Fuegos de octubre
Octubre es, sin dudas, un mes clave para el gobierno nacional y, en especial, para los planes reeleccionistas del presidente Javier Milei.
Ante el adelanto del clima preelectoral como recurso para correr el eje de discusión de una economía que pese a las recurrentes promesas no arranca, y en un contexto de evidente deterioro del humor social, el oficialismo parece cifrar todas sus expectativas en la “política”.
Una apuesta que no solo se traduce en el avance de las primeras definiciones electorales, sino también en la intención de apurar las negociaciones con los gobernadores y de acelerar el debate de las iniciativas giradas al Congreso de la Nación antes de que el proceso electoral obture cualquier posibilidad de éxito.
No son tareas fáciles para el Gobierno, tanto por las recurrentes fisuras y diferencias internas que se exponen ante cada discusión, como por las dudas y desconfianzas de los mandatarios provinciales que integran el conjunto de los potenciales aliados.
Precisamente muchas de esas dificultades han venido quedando expuestas en la discusión parlamentaria de las PASO, que debiera encaminarse durante este mes para poder despejar las incógnitas del calendario electoral 2027. No se trata de un proyecto más para el oficialismo, sino de una apuesta estratégica central de cara a complicar el eventual proceso de reorganización del peronismo en torno a las candidaturas del año próximo.
En medio de ese debate se cuela también el Presupuesto 2027, que no solo marca las prioridades en materia de recursos y gastos para el año próximo sino que también “premia” a algunas provincias gobernadas por aliados.
En este marco, el acuerdo con los gobernadores es eje de dos disputas simultáneas. Del lado del propio oficialismo emerge una interna respecto a los alcances, modalidades y tiempos del acuerdo: mientras algunos -como el ministro Caputo- plantean la necesidad de cerrar rápidamente un acuerdo que garantice gobernabilidad y resultados en el Congreso, los principales armadores del espacio rehúyen a las definiciones macro, avanzan con conversaciones puntuales y ponen como condición previa a cualquier acuerdo la eliminación o suspensión de las PASO.
Y del lado de los gobernadores, previsiblemente, esta falta de claridad en lo que respecta a cuál será la estrategia electoral que La Libertad Avanza desarrollará en sus territorios y, fundamentalmente, qué concesiones estará el oficialismo dispuesto a hacer a cambio del apoyo político de los aliados, y no solo en materia estrictamente electoral sino también en lo que respecta a las transferencias de fondos, obras y otras cuestiones económicas.
Lo cierto es que mientras los gestos se multiplican, como quedó en evidencia hace unos días con la presencia de 13 mandatarios junto a Milei durante la realización de la denominada Argentina Week en París, las definiciones no llegan y la situación parece empantanada: mientras los gobernadores esperan definiciones estratégicas concretas, los armadores libertarios supeditan todo a los votos en el recinto que aporten los mandatarios para conseguir la reforma política.
Mientras tanto, los gobernadores ya adelantan los calendarios electorales, buscando blindar sus territorios, no solo ante la falta de definiciones electorales por parte del oficialismo sino también ante las incógnitas de cómo enfrentará Milei un proceso electoral que convivirá con el deterioro del clima social producto de la situación económica, y el riesgo potencial que ello implicaría para sus distritos en el caso de acompañar la oferta electoral libertaria, ya sea en listas compartidas o eventuales colectoras habilitadas por la reforma electoral.
En este sentido, con previsiones que indican que probablemente 20 de 24 distritos adelantarán las elecciones locales, Santa Fe fue la provincia que más recientemente anunció que el 18 de abril realizará las PASO provinciales y el 13 de junio las generales donde el gobernador Pullaro buscará reelegir. Confirmado ese calendario, la fecha límite para la presentación de candidaturas será en febrero, es decir, en apenas algo más de 120 días.
Así las cosas, no sorprende el creciente nerviosismo del oficialismo ni los ruidos de las internas que vuelven a aflorar al calor de un clima social que se deteriora, de un semestre que se cierra con una economía las puertas de una recesión técnica y muy alejada de las promesas, y de un programa económico que no da margen para ensayar respuestas alternativas y solo exige más paciencia ante una realidad para cada vez más argentinos insostenible e insoportable.
En este marco, parece difícil que la política, un arte que por cierto el oficialismo libertario nunca pudo dominar, ofrezca la posibilidad de redención que la economía no ha podido ofrecer.