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perfil.com · hace 17 horas · Hugo Haime

El descontento vota cambio

Hugo Haime

Sobre por qué Lula quedó segundo en la primera vuelta hay muchas interpretaciones. Unos hablan de que centró la campaña en su figura y no en su coalición electoral; otros, de una economía que no derramó; otros enfatizan que, al igual que en nuestro país, hay un sector de la población que está endeudado.

También se criticó a las encuestas, diciendo que una vez más se equivocaron. A veces mirar los números no implica entenderlos. Prácticamente todas acertaron el voto de Lula; a algunas se les escapó el de Bolsonaro, aunque todas mostraban su crecimiento. Y casi todas marcaban un empate técnico en segunda vuelta: Lula podía perder. Hace tiempo que las encuestas sirven más para mostrar tendencias que para definir situaciones tan ajustadas.

Quizás, en lugar de mirar solo encuestas, hay que estar atentos a lo que dicen los protagonistas. El presidente del PT, Edinho Silva, dijo en la semana previa: “Está difícil [la elección], la crisis de la Corte terminó generando a ojos de la sociedad un sentimiento antisistema, que no es original del pueblo brasileño sino un sentimiento que crece en el mundo por falta de crecimiento global y un escenario recesivo internacional. Brasil no vive algo diferente a eso. Entonces hay un estado de descontento”.

Si uno de los que hoy quedaron a cargo de la campaña de Lula reconocía la demanda de cambio de la sociedad, ¿por qué extrañarse del resultado? Hay que escuchar más que mirar números.

El otro tema que el resultado de Brasil puso en discusión es la idea de que en América Latina los gobiernos se alternan automáticamente entre derecha e izquierda. Eso tampoco se cumple. Según el último informe de Latinbarómetro, la encuesta regional que mide desde 1995 la opinión sobre la democracia, desde 2024 hubo en América Latina doce elecciones presidenciales. En siete hubo alternancia: Uruguay, Panamá, Bolivia, Chile, Honduras, Perú y Colombia. En las otras cinco hubo continuidad: en El Salvador, Ecuador y República Dominicana con la reelección del mismo presidente, y en México y Costa Rica con otra figura pero el mismo proyecto. Brasil, que define el 25 de octubre, podría sumarse a la lista de alternancias.

La explicación que da el informe es que los votantes no eligen una ideología, sino buscan un gobierno que les resuelva los problemas. Y, al contrario de lo que se supone, en varios países donde ganó la derecha, como Colombia, Perú y Chile, también creció el apoyo a la democracia. La gente no se volvió de derecha: votó para que se solucionen las cosas o, al menos, para que no empeoren.

El caso argentino lo muestra con claridad. El informe ubica al gobierno de Milei entre los de extrema derecha, pero su sociedad es la más democrática de la región. El 73% prefiere la democracia a cualquier otra forma de gobierno, contra un promedio regional de 52%. Es el valor más alto del continente. Y solo un tercio cree que “un poco de mano dura no viene mal”; en la región son casi dos de cada tres.

El voto que llevó a Milei al poder, entonces, no fue un voto autoritario. Fue lo que los autores llaman un voto pragmático, “fuera de la caja”, contra una dirigencia que no había cumplido. Los argentinos no eligieron una ideología; eligieron a alguien que prometía resultados.

¿Qué nos dicen estos números de cara a 2027? Que el capital del gobierno no está en la afinidad ideológica sino en la expectativa de resultados, y que esa expectativa convive con un malestar que no cede: Argentina ocupa el anteúltimo lugar de la región en satisfacción con la vida. Una sociedad profundamente democrática le dio una oportunidad a una propuesta disruptiva, y va a juzgar en las urnas lo único que le importa: si su vida mejoró o si puede mejorar.

En América Latina, recuerda el informe, la alternancia es el instrumento democrático que los pueblos mejor aprendieron a usar.

Alexandre de Moraes y Jair Bolsonaro 30082025