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lanacion.com.ar · hace 10 horas · Mariana Reinke

Mariela Kasko, la mujer rebelde que pasó de la dirigencia rural a funcionaria: “Por más que tenga un cargo político, no perdí mis lealtades”

LA NACION

MARGARITA BELÉN, Chaco.– Antes de convertirse en dirigente rural y llegar a la función pública en esta provincia, Mariela Kasko creció escuchando historias de trabajo y esfuerzo. Su familia llegó desde Ucrania en 1936, escapando de la guerra, y se instaló en Villa Berthet, en el sudoeste de la provincia, cuando todavía había que abrirse camino sobre tierras fiscales. Su abuela desmontaba quebrachos y algarrobos con sus propias manos para hacer una chacra; su padre comenzó con 30 hectáreas, consiguió su primer crédito para comprar dos tractores y construyó, a fuerza de trabajo, una vida ligada al campo.

Hoy, a los 55 años, subsecretaria de Ganadería del Chaco, Kasko mira hacia atrás y encuentra en esa historia familiar buena parte de las razones que la llevaron a involucrarse. Primero fue productora, después dirigente de la Sociedad Rural de Villa Berthet, más tarde llegó a Chafor y a la comisión directiva de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y finalmente desembarcó en la política. En cada etapa, dice, buscó lo mismo: encontrar respuestas para los problemas que enfrentaban los productores.

Pero su entrada al gremialismo no nació de una ambición política sino de las dificultades que tenía como productora. El abigeato y la inseguridad rural que atravesaba el sector la llevaron a buscar un lugar desde donde reclamar y, sobre todo, proponer soluciones. “En 2011, me acerqué a la Sociedad Rural local. Nadie me invitó pero como buena jeringa de hospital fui, me metí, me senté cruzadita de brazos y dije ‘quiero estar acá’”, dice a LA NACION.

Kasko es la segunda generación argentina de una familia cuyos abuelos paternos llegaron desde Ucrania huyendo de la guerra civil. Después de arribar al país en 1936, se instalaron dos años más tarde en Villa Berthet, donde comenzaron a producir en una época en la que las tierras eran fiscales y había que avanzar primero con la posesión y luego con la documentación.

Hoy, a los 55 años, Kasko mira hacia atrás y encuentra en esa historia familiar buena parte de las razones que la llevaron a involucrarse

La producción familiar era diversificada, como ocurría con muchos de los inmigrantes que se asentaron en esa zona del Chaco. Sembraban algodón y tenían chivos, cerdos, pavos, gallinas, guineas, miel, plantas frutales y huerta. El algodón, además, comenzaba a convertirse en un boom productivo.

Kasko conserva especialmente la imagen de su abuela, una mujer que trabajaba la tierra con sus propias manos

Kasko conserva especialmente la imagen de su abuela, una mujer que trabajaba la tierra con sus propias manos: “Mi abuela era una mujer muy trabajadora que destroncaba el quebracho y el algarrobo con sus propias manos para hacer chacra”. Esa generación llegó al país después de atravesar enormes dificultades. “Los gringos que llegaron de allá vinieron muy garroteados por la guerra, muertos de hambre, con muchas necesidades”, cuenta. Ese espíritu de esfuerzo terminó marcando a la familia y también a Kasko.

Su padre recibió 30 hectáreas de su abuelo para comenzar a producir. Quería crecer y necesitaba mecanizar el trabajo, porque hasta entonces utilizaban herramientas tiradas por mulas y para comprar un tractor necesitaba financiamiento y un garante.

El camino dentro de la Sociedad Rural local la llevó a la presidencia en 2020 y fue la primera mujer de la provincia del Chaco en presidir una sociedad rural

Primero recurrió a su propio padre, pero no consiguió el respaldo que esperaba. Entonces fue al banco y habló con el gerente: “Llorando, le dijo que su padre se negó a salirle de garante”.

Fue entonces que el propio gerente decidió ser su fiador y así consiguió su primer crédito. Compró dos tractores Hanomag, más las herramientas necesarias para trabajar la tierra. La historia familiar guarda otra escena que Kasko repite como símbolo de aquel esfuerzo: “La primera vez que mi papá fue al banco fue en bicicleta, pero con la primer cosecha, fue a devolver la plata en tractor”.

Junto a su padre de quien se siente orgullosa

Aunque tenía plazo para pagar el crédito, decidió hacerlo antes para volver a pedir dinero y comprar una máquina más grande. Su madre también trabajaba a la par: araba, buscaba semillas y trasladaba trabajadores. Una anécdota con las mulas quedó grabada en Kasko: “Un día mi mamá tenía que ir a la cooperativa a buscar semilla. Le cargan la semilla en el carro y las mulas se echaron y no se querían levantar ni por decreto”. Llegó tarde y volvió furiosa: “Esas mulas de m.. no las quiero más”. Después llegaron las camionetas y una etapa de mayor actividad durante el auge del algodón.

Con el tiempo, la familia pasó del algodón a la soja, tras algunos traspiés, hasta llegar a la ganadería. Después de la muerte de su padre, Kasko continuó con lo que él le había transmitido y durante dos años siguió con la agricultura junto a su madre. En 2010 decidió inclinarse totalmente por la ganadería y encontró allí una actividad que terminó convirtiéndose en una pasión: “Me encontré con un mundo que es una maravilla, apasionante, es mi sentir. Siento el olor a bosta y revivo. Me encanta, es mi esencia”.

Tiempo atrás, Mariela Kasko con su madre

Pero esa pasión convivió con las dificultades que durante años atravesaron los productores ganaderos. La inseguridad rural y el abigeato fueron algunos de los problemas que la llevaron a involucrarse en la representación del sector. En 2011 se acercó a la Sociedad Rural de Villa Berthet y comenzó a participar de las reuniones.

Su carácter también fue parte de ese recorrido. “No tengo pelos en la lengua”, dice sobre sí misma. Su manera de plantear los reclamos no consistía solamente en señalar los problemas, sino en acompañarlos con propuestas: “Siempre fue contar lo que le pasaba al sector, pero no desde la queja, sino en proponer soluciones”.

Mariela Kasko con su hijo que la acompaña siempre

El camino dentro de la Sociedad Rural la llevó a la presidencia en 2020. Fue la primera mujer de la provincia del Chaco en presidir una sociedad rural. En un ámbito donde las reuniones estaban habitualmente dominadas por hombres, Kasko tuvo que construir su propio espacio. “Estaba en reuniones donde eran todos varones y yo era la única mujer que se plantaba, incluso ante autoridades provinciales que nos maltrataron mucho”, cuenta.

En 2010 decidió inclinarse totalmente por la ganadería y encontró allí una actividad que terminó convirtiéndose en una pasión

Durante esos años también atravesó situaciones de extrema tensión. Sufrió dos balaceras, una cuando iba con su hijo en la camioneta y otra en su casa. Nunca supo quiénes fueron los responsables. Al mismo tiempo, profundizó sus reclamos por el abigeato, en un contexto que describe como especialmente difícil para los productores.

Desde la Sociedad Rural local llegó después a la Confederación de Sociedades Rurales Chaco y Formosa (Chafor), vinculada a CRA. Terminó presidiendo esa organización y luego llegó a la comisión directiva de CRA, donde se convirtió en la segunda mujer en 80 años de historia de la entidad en ocupar un cargo en ese ámbito.

Desde la Sociedad Rural local llegó después a la Confederación de Sociedades Rurales Chaco y Formosa (Chafor), vinculada a CRA

Ese recorrido gremial finalmente la llevó a la política. Kasko dejó su lugar en CRA tras recibir un llamado de Leandro Zdero, entonces candidato a gobernador, quien le propuso acompañarlo en la gestión: “Tuve que renunciar [a la entidad ruralista] porque un domingo a las 4 de la tarde Zdero me llamó por el celular de un amigo y cabañero, Hernán Halavacs, y me preguntó si lo acompañaba en la gestión. No dudé y le contesté: ‘En lo que haga falta’”.

Al mirar hacia atrás, vuelve a la niña que admiraba a su padre y se pregunta qué pensaría al verla hoy en un cargo político: “Cuando pienso en esa chiquita que se enorgullecía de su padre, me pregunto qué diría si hoy me viera. Primero sacaría un cinturón y, por primera vez en su vida, me pegaría, porque siempre trató de cuidarme para que no tuviera problemas. Pero la hija le salió rebelde. En el fondo estaría orgulloso, estoy segura de eso”.

Desde esa certeza reivindica también aquello que considera más importante de su recorrido con una definición que resume el camino que la llevó del campo al gremialismo y de allí a la política: “Por más que tenga un cargo político, no perdí mis lealtades y mi lealtad por sobre todas las cosas está con el sector”.

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