Sebald, en la carretera de Norwich
Un 14 de diciembre, hace 25 años, en las proximidades de Norwich donde ejercía como docente, W.G. Sebald estrelló con su auto contra un camión. Murió al instante pero su acompañante, su hija Anne, sobrevivió. En realidad, Sebald había sufrido un ataque cardíaco momentos antes y perdió el control del auto.
Sebald ya tenía cierto predicamento como escritor, pero justo en aquella época se editaba “Austerlitz”, su obra más relevante. Y la difusión posterior lo elevó a una fama que él nunca pudo conocer.
Aunque se encontraron múltiples escritos, cartas y textos académicos, básicamente su tarea de novelista se concentra en esa última década de su vida donde publica Vértigo, Los anillos de Saturno y Los emigrantes, hasta desembocar en Austerlitz.
Los estudiosos reconocen los aspectos autobiográficos de su obra pero, más que eso, su credo (¿político?, ¿filosófico?) sobre esos mismos libros.
Sebald había nacido en 1944 en Wertach am Allgau, una pequeña localidad de los Alpes bávaros, cerca de las fronteras con Suiza y Austria. Era hijo de un soldado de la Wehrmacht (el ejército alemán), que combatió –y sobrevivió- en la Segunda Guerra Mundial. A los ocho años se trasladaron a otra ciudad pequeña, Sonthofen.
“Crecí en una familia posfascista alemana. Sonthofen, la pequeña ciudad en la que fui al colegio, podría considerarse un paradigma del fascismo, con su alcaldía y sus dos cuarteles militares. Es sabido que los sentimientos malignos se heredan. De niño, yo fui educado por alguien que acababa de salir de esta catástrofe, lo que de alguna manera deja huellas. No puedo decir: esto no tiene nada que ver conmigo"
A sus veinte años abandonó Alemania, primero hacia Suiza y luego, en un vuelo Zurich-Manchester, al Reino Unido donde vivió el resto de sus días.
En un viaje hacia su propio pasado, el protagonista de “Austerlitz”, Jacques Austerliz, descubre que es huérfano del Holocausto.
Sebald creció en la generación de chicos y jóvenes de la posguerra, con una población cargada del sentimiento de culpa, la melancolía y, acaso, el desconocimiento.
“Para mí, escribir este libro ha sido el intento de crear un museo alternativo del Holocausto. Aunque también es cierto que tan pronto algo terrible se ponga en un contexto estético, se convierte en conmensurable. Es el dilema moral de toda escritura", sostuvo.
Según Carole Augier, autora de una biografía del escritor, durante la infancia de éste “nadie nunca hablaba de los judíos, ni en la casa ni en la escuela. Ni de los judíos de Europa, ni de los de Alemania, ni siquiera de los de Sonthofen donde, a pesar de su ubicación remota en el rincón sur de Bavaria, había habido varios antes de la guerra. Sebald creció sin siquiera conocer una sola persona judía. Al igual que su hermana Gerturd. ‘Nunca supe siquiera qué era un judío’, dijo ella. Sólo como adulto Sebald supo que su maestro de la escuela primera había sido echado de su puesto por ser un cuarto judío, y de ahí salió la historia incluida en Los emigrantes”.
Sebald tuvo mayor noción sobre el Holocausto recién a sus 17 años, cuando en la escuela difundieron un documental de los campos de concentración, “Los molinos de la muerte”, dirigido por Billy Wilder.
Algunos estudios académicos intentan encontrar un vínculo entre la obra de Sebald y la de Borges. El alemán era un estudioso del autor de “El Aleph” aunque en sus –escasas- entrevistas expresaba: “No hablo de escritores contemporáneos”. Pero en algún pasaje de “Los anillos de Saturno” hay un evidente tributo a Borges. Y más adelante destacó: “Borges comprendió muy temprano el error que supuso expulsar a la metafísica de la filosofía. Porque, de hecho, hay cosas que no nos podemos explicar fácilmente, y porque, más allá de lo social, forma parte de nuestra condición humana, antes más que ahora, mantener cierta relación con los que nos antecedieron. Recordar a los muertos nos distingue de los animales. Hasta hace poco, la presencia de los antepasados era real en muchas regiones. A esta gente se la conocía. A mí, la metafísica me ha interesado desde muy temprano. Puede que tenga que ver el que haya crecido en un pueblo muy atrasado, donde estas actitudes de alguna manera aún estaban presentes”.
Ese libro se había inspirado en una peregrinación que el escritor realizó por el condado de Suffolk.
Sebald también afirmó: “Lo que Borges dijo sobre las coincidencias corresponde con bastante exactitud a lo que también yo pienso. No son casualidades, sino que en alguna parte hay una relación que, de cuando en cuando centellea. Pero no tiene sentido especular. El elemento más crucial de una novela es que debe haber algo que no es posible aprehender del todo. Y esto es lo que se puede decir de la literatura: lo único realmente bello que tiene es que todo está permitido".
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín