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infobae.com · hace 16 horas · Damián Di Pace

El atraso cambiario no es un mito: es un ancla con cambio de contexto exportador

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El Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral del BCRA de septiembre de 2026 estuvo 24% por debajo de su promedio histórico. Esa fotografía basta para una conclusión nítida: el peso está apreciado en términos reales. No es el extremo de 2001, pero sí habita la misma zona de “atraso” que recorrió la convertibilidad tardía, el arranque de 2016 y el primer tramo de 2017.

Parte de este debate recorrió el Coloquio IDEA hace una semana. Este tipo de cambio abarata importaciones, comprime márgenes de la industria que compite con Brasil y China, encarece en dólares salarios y costos locales. Para las manufacturas de origen industrial más expuestas al Mercosur, el tipo de cambio deja de ser un colchón y pasa a ser un impuesto.

El riesgo no es inmediato: no hay falta de dólares, sino especialización forzada: sobreviven energía, minería, granos y algunos servicios; sufren las cadenas que venden al mercado interno o a Brasil con poco diferencial de productividad.

La paradoja es que ese atraso convive con un boom exportador. Según el Indec, las exportaciones de bienes fueron USD 79.703 millones en 2024 (+19,4%) y USD 87.077 millones en 2025 (+9,3%). Entre enero y agosto de 2026 sumaron USD 67.248 millones, un 21,4% más que en igual lapso de 2025, con cantidades 10% superiores y suba de precios de 10,4%. El superávit comercial acumulado llegó a USD 18.249 millones, contra USD 5.109 millones un año antes.

El salto no es solo rebote de la sequía de 2023 (cuando las ventas cayeron a USD 66.789 millones). PwC, con datos de Indec, muestra que entre el primer semestre de 2023 y el de 2026 el valor exportado subió 47,8% y las cantidades 48%, con precios prácticamente planos.

Paisaje económico con campos agrícolas, plantas Vaca Muerta, depósitos de oro y minerales, barcos cargueros en un puerto y gráfico de exportaciones.

Combustibles y energía duplicaron valor, con un volumen 103% mayor. Minería y litio crecieron más de 200% en valor. Las manufacturas de origen industrial avanzaron 36% en divisas. Los servicios también aportan: en 2025 las exportaciones de servicios marcaron récord de USD 18.039 millones y las de Economía del Conocimiento, USD 9.600 millones. En el primer trimestre de 2026 los servicios ya iban 12% arriba.

Esa oferta de dólares explica por qué el Gobierno no tiene urgencia en “corregir” el tipo de cambio. Entre 2021 y 2023 el país combinó buenos precios mundiales con restricciones, cepo, sequía y un tipo de cambio dual que no acumulaba reservas netas.

Desde 2024 hay otra ecuación: volúmenes récord de energía y minería, recuperación agrícola, servicios en máximos y un superávit comercial persistente (33 meses). Con esa oferta, el Poder Ejecutivo puede usar el dólar como ancla nominal.

La inflación baja si el tipo de cambio no salta; el tipo de cambio no salta si entran dólares genuinos. El objetivo no es maximizar competitividad precio de la industria, sino desarmar la inercia inflacionaria.

El costo es la presión sobre sectores transables no primarios y la tentación de un atraso al estilo 2017, que terminó en corrida cuando se cortó el financiamiento.

El límite aparecerá si los precios internacionales se debilitan, si Vaca Muerta o la minería desaceleran o si la demanda de importaciones se recupera más rápido que la oferta exportable.

El Gobierno privilegia la estabilidad porque, por primera vez en años, cuenta con el flujo que en 2023 no tenía: no un tipo de cambio “caro” sostenido con deuda, sino un tipo de cambio apreciado sostenido con cantidades

Mientras tanto, el Gobierno privilegia la estabilidad porque, por primera vez en años, cuenta con el flujo que en 2023 no tenía: no un tipo de cambio “caro” sostenido con deuda, sino un tipo de cambio apreciado sostenido con cantidades.

La pregunta correcta no es si el tipo de cambio está retrasado. Lo está, frente al promedio histórico y frente al pico de diciembre de 2023. La pregunta es si esa apreciación es el precio de un programa de desinflación financiado por una oferta exportadora que 2021-2023 no entregó.

Los datos del BCRA y del Indec dicen que sí: hoy el atraso no es una emergencia de reservas; es una decisión de política, viable mientras duren los volúmenes.

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