Entre la recesión y “el mejor año de nuestra historia”
Ya en papel de triunfador y entonado por la victoria del derechista Flavio Bolsonaro y la derrota de Lula da Silva, un “comunista, corrupto y ladrón” según su retórica sin límites, Javier Milei está definitivamente lanzado a tirar buenas ondas. O apuntando también a corregir las no tan buenas que genera el rumbo de la economía argentina, el Presidente ha dicho estos días que si es reelecto “el 2028 va a ser el mejor año de nuestra historia”.
Subido al mismo tren el ministro de Economía, Luis Caputo, habla de “los mejores 18 meses que la Argentina haya visto en las últimas décadas” y torea a quienes piensen en motorizar presiones cambiarias: “Les vamos a arrancar la cabeza, como en octubre del año pasado”. La referencia -poco elegante- de Caputo alude al préstamo del gobierno norteamericano de Donald Trump, aún vigente, que el Banco Central usó en 2025 para frenar compras que jaqueaban la estabilidad del dólar oficial.
Hoy la cuestión se llama Riesgo País, una medida del costo del financiamiento para el Gobierno y las empresas que esta vez podría ser asociado a cierta incertidumbre sobre el resultado y los efectos colaterales de las próximas elecciones y, más concretamente, respecto de la posibilidad de un traspié del liberalismo libertario. Este es el fantasma que agita Caputo cuando, al mismo tiempo, menea la posibilidad de una victoria del kirchnerismo con la idea de correr el foco de las dudas que levanta su propia gestión. Esto es, una mezcla que puesta así entra en eso que se llama efecto búmeran.
¿Y cuál es el Riesgo País en el vecindario? En principio, representa una medida menor a los 585 puntos básicos que tiene la Argentina: Brasil anda alrededor de 259; Chile en 96 y Uruguay en 67.
Un problema real y a la vista ancla al fin en el impacto del cuadro recesivo que enfrenta la industria manufacturera. Según el último informe del INDEC, el índice de producción fabril de agosto 2026 aún no superó el registro de abril 2025 y acumula 12 meses en rojo de los últimos 14. Entre los sectores que caen fuerte sobresalen la producción de maquinaria agropecuaria, con -37,9% y la venta a concesionarios de vehículos nacionales de -32,9%.
Algo que también suma ocurre con la construcción, que lleva 8 meses sin levantar cabeza y muestra números que pasan por muy poco a los números de abril 2025. Entre la industria y la construcción estamos en alrededor del 20% del PBI argentino, lo cual equivale a un porcentaje similar del empleo y, de seguido, a pensar en el impacto electoral de semejante combinación.
Sobre la industria, los datos que maneja el Centro de Estudios de la UIA y provienen del Ministerio de Trabajo ya hablan de 92.559 empleos registrados, en blanco, caídos desde agosto del 2023. Otros, con fuente en el Ministerio de Capital Humano cifran en 32.635 la cantidad de empresas fabriles que desaparecieron desde abril del mismo año.
Y si la mira se pone sólo en los puestos de trabajo perdidos, entre la industria manufacturera y la construcción ya pasan los 150.000 y hasta desbordan los 180.000 contando los que hubo en el comercio. Vale remachar el origen ministerial de estos datos de modo de cruzarlos con la definición de “cualquier cosa” que Milei le aplicó a las estadísticas del INDEC para desacreditarlas y sacárselas de encima.
lmente y por si no se advirtió, la referencia a agosto y a abril de 2025 usada por la UIA tanto para la pérdida de puestos de trabajo como para las empresas caídas apunta al lastre que deja la gestión liberal-libertaria de Caputo, incluídos los efectos que van sobre quienes apostaron y apostaron en grande al modelo Milei.
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