← Volver
lanacion.com.ar · hace 3 horas

Alfredo Di Costanzo, de la Universidad de Minnesota, y un éxito de EE.UU. ahora bajo presión: productores de 80 años con 500 vacas sin herederos

LA NACION

El próximo 12 de noviembre, Alfredo Di Costanzo, doctor en nutrición animal por la Universidad de Minnesota y profesor en extensión de sistemas de producción de carne vacuna en la Universidad de Nebraska (EE.UU.), disertará en el Congreso Federal Ganadero organizado por Rosgan en la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Hablará de las claves del modelo ganadero de Estados Unidos. El encuentro reunirá a referentes nacionales e internacionales para analizar los desafíos de la cadena ganadera y las transformaciones que atraviesa el mercado mundial de carnes.

En un informe previo a su participación, al que accedió LA NACION, se destaca que la ganadería de Estados Unidos tiene una particularidad clave que explica su liderazgo mundial. “Detrás de su industria altamente desarrollada existe una estructura sostenida, en buena medida, por pequeños establecimientos familiares. El tamaño promedio de los rodeos de cría es de apenas 44 vacas, y desde esa base atomizada el país construyó un sistema capaz de abastecer su mercado interno y ofrecer carne de alta calidad internacional”, dice el reporte

Di Costanzo propone mirar la historia de la ganadería estadounidense para comprender su presente y desafíos. La actividad nació con características artesanales y locales, pero fue incorporando tecnología, sistemas de comercialización y mecanismos de diferenciación. “El productor americano es esencialmente un productor familiar”, señaló el especialista.

Explicó que buena parte de los ganaderos llegaron a la actividad por tradición. Ese rasgo continúa siendo central: el 50% de los productores estadounidenses son pequeños propietarios. “Estamos hablando de una producción muy artesanal que eventualmente se convierte en una fuerza mayoritaria en el mundo”, indica.

Uno de los principales diferenciales de la ganadería estadounidense es su sistema de clasificación de carne, originado alrededor de 1919 con el objetivo comercial de establecer criterios comunes y evitar abusos de compraventa

Según el reporte, el sistema requiere reunir la producción de terneros de numerosos establecimientos pequeños para integrarla a una cadena de recría, engorde e industrialización de grandes dimensiones. Esta articulación transformó una actividad de fuerte arraigo territorial en un negocio competitivo a escala internacional. A diferencia de otros países exportadores, el grueso del negocio estadounidense se desarrolla dentro de sus fronteras: las exportaciones e importaciones representan apenas alrededor del 10% cada una.

De acuerdo con el escrito, uno de los principales diferenciales de la ganadería estadounidense es su sistema de clasificación de carne, originado alrededor de 1919 con el objetivo comercial de establecer criterios comunes y evitar abusos de compraventa. “En ese momento comenzaron a definirse categorías como Prime, Choice y Good (actual Select), que con el tiempo se convirtieron en los pilares del posicionamiento internacional de su carne”, indica el reporte.

“Estamos hablando de una producción muy artesanal que eventualmente se convierte en una fuerza mayoritaria en el mundo”, indica

Di Costanzo recordó que en 1978 surgió el programa Certified Angus Beef, que ganó mayor protagonismo comercial en 1998. Este proceso permitió consolidar una oferta de carne premium respaldada por parámetros reconocibles. “Eso nos permite presentarle a Japón una carne muy especializada como la Prime, respaldando la calidad, el marmoleo y el sabor, atrayendo al consumidor extranjero”, sostuvo.

El marmoleo, es decir, la grasa intramuscular, se convirtió en uno de los atributos más valorados internacionalmente, explicando la competitividad del país en destinos que priorizan calidad y pagan un diferencial, como Japón, Corea, México y Canadá.

Según se precisa, a pesar del reconocimiento de sus cortes premium, el consumo cotidiano de los estadounidenses se basa en la carne picada por su versatilidad, practicidad y precio. “En cambio, los bifes y cortes especiales tienen un consumo más ocasional en un contexto de precios internos elevados. Parte de esos cortes de alto valor encuentra destino en el mercado internacional, permitiendo a la industria combinar un consumo masivo interno con segmentos mundiales de alto poder adquisitivo”, se destaca.

Di Costanzo advierte que el principal desafío de la ganadería no es tecnológico ni de mercados, sino la continuidad de las familias productoras. La transmisión temprana de conocimientos es vital para el recambio generacional. En Estados Unidos, la relación inicia en la infancia mediante la crianza de un ternero que luego se presenta en el Club 4-H. “Si perdemos el acceso a esos niños, es más difícil que regresen al campo”, indica.

El problema, se advierte, es que las nuevas generaciones encuentran oportunidades laborales fuera de los establecimientos, muchas veces desarrollándose como asesores o especialistas alejados del trabajo cotidiano con animales. En otros casos, existe el interés pero falta dinero, o viceversa. La combinación de altos costos, falta de mano de obra y dificultades para acceder a tierras genera situaciones de productores de 80 años con 500 vacas sin herederos dispuestos a seguir. “¿Quién producirá los terneros para engorde en el futuro, ya que es un trabajo familiar?”, planteó.

Según el informe, con inventarios bovinos ajustados, la relación producción-consumo tiende hacia una menor disponibilidad de animales. “Esto sostiene precios atractivos, pero la recuperación de los rodeos requiere tiempo, capital y personas dispuestas a continuar la actividad”, expresa el informe.

Es clave el desafío del recambio generacional

“Frente a esta limitación para expandir la oferta, comienzan a verse transformaciones en la organización productiva. Por el momento no se observa una concentración por capitales externos, pero sí movimientos de integración familiar: productores de feedlots están invirtiendo hacia atrás en recría y producción de terneros”, observa el informe.

También aparecen mecanismos alternativos para facilitar el ingreso de jóvenes sin capital, a través de inversiones basadas en el “sudor”.

“Bajo este esquema, un joven aporta su mano de obra a cambio de recibir gradualmente animales o acceso a tierras, construyendo progresivamente su propio patrimonio. Aunque es un proceso lento por el alto valor de la hacienda, representa una alternativa viable”, dice el informe.

En este contexto, se advierte que la experiencia estadounidense muestra así dos caras de un mismo modelo: una industria que logró una oferta de carne reconocida mundialmente, y una estructura que enfrenta el desafío de garantizar su recambio generacional. “Detrás de los estándares de calidad y la tecnología, la ganadería sigue dependiendo de una figura esencial: la familia que cría los terneros”, precisa el trabajo.

campo

© Copyright 2026 SA LA NACION | Todos los derechos reservados. Dirección Nacional del Derecho de Autor DNDA - EXPEDIENTE DNDA (renovación) RL-2023-95334553-APN-DNDA#MJ.Queda prohibida la reproducción total o parcial del presente diario.

App store