La oportunidad argentina en la era de la inteligencia artificial
Cada tecnología de propósito general reordenó el valor del trabajo. La electricidad transformó la fábrica, la computadora transformó la oficina, y las dos redefinieron qué habilidades valía la pena formar, contratar y pagar. La inteligencia artificial está produciendo ese reordenamiento ahora, a una velocidad que las revoluciones anteriores desconocieron.
La conversación económica argentina gira desde hace décadas alrededor del capital, la infraestructura y las reformas pendientes. Todo eso importa. Pero hay un activo que el país tiene disponible hoy, sin esperar inversiones ni consensos: su talento profesional. Argentina forma profesionales valorados en el mundo entero, y las empresas globales lo saben hace años. La pregunta de esta década es qué hacemos con ese talento ahora que cambió lo que el talento puede producir.
Porque eso es lo que cambia con la IA. Producir un análisis, un plan o una recomendación se volvió rápido y barato. El valor se desplaza entonces hacia las capacidades que le dan dirección a esa abundancia: imaginar posibilidades que la herramienta no propone por sí sola, organizar la colaboración entre personas e inteligencia artificial y tener criterio para cuestionar una respuesta que parece convincente. Un profesional que domina esa relación con la tecnología multiplica lo que puede pensar, crear y ejecutar. A escala de una persona, eso es una carrera transformada. A escala de un país, abre una oportunidad de productividad que exige poner el desarrollo de las habilidades de su gente en el centro de la agenda económica.
Ese salto tiene un cuello de botella silencioso: todavía contamos con pocas formas de reconocer la capacidad de potenciarse con la IA. Los exámenes tradicionales suelen evaluar cuánto sabemos sobre un tema. El currículum cuenta dónde estuvimos y qué responsabilidades asumimos. Ninguno alcanza para mostrar qué somos capaces de producir cuando trabajamos con esta tecnología. Sin esa evidencia, al mercado laboral le cuesta reconocer y recompensar capacidades que ya pueden marcar una diferencia. Los profesionales argentinos que están viendo aumentadas sus capacidades gracias a la IA necesitan poder demostrar ese valor más allá de lo que cuenta su trayectoria.
Convertir ese potencial en una ventaja para el país exige formar la capacidad de trabajar con IA con la misma seriedad con la que formamos el conocimiento disciplinar. También exige comenzar a medirla. Saber si alguien usa una herramienta dice poco sobre cuánto mejora su trabajo gracias a ella. Necesitamos evaluar la calidad de lo que produce, los problemas que consigue resolver y el criterio con el que aprovecha la tecnología.
La propia IA abre la puerta a una transformación de la medición de habilidades. Permite crear entornos simulados y dinámicos donde una persona toma decisiones, interactúa con contrapartes y enfrenta las consecuencias de sus acciones. El escenario cambia con su intervención y exige que revise sus ideas y ajuste su manera de actuar. Así podemos observar cómo pone en juego sus conocimientos y cómo se apoya en la tecnología para resolver una situación profesional.
Este mes, universidades argentinas comenzaron a certificar a sus estudiantes como profesionales aumentados por IA, con evaluaciones basadas en capacidad demostrada. Es una respuesta de las instituciones ante el momento único que atraviesa el trabajo profesional. Cuando el conocimiento se vuelve abundante, las instituciones educativas amplían su alcance y pueden desarrollar y acreditar la capacidad de convertirlo en resultados. Que esto comience a implementarse en Argentina es una señal de que el país puede tomar la iniciativa y preparar a su talento para ocupar un lugar de mayor valor en esta nueva economía.
Argentina tiene una oportunidad enorme: multiplicar lo que su talento puede aportar al mundo y convertir esa capacidad en desarrollo dentro del país. Aprovecharla exige que más personas puedan aumentar su trabajo con IA y que ese valor sea reconocido por quienes contratan, invierten y crean oportunidades. Formar, medir y certificar esas habilidades debe ocupar un lugar en nuestra agenda de desarrollo. En los próximos años, una parte de la oportunidad argentina se jugará en nuestra capacidad de convertir el talento de su gente en mayor productividad para sus empresas y mejores oportunidades para su población.