Especialistas alertan sobre la necesidad de educación financiera en la era de las fintech
Referentes del sector advirtieron que el crecimiento del crédito digital y de las billeteras virtuales debe ir acompañado por más información para los usuarios y mejores criterios de evaluación por parte de las empresas. El planteo surgió en el XX Congreso de Economía y Gestión, donde también se debatió el impacto cultural de la inteligencia artificial en las compañías.
En el XX Congreso de Economía y Gestión también se debatió el impacto cultural de la IA en las empresas.
El avance de las fintech amplió el acceso al crédito, los pagos digitales y las inversiones en la Argentina, pero también expuso un desafío cada vez más urgente: mejorar la educación financiera de los usuarios para evitar decisiones de endeudamiento mal comprendidas y fortalecer la calidad del sistema. Ese fue uno de los ejes centrales del panel “La inversión bajo la mirada ética”, realizado durante la segunda jornada del XX Congreso de Economía y Gestión, organizado por la Facultad de Ciencias Económicas.
La discusión aparece en un momento de fuerte expansión del ecosistema fintech. Mariano Giraffa, director de Medios de Pago de la Cámara Argentina de Fintech, señaló que el sector ya reúne a más de 400 empresas en el país y permitió ampliar de manera significativa el acceso a los servicios financieros. Según indicó, más de 40 millones de personas cuentan con CBU o CVU, ocho de cada diez realizan pagos por medios digitales y más de 10 millones tienen actualmente un crédito fintech.
El diagnóstico compartido por los especialistas fue que la tecnología seguirá reduciendo barreras de entrada al mercado de capitales y al crédito, pero que esa masificación no alcanza por sí sola. Para que el crecimiento sea sostenible, advirtieron, se necesita mayor conocimiento de los usuarios, mejores evaluaciones crediticias y una comunicación más clara por parte de las empresas.
El panel fue moderado por César Albornoz, vicedecano de la Facultad, y contó además con la participación de Martín Riera, Head of Sales de Addalítica, y Ana Laplace, de Balanz Academy.
Los expositores coincidieron en que las fintech abrieron posibilidades que el sistema bancario tradicional no ofrecía, pero también reconocieron que la educación financiera se volvió un desafío central en un contexto de mayor uso de billeteras virtuales y aumento de la morosidad.
Riera, especialista en transformación digital, inteligencia artificial y gestión de riesgos financieros, sostuvo que la morosidad no puede explicarse únicamente por la expansión de las billeteras o de las fintech. También debe analizarse desde la capacidad económica de las personas y desde el conocimiento que tienen sobre cómo funciona el crédito.
“Al comprar un cepillo eléctrico en 20 cuotas hay personas que no piensan en que lo están pagando cinco veces más caro, sino que en que pueden comprarlo”, ejemplificó.
Uno de los puntos de mayor consenso fue que el acceso al financiamiento debe estar acompañado por información clara. Para Giraffa, la educación financiera no puede recaer sólo sobre quien toma un préstamo, sino que debe involucrar a todos los actores del sistema.
“La educación financiera debe involucrar a todos los actores que intervienen. No hay que recaer sobre la persona que pide el préstamo”, planteó.
En ese sentido, sostuvo que la Argentina necesita aumentar el volumen de crédito, pero con mejores criterios de otorgamiento. “Se necesita un crecimiento en la cantidad de préstamos pero mejores, es decir, a personas que puedan pagarlo y no ofrecer por ofrecer”, afirmó.
La advertencia apunta a un equilibrio sensible para el sector: seguir ampliando el acceso al financiamiento sin empujar a los usuarios a niveles de endeudamiento que después no puedan sostener.
El panel también abordó el crecimiento de las personas que invierten en fondos comunes de inversión y otros instrumentos del mercado de capitales.
Ana Laplace remarcó la importancia de diferenciar ahorro e inversión. Según planteó, ahorrar en dólares no necesariamente equivale a invertir, por lo que recomendó comenzar por definir objetivos, horizonte temporal y perfil de riesgo.
Entre las alternativas disponibles mencionó bonos, acciones, Cedears, ETFs y fondos comunes de inversión. Sobre estos últimos, destacó que pueden funcionar como una puerta de entrada sencilla para los usuarios por su liquidez y facilidad de acceso.
La segunda parte del encuentro estuvo dedicada al impacto de la inteligencia artificial en las empresas. El panel reunió a Martin Sciarrillo, Executive Technology Strategist de Microsoft; Juan Pablo Mongini, Specialist Sales Leader AI & Cloud de AWS; Natalia Scaliter, Managing Director de Google Cloud; y Bárbara Michalla, AI Platform Sr Manager de Mercado Libre.
La discusión dejó un consenso claro: la IA no debe ser entendida sólo como una herramienta, sino como una estrategia de transformación de procesos, cultura organizacional y generación de valor para el negocio.
Sciarrillo sostuvo que “el verdadero valor de la IA está en redefinir los procesos” y remarcó que la transformación digital es, ante todo, un desafío cultural. Implica revisar la forma en que se trabaja, cómo se toman decisiones y qué tareas pueden rediseñarse.
Otro de los ejes fue la gobernanza. Los especialistas advirtieron que el avance de los sistemas agénticos cambia el tipo de responsabilidad que deben asumir las empresas. A diferencia de las primeras herramientas de IA, donde la decisión final quedaba más claramente en manos de una persona, los agentes pueden actuar con mayor autonomía.
Por eso, las compañías deberán definir qué datos pueden utilizar esos sistemas, qué acciones pueden ejecutar y bajo qué reglas internas.
La calidad de los datos apareció como condición previa para cualquier estrategia de IA. “La IA es tan inteligente como los datos de los que se nutre”, afirmó Scaliter, quien recomendó ordenar primero la información disponible y luego avanzar hacia casos de uso concretos y gobernables.
Los panelistas también sugirieron evitar abordajes de “todo o nada”. En lugar de implementar IA de manera generalizada, recomendaron identificar primero los principales problemas de productividad y velocidad dentro de cada organización.
El impacto de la IA sobre el empleo también atravesó la conversación. Los expositores coincidieron en que la tecnología no elimina la necesidad de profesionales, sino que modifica las capacidades más valoradas.
Pensamiento crítico, creatividad, criterio, comprensión del negocio, capacidad para rediseñar procesos y habilidad para trabajar con tecnología serán competencias cada vez más relevantes.
“La IA tomará la acción y nosotros el criterio”, planteó Mongini. En la misma línea, Scaliter sostuvo que el diferencial profesional estará en saber qué preguntar, evaluar las respuestas generadas por la IA y determinar si aquello que produce realmente aporta valor.
La oportunidad, remarcaron, no estará reservada sólo a las grandes empresas. Scaliter destacó el potencial para las pymes, “que mueven el 90% de la economía”, y para profesionales independientes que puedan ayudarlas a optimizar procesos y mejorar productividad sin necesidad de incorporar grandes estructuras.
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