Pánico financiero en Francia: sus bonos se hunden por la suba del déficit y un posible triunfo de Marine Le Pen
La deuda francesa experimenta un fuerte sell-off durante las últimas semanas, golpeada tanto por factores internacionales como por cuestiones estructurales de su economía. Tensión política de cara a las presidenciales de 2027 y protestas sociales.
El gobierno de Emmanuel Macron se encuentra acorralado desde varios frentes que se retroalimentan entre sí. A nivel social, las masivas protestas estudiantiles ante el recorte del gasto en educación. A nivel político, la creciente competitividad electoral de la candidata de ultraderecha, Marine Le Pen. A nivel económico, la venta masiva de los bonos soberanos del Estado francés, lo que hizo que sus rendimientos se dispararan, encareciendo el costo de endeudamiento y complicando — aún más — la solvencia fiscal del país europeo.
De manera similar a lo que ocurre con los bonos del Tesoro de EEUU, el rendimiento de los bonos franceses a 10 años subió 70 puntos básicos en septiembre y alcanzó su nivel más alto desde 2002. A su vez, el diferencial entre los rendimientos de los bonos a 10 años de Francia y Alemania — un indicador de la prima de riesgo francesa — alcanzó casi 160 puntos básicos la semana pasada, su nivel más alto desde 2012, en medio de la crisis del euro.
Según un análisis del Deutsche Bank, la suba semanal en el spread entre ambos bonos fue la más importante desde la reunificación alemana, en 1990. Como dato de color, el banco alemán mencionó que los bonos franceses a 10 años registraron su peor década en cuanto a rendimientos nominales desde 1803, "cuando el Reinado del Terror — de la Revolución Francesa — aún formaba parte de los cálculos móviles de 10 años".
Si bien el diferencial retrocedió ligeramente a principios de esta semana, volvió a ampliarse este miércoles. "Más que responder a cambios en las expectativas sobre la Reserva Federal (Fed) o a las fluctuaciones del petróleo y de los indicadores de crecimiento global —aunque ambos factores contribuyeron a amplificar la volatilidad—, el mercado parece estar atravesando una reevaluación estructural de largo plazo", explicó el economista de Pepperstone, Felipe Barragán.
Esa reconfiguración de las expectativas responde a "una demanda persistentemente mayor por financiamiento mediante bonos" por parte de gobiernos y empresas —en particular compañías tecnológicas—, junto con "una menor oferta de financiamiento proveniente de compradores de largo plazo que históricamente habían constituido una fuente estable de demanda".
Barragán explicó que esa situación, que afecta al mercado de deuda de las principales economías del mundo, golpea con particular fuerza a Francia, ya que deja de manifiesto sus debilidades internas. "(Sí) las condiciones de liquidez a nivel global comienzan a deteriorarse, las debilidades fiscales estructurales quedan expuestas y son castigadas por los mercados".
Y agregó que eso "resulta especialmente relevante cuando dichas vulnerabilidades coinciden con una temporada electoral altamente disputada, como ocurre actualmente en Francia".
El gobierno francés reconoció que la situación es preocupante, pero descartó la necesidad de ayuda del Banco Central Europeo.
Para el Deutsche Bank, si bien gran parte de la reciente caída de los mercados "se debe a la liquidación de operaciones de carry trade", Francia tiene problemas estructurales que acrecientan el problema: "No ha registrado un superávit fiscal desde 1974, y la última vez que el déficit estuvo por debajo del 2% del PBI fue en 2001". Como consecuencia de más de 50 años de déficits persistentes, la relación deuda-PBI en Francia alcanzó el 116%.
De hecho, Francia anunció el mes pasado que el déficit superará el objetivo del 5% fijado por el gobierno. A eso se le agrega que la administración de Macron anunció medidas de austeridad para calmar los ánimos del mercado y planea vender un récord de u$s381.000 millones en bonos en 2027 para financiar al gobierno y refinanciar la deuda acumulada durante la pandemia.
A pesar de esto, el director del Banco de Francia, Emmanuel Moulin, afirmó que el país no necesita, por el momento, ayuda del Banco Central Europeo (BCE). Afirmó que el país galo "no debería buscar soluciones en Fráncfort", sede del BCE, ya que las soluciones "están en casa", mientras que el mandato de la autoridad monetaria europea es combatir la inflación, "no resolver los problemas presupuestarios de Francia".
Moulin agregó que el panorama podría mejorar si el gobierno lograra aprobar un presupuesto que redujera el déficit: "La situación es grave, pero podemos actuar aprobando un presupuesto y comprometiéndonos a garantizar que este no supere un déficit del 5%".
Esto ocurre en medio del rebrote inflacionario que experimenta el bloque europeo, producto de la volatilidad de los precios de la energía por la guerra en Medio Oriente. El banco alemán remarcó que "este es ahora el tercer mayor repunte de inflación desde la creación de la Zona del Euro en 1999" y mencionó que una suba inesperada en los precios puede ser un "arma de doble filo" para lidiar con la deuda.
"Un repunte inesperado de la inflación puede ayudar a reducir la deuda, como lo vimos justo después de la pandemia, pero se convierte en un desafío cuando el aumento de las tasas de rendimiento contrarresta este efecto", detallaron. El BCE ya subió dos veces la tasa de su política monetaria este año y espera un tercer incremento antes de que finalice el año.
Marine Le Pen se afianza como candidata para las elecciones presidenciales del próximo año.
Otro foco de tensión entre los inversores son las elecciones presidenciales fechadas para abril de 2027. A diferencia de ocasiones anteriores en las que compitió, Marine Le Pen actualmente supera el 30% de intención de voto y por primera vez aparece en las encuestas por encima de eventuales rivales en un escenario de segunda vuelta.
El problema para el mercado es que su plan fiscal es demasiado optimista para los estándares del mercado. Le Pen promete un ahorro anual de 136.000 millones de euros y tiene como objetivo reducir el gasto público a menos del 50% del PIB para 2032.
"Aunque el plan reconoce la necesidad de una consolidación fiscal, muchos de los ahorros previstos parecen difíciles de lograr", explicó la economista del banco ING Charlotte de Montpellier en su análisis. Sin embargo, afirmó que "la principal debilidad del programa radica en el marco macroeconómico en el que se inscribe".
Explicó que casi la mitad de los ajustes se llevarían a cabo en 2027, con una mejora neta del saldo fiscal de alrededor de 66.000 millones de euros en un solo año. "Un ajuste fiscal de esta magnitud afectaría inevitablemente a la demanda y a la actividad económica y, a su vez, a los ingresos fiscales", explicó.
Sin embargo, el programa prevé un crecimiento del PBI del 0,9% tanto en 2026 como en 2027, seguido de una aceleración al 1,8 % en 2028, a pesar de que la mayor parte del ajuste fiscal se llevaría a cabo al inicio del mandato presidencial.
"Esta trayectoria parece difícil de alcanzar. Supone que el impacto fiscal no tendría prácticamente ningún efecto sobre la actividad en 2027 y que cualquier consecuencia se desvanecería muy rápidamente a partir de entonces", agregó.
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