Los Rottemberg, el grupo empresario que ya no es puro teatro
Son las 19,30 de un sábado cualquiera y ya hay una larga fila que rodea al Teatro Liceo en pleno barrio del Congreso. Siempre cuentan con espectadores convocados por artistas de lo más diversos. Entre bambalinas, el productor Carlos Rottemberg, 69 años, con esa estirpe del mundo del espectáculo. Rottemberg parece haberse sentido desde muy joven dotado para esa actividad desde que a los 17 años, en otros tiempos, fue hasta una sucursal del Banco Nación a pedir un crédito presentándose como empresario teatral.
Cuentan que es de aquellos que se despiertan cada día como si fuera un principiante y algo de eso, de la raíz y el legado de una familia que arrancó siendo muy humilde en el barrio de Mataderos tiene su hijo Tomás.
La novedad es una nueva iniciativa familiar que bautizaron Renoma en la que Tomás se puso al frente. Se trata de un hotel de 83 habitaciones, al que se le agrega FAC (Fábrica de Arte Contemporáneo).
Está ubicado en la esquina de Perú y San Juan, en San Telmo. El terreno lo habían adquirido años atrás, como a las salas de las cuales son propietarios. Siempre, con recursos provenientes del teatro. Tomás le dice a Clarín que “el atractivo distintivo será la actividad artística y cultural. FAC se centrará en fotografía, videoarte, arte digital e instalaciones, y excluirá deliberadamente el teatro. El espacio se diseñó para albergar propuestas contemporáneas y requirió una inversión importante en tecnología. El hotel también estará intervenido artísticamente. Sus habitaciones serán amplias y contarán con cocina y sala de estar, para facilitar estadías prolongadas y residencias artísticas”, describe.
Este proyecto permite unir a los Rottemberg. Enrique, tío abuelo de Tomás, empresario, fotógrafo y artista que dirige un hotel Renoma en TelAviv. Se suma el diseñador y artista francés Morris Renoma, de donde surgió la marca. También, la artista Mica Rottenberg, prima de Tomás y reconocida internacionalmente: participará en intervenciones del hotel y de FAC.
Como miembro de la segunda generación, Tomás estudió Administración de Empresas en la UADE y comenzó a trabajar en el teatro familiar a los 15 años, primero en boleterías durante las temporadas de Mar del Plata. Con el tiempo, pasó de atender salas a producir contenidos: alrededor del 80 % de lo que se presenta en las salas de la empresa es producción propia. En Argentina participa desde la elección del texto y el elenco a conversaciones con la dirección durante los ensayos.
Desarrolla proyectos teatrales en Nueva York y Londres y su papel es más cercano al de inversor que al de productor. Se ha ejercitado en estructuras de financiación que pueden requerir decenas de millones de dólares por obra y fondos de múltiples inversores. En Argentina, una producción puede costar aproximadamente entre 50.000 y 80.000 dólares.
“Como promedio, un éxito puede compensar ocho fracasos; los resultados desfavorables suelen hacerse más visibles, mientras que los éxitos se retiran antes para proteger la imagen de los intérpretes”, confiesa.
La relación de la familia Rottemberg con la cultura comenzó con los abuelos, inmigrantes polacos de aquella Argentina que pintó Florencio Sánchez con M' Hijo el doctor. La cultura. para ese abuelo que poseía una pequeña curtiembre, era identidad y educación. Carlos, padre de Tomás, empezó presentando películas para niños y luego se dedicó al teatro. Suele decir que los teatros sobreviven a las empresas y que su función es crear y mantener salas.
El Grupo Rottemberg posee 16 salas, desde el inmueble al contenido, en Argentina y explota directamente 14, entre Buenos Aires y Mar del Plata. Algunas salas históricas se transformaron en complejos con varias salas, ampliando las oportunidades de exhibición.
El Teatro Liceo es su espacio más emblemático y requiere un mantenimiento complejo por su antigüedad. Suelen utilizar salas externas como el Gran Rex cuando necesitan mayor capacidad como con La Sirenita o Charly y la Fábrica de Chocolate. La puesta de obras unipersonales se hacen en el Teatro Picadero.
En el Renoma de San Telmo no levantarán el telón: el nombre de esta flamante función se llama diversificación.
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