCRA) y preparar la salida del cepo cambiario.

“¿Por qué nos resulta interesante? Porque es el mecanismo que usamos para limpiar el balance del Banco Central previo a la salida del cepo. Concretamente, cuando uno toma un modelo de equilibrio general que contempla los stocks y los flujos —me habrá escuchado a mí la frase ‘la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario’—, Woodford lo que señala es que usted puede determinar el nivel de precios de la economía con la política fiscal. Y fíjese dónde se une: lo que dice es que si a usted los números fiscales no le dan, va a terminar emitiendo dinero y la cantidad de dinero se va a acomodar hasta que usted tenga un nivel de precios que le permita la licuación, que le ponga en caja la restricción de presupuesto, o sea, el resultado fiscal", afirmó el mandatario en una entrevista radial.

El Presidente recordó que fue profesor de microeconomía durante 25 años y afirmó que “si alguien sabe de microeconomía, soy yo”. En ese sentido, dijo que constantemente mira todos los mercados, tanto presentes como futuros, e incorpora el llamado “equilibrio general intertemporal”. Al referirse a la situación de los hogares argentinos, reconoció que “hay personas a las que les va bien y hay personas a las que no les va tan bien” ante el cambio de modelo económico que se lleva adelante en el país.

“La Argentina está teniendo cambios estructurales muy importantes, ya sea por la apertura, por la tecnología, la baja de impuestos o todas las regulaciones que estamos teniendo. Todo eso genera un conjunto de reformas estructurales muy potentes. Ese conjunto de reformas estructurales muy potentes, en condiciones normales, tendría que haber una caída del PBI porque lo que se empieza a recuperar no alcanza a compensar a los que se caen. Y eso tendría que tener un aumento del desempleo. Pero cuando mira usted los datos de desempleo, eso no se verifica. La tasa promedio de desempleo en la Argentina es del 9%, y estamos en 7% y algo. Lo que tenemos es que hay sectores que están creciendo mucho, y sectores que están rezagados”, dijo. Consultado sobre si merecía ganar él el Nobel de Economía, respondió que “no lo merezco” y agregó que “al menos no hoy”.

El presidente dijo que la teoría de Woodford la aplicó en su Gobierno para ordenar las cuentas públicas, sanear el balance del Banco Central (BCRA) y preparar la salida del cepo cambiario.

También se hizo eco del premio Martín Tetaz, quien explicó que los modelos son neokeynesianos porque asumen que el sistema de precios tiene problemas para equilibrar completamente a los mercados, y puede haber rigideces de precios por razones sindicales o empresariales. Para el economista, el Banco Central argentino debería “tomar nota” para recomponer la demanda de dinero y permitir el retorno de la demanda del crédito. “Son claves para la reactivación de la economía, la baja de la inflación”, completó.

Martín Redrado, expresidente del Banco Central, contó que le tocó compartir con Woodford varios paneles en conferencias internacionales sobre política monetaria. “De él aprendí que importa tanto la calidad de los instrumentos utilizados, como de las expectativas que genera en los ciudadanos de un país, las acciones y la comunicación de las mismas por parte del Banco Central. Sus modelos teóricos marcan con claridad que la gente siempre mira hacia el futuro en términos de sus decisiones de inversión. También me parece muy valioso el aporte de como la política monetaria puede suavizar los picos y los valles del ciclo económico. Si este concepto busca aplicarse en la Argentina, se trata de acumular reservas en épocas de ingreso de divisas y utilizarlas en épocas de escasez, sea por shocks internos o externos”, dijo en diálogo con LA NACION.

Para el economista y académico Roberto Frenkel, Woodford fue un temprano promotor y teorizador de las metas de inflación como eje de la política monetaria. En ese sentido, hizo hincapié en que hoy casi todos los países del mundo practican políticas de metas de inflación, instrumentadas por bancos centrales independientes.

“En nuestro país, pese a tener una ley en vigencia desde 1992, la independencia ha regido en escasas ocasiones. Por otro lado, las metas de inflación se intentaron en nuestro país al comienzo del gobierno de Mauricio Macri. La meta de inflación anunciada quedo muy sobrepasada porque el Banco Central subestimo el impacto inflacionario que tuvo la devaluación inicial. De modo que la política que practica casi todo el mundo quedó desprestigiada aquí”, reflexionó.

El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, calificó de “muy bueno” el Premio Nobel de Economía 2026 en las redes sociales. Y agregó “un dato de color: el documento de la Academia explica que el premio también lo merecía y lo hubiera recibido el argentino Julio Rotemberg si no fuera porque falleció en 2017″.

Nacido en Buenos Aires en 1953, Rotemberg se doctoró en Economía en la Universidad de Princeton y fue profesor de la Escuela de Negocios de Harvard. Su trabajo junto con Woodford fue clave para desarrollar modelos que incorporan la competencia imperfecta y la dificultad de las empresas para ajustar sus precios de manera inmediata ante cambios en la economía. Sus investigaciones forman parte de los antecedentes teóricos sobre los que se construyó el marco neokeynesiano que luego Woodford sistematizó en su libro Interest and Prices, publicado en 2003.

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