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lanacion.com.ar · hace 19 horas

Cartas de lectores: Dos Argentinas; la creación de riqueza; unir, no dividir

LA NACION

El martes los argentinos vimos dos Argentinas diferentes en el partido de despedida de la selección. Una, la virtuosa, la del equipo cuyo capitán se despedía con todos los honores. Un ejemplo, Lionel Messi. La otra, la de los negociados y la corrupción; la de “hacete amigo del juez”. La de la falta de escrúpulos y de la impunidad representada por la dirigencia de la AFA. Parafraseando al notable Antonio Machado, podemos decir que una de las dos Argentinas ha de helarnos el corazón. Entre esas dos opciones debemos elegir sabiamente qué país queremos ser.

La Comisión Episcopal de Pastoral Social se opone a la ley de tierras. Dijo textualmente: “La defensa de nuestra tierra y el cuidado de nuestra nación que está en directa relación con el bienestar de la población del país”. Este país lo hicieron los extranjeros, los de todos los países que uno pueda imaginar, que vinieron y trajeron prosperidad pelándose las manos y deslomándose. La pampa gaucha, los gauchos judíos, los vascos laboriosos, los europeos con su saber y su oficio, y una larga lista de comunidades extranjeras. No tiene hoy por qué ser distinto. Los despabilo haciéndoles notar que cuando se vende un pedazo de terreno, este no se va. Se queda donde siempre estuvo y además entra el dinero. Que los compradores extranjeros no se llevan el humus, sino que invierten y producen generando empleo. Es de aplaudir que cuando los argentinos que tienen casi 300.000.000.000 de dólares en un canuto y siguen comprando y ahorrando en dólares por precavidos, aparezca un extranjero actuando en sentido contrario, sacando plata de su bolsillo (personal o empresarial), y compre un lugar para hacer una actividad que necesariamente creará riqueza y dará trabajo. Impedirlo como la Comisión Episcopal intenta es contrario al bienestar de nuestra gente.

Hago llegar mis más sinceras felicitaciones por el excelente editorial titulado “Una visita papal para unir, no para dividir”. Adhiero personalmente a todos los conceptos expresados, especialmente a que no se puede reclamar el fin de la grieta y al mismo tiempo utilizar la venida del Santo Padre para hacer declaraciones desafortunadas que solo contribuyen a profundizarla. Coincido en la esperanza de que la visita papal sea una ocasión de encuentro, esperanza y reconciliación. Exhorto a nuestro arzobispo a que reflexione profundamente, su rebaño está muy disperso y desea recibir mensajes que alimenten el alma, y que nos llenen de esperanza y no de declaraciones que se asemejan mucho más a las que haría un militante político.

Es lamentable el desenlace de la historia de la señora que alquilaba un departamento en uno de los mejores barrios de Madrid. Pudo seguir viviendo allí pese al aumento de los nuevos alquileres, beneficiada por leyes de prórroga que a la fuerza permitieron que fuera el Estado español (sus políticos o burócratas) el que decidiera cuánto debía pagar y por cuánto tiempo podía seguir usando una propiedad ajena. Una vez más fue el Estado responsable en buena medida de las desgracias que sufren los que creen -ingenuos o abusivos- que la injusticia puede ser legal si tiene la bendición del gobierno. Si se hubiera mantenido la libertad de negociación entre propietarios e inquilinos la señora habría resuelto mucho antes –más joven y más sana– su propia situación. En cambio eligió apoyarse en un Estado invasivo y autoritario que desequilibraba el contrato a su favor. Cualquiera que se tome el trabajo de buscar departamentos en alquiler en Madrid (por ejemplo, en el sitio https://www.idealista.com/alquiler-viviendas/madrid-madrid/con-precio-hasta_700) podría comprobar que con una suma similar a lo que la señora pretendía pagar en El Retiro hay muchas viviendas disponibles para una sola persona. Obviamente, no existe un derecho humano a vivir para siempre en una propiedad ajena. En la Argentina podemos dar cátedra sobre el tema porque las hemos vivido todas, y siempre ha sido más fácil y de menor costo el precio de alquilar cuando –como ahora– rige la libre contratación. A esto se agrega que la conflictividad judicial es bajísima y que casi en un cien por ciento las demandas son aceptadas por los jueces. Esto demuestra que los propietarios solo inician juicios en pocos casos, mayoritariamente con razón, y que prácticamente todos los desencuentros se solucionan privadamente y al margen de cualquier tutela estatal o judicial.

Siempre habrá tensiones en una relación como la de locador y locatario, pero la mano del Estado y sus políticas solo las agravan.

¿Y si para realmente dar un salto adelante como país intentamos usar esa pasión y esos nobles sentimientos que nos unen como nación, que se generan en casos como la visita del Papa y los mundiales de futbol, en instalar un objetivo urgente e imprescindible? Que todos podamos decir en voz alta: ¡acá no se puede robar! Nadie, ni las máximas autoridades del país ni los motochorros. Nadie. Y que las familias y las instituciones que componen nuestra sociedad nos comprometamos en serio a combatir todo tipo de deshonestidad, sin excepciones ni vivezas. Enseñando con el ejemplo, pero también castigando con rigor, sea quien sea. Puede ser una utopía o no, depende de nosotros.

El 6 de octubre, en vísperas del aniversario del ataque genocida contra el Estado de Israel desde Gaza, el Sr. Tomás Estanislao Dardanelli publicó en una carta de lectores que señala lo siguiente: “En el Congreso Argentino, como hace 2000 años en el Templo, están quienes lucen vistosos símbolos religiosos mientras levantan el dedo para juzgar y agredir”, y califica de farisea la actitud de esos parlamentarios. Tantas alusiones bíblicas, ¿qué quieren decir? ¿Acaso señala Dardanelli a parlamentarios judíos que teme nombrar directamente? Considerando que el fariseísmo es el antecesor del judaísmo de hoy, ¿levanta el Sr. Dardanelli su dedo para señalar de forma insultante a los padres del judaísmo rabínico porque sí? ¿Cree que es cristiano insultar al prójimo porque sí? ¿O solamente lo hace cuando el prójimo en cuestión es judío? ¿Qué le hubiera dicho San Pablo (que se declara fariseo en Hechos 23:6 y en Filip. 3:5)?

Quienes elegimos vivir en Nordelta lo hicimos buscando verde, tranquilidad, seguridad y armonía. Cuando llegamos, hace 26 años, solo había liebres y búhos, que hoy ya no están. Nadie nos avisó que la armonía tenía dueños previos, de pelaje marrón, mirada imperturbable y un apetito que haría sonrojar a un comensal de tenedor libre. Los carpinchos no visitan los jardines: los auditan. Se comen las plantas, el pasto, todo. También las flores y, una vez satisfechos, dejan un recuerdo bastante explícito de su paso, como quien firma el libro de visitas. Además se meten con los perros de los vecinos y, en algún caso, atacaron a chicos, lo cual ya no tiene nada de gracioso. Cruzan las calles a cualquier hora de noche y de día sin mirar ni agradecer que los vecinos les cedemos el paso; van con su prole, primero los grandes y los siguen 4 o 5, diría cachorros. Es medio enternecedor verlos cruzar y también cuando duermen si hace frío, todos juntos en forma de círculos cerrados, pero creo que es una forma que tienen para captar apoyos vecinales. Ante semejante ocupación, cada vecino desarrolló su propia doctrina defensiva. Yo, por ejemplo, subí la altura del alambrado del jardín cuatro veces. Cuatro. A esta altura mi cerco ya parece más una frontera internacional que un límite entre lotes, y aun así ellos encontraron la forma de entrar. Una vez los corrí del jardín del frente abriendo y cerrando el paraguas a toda velocidad, en una coreografía que mis vecinos todavía recuerdan. Funcionó: se asustaron. Volvieron a los 15 minutos, frescos como lechuga (que, dicho sea de paso, también se comieron). Por ahora evité los paraguazos. Hubo quien eligió un camino mucho más extremo y se defendió a los tiros, conducta que no comparto desde ningún punto de vista: una cosa es el humor de la resistencia vecinal y otra muy distinta es la violencia. Mientras tanto, el desarrollador no hace nada para resolver un problema que ya tiene escala de plaga y las autoridades provinciales miran para otro lado. Mejor dicho, miran hacia el lado de los carpinchos, porque los defienden sin concesiones, y eso que ellos no votan, no pagan impuestos ni tasas ni nada. Así, los vecinos quedamos en el medio, y seguimos pagando las expensas. Lo admito: la batalla cultural la ganaron ellos. Están en la televisión, en las revistas, en los memes y en las remeras. Nosotros apenas tenemos un grupo de WhatsApp y un paraguas. Pero no perdemos la esperanza: algún día alguien con autoridad tomará cartas en el asunto. Hasta entonces, saludamos cordialmente a nuestros vecinos de cuatro patas… desde el otro lado del alambrado, versión número cuatro.

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