Trump, Milei y Bolsonaro
Todo indica que Flavio Bolsonaro gobernará Brasil a partir del próximo enero. Incluso a pesar de las maniobras siniestras del Partido de los Trabajadores, Alexandre de Moraes y el crimen organizado, como la reciente orden de detención sobre Eduardo Bolsonaro.
Javier Milei jugó fuerte a favor del candidato liberal, avalando su candidatura y marcando a fuego el carácter corrupto de Lula y de Alexandre de Moraes, el juez supremo que es el poder detrás de la actual administración de nuestro gigantesco vecino.
A las habituales críticas sobre las jugadas internacionales de Milei se ha sumado una interpretación sobre la conveniencia para el propio Milei, y su relación con Trump, del encumbramiento en el Planalto de Flavio Bolsonaro. Sobre esta última y absurda interpretación trata este artículo.
Previo a entrar en materia, una disgresión: Milei no solo es coherente ideológicamente, además cada jugada ha sido coronada por el éxito. Empezando por ir a apoyar a Trump (pese al pedido de la administración Biden) hasta el más reciente guiño a quien luego triunfó en Colombia. También fue impiadoso con Gustavo Petro y con Pedro Sánchez, que ya parece más cercano a un juicio penal que a repetir en La Moncloa.
Pensar que la Casa Blanca va a preferir a Bolsonaro respecto de Milei implica un análisis muy primario (casi tosco) sobre una realidad internacional tan compleja como cambiante. Las relaciones entre países responden más a los intereses que a los afectos entre sus líderes circunstanciales, aunque estos también tienen importancia.
Los poderes permanentes de Estados Unidos saben que ningún presidente de Brasil puede romper con China. La economía de ambos países está muy entrelazada y los brasileños se han visto muy beneficiados por esa relación, que también cultivó Jair Bolsonaro con excelentes resultados.
Lula, a diferencia de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, nunca se ha planteado una relación de subordinación ciega con Pekín y Moscú. Se ha alineado con esas potencias políticamente, pero ni siquiera firmó la adhesión a la Ruta de la Seda.
Su inminente sucesor estará más cercano a Trump, pero no tanto como muchos imaginan. Su hermano Eduardo (posible embajador en Washington —algunos lo imaginan en Itamaraty—) se las deberá arreglar para explicar los límites de esa relación.
En definitiva, la Argentina, el Mercosur y Milei se verán muy beneficiados por un cambio de signo político en Brasil. Nunca se ha dado una situación donde haya coherencia política y económica entre Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y Chile. El camino a recorrer juntos es muy auspicioso.
Desde la ignorancia o la mala fe se seguirá insistiendo en lo que estoy impugnando, pero en los próximos 14 meses se verá la solidez del Escudo de las Américas.