Ignorancia artificial (IA)
En la cama, de madrugada, bajo la carpa de la sábana, iluminado sólo por la luz de la pantalla, tratando de encontrar algo a buen precio, el vendedor callejero cae en un antiguo video donde Felipe Sola, oligarca rural abrochado a altos cargos en los gobiernos de Menem, Duhalde, Kirchner, revela cuál es el secreto para vivir de la política. “Hacerse el boludo”, dice el picarón peronista. Reemplazando a uno por otro, el olvidado Solá por el vigente Scioli, el busca imagina la oferta.
Señores pasajeros de este bondi a ninguna parte, los que quieren volver a ocupar carguitos públicos, disfrutar de los beneficios de la ajena, buenos salarios, chofer si hay, viáticos, viajes, hacer favores, negocios, pretenden hacernos ingresar de apuro al baño electoral cuando todavía faltan catorce meses para votar. Ocultan con promesas de cambio, subsidios, reparto, si es que queda algo, la verdadera intención de que todo se vaya a la mierda cuanto antes.
¿Qué hacer entonces, señores pasajeros, para que no se repita siempre la misma historia, si no se tienen a mano los recursos necesarios? Un canuto de papel higiénico, acciones, bonos, pesos, dólares, boleto de avión, ticket de supermercado. Algo con qué limpiar las consecuencias, proteger las esperanzas centradas, apretadas, entre las nalgas asentadas? Tranquilos. Vengo hoy a ofrecerles una solución accesible, un vibrador de ánimo que entusiasma a la dama, resuelve la impotencia del caballero, satisface al auto percibido cualquiera,
Una IA argenta. Un algo de ritmo propio. El que nos hace bailar al compás de la música que toca. Nos juna, nos conoce, nos maltrata por giles, habla nuestro idioma. Milagro industria nacional, ensamblado en China. No requiere instalación, conexiones, ni cables Observen el ademán, miren el puño cerrado, el dedo mayor alzado en modo fackiu por efecto del chip de memoria random que llevo colocado. Como pueden ver, es invisible al ojo ajeno, pero durante las campañas electorales enciende una luz interior en el cerebro apagado.
Se recarga con apenas tres de las puteadas diarias presenciales, o virtuales, contra los que atienden reclamos en el call center de las tarjetas de crédito, bancos, turnos demorados en obras sociales, rebajas en las prepagas. La función se activa sola. También cuando se escuchan programas de streaming, panelistas de chimentos, o leyendo noticias, análisis políticos, columnas de opinión, Una entrada anónima, de urgencia, en foros, redes sociales, sin obligación de exponer argumentos, descarga una diarrea de ironías, sarcasmos, insultos, que rinde hasta dos horas de alivio.
Como buena idea, es simple, sana, no tiene efectos secundarios. Hasta un niño puede recordar. Veamos. Sergio Massa. Sabemos de quién estamos hablando. Pero si entramos en detalle sobre su viaje reciente a una isla del Caribe con su esposa, la senadora provincial Malena Galmarini, la IA duda. Porqué periodistas, dirigentes políticos, fiscales, olvidaron tan pronto preguntar, averiguar, investigar. Cambio de aviones, salida por Uruguay, regreso por Paraguay, quién la puso, cuándo, dónde. Casi todos se hicieron los boludos.
Otro caso evidente. Entrevistas a Máximo Kirchner sin querer saber sobre su declaración jurada. En el bolsonaro, el hijo tenía, a fines del año pasado, más 11 mil millones de pesos, contando el valor de 27 propiedades, más un par de millones de dólares. Tomá pa vo. En cuanto se promptea, se le da instrucciones, la Ignorancia Artificial reacciona. Detecta de inmediato cientos de responsables del pasado que ahora simulan, mienten, se compadecen del tendal de miseria que dejaron. La IA ilumina nombres. Tapia, Toviggino, Faroni funcionarios del gobierno, políticos opositores, jueces, sindicalistas, empresarios coimeros, hasta obispos que callaron.
Sigo entregando. Por el mismo valor, con la caja vacía se llevan el prospecto donde dice, en caracteres chinos, que el uso frecuente convierte la Ignorancia Artificial en Inteligente. Guarden el papelito como garantía.