← Volver
infobae.com · hace 9 horas · Andrés Mijes

El gobierno que debemos construir

Infobae

¿Qué debemos exigirle a un gobierno para que nuestra vida mejore? Es una pregunta que merece una conversación amplia, en las familias, las universidades, las empresas y las comunidades de Nuevo León. De la calidad de nuestras instituciones dependen asuntos tan cercanos como llegar a tiempo al trabajo, contar con agua o vivir con tranquilidad.

El recorrido amplio que realicé recientemente por el estado, sus colonias y comunidades confirmó una convicción: la complejidad de Nuevo León exige preparación y capacidad real para gobernar. Escuchar a personas de distintos ámbitos me permitió comprender mejor lo que esa exigencia significa en la vida cotidiana.

Una madre necesita transporte, pero también horarios compatibles con el cuidado de sus hijos. Un joven encuentra empleo, pero lejos de una vivienda que pueda pagar. Una empresa quiere crecer y necesita infraestructura, personal capacitado y certeza.

Atender esas necesidades exige entenderlas, planear y coordinar. La buena voluntad es un punto de partida; cumplir requiere capacidad administrativa.

Nuevo León es un estado particularmente complejo. Su economía industrial está conectada con el mundo. Su zona metropolitana rebasa los límites municipales. Sus comunidades rurales enfrentan distancias y condiciones distintas. Su geografía y su actividad logística requieren decisiones que consideren cómo se relacionan el agua, la movilidad, la seguridad y el desarrollo.

Una inversión genera empleos y aumenta la demanda de servicios. Una vialidad modifica traslados y afecta a las colonias por las que pasa. Una obra compromete recursos para construirla y mantenerla durante años. Gobernar implica anticipar esas consecuencias.

Por eso, como sociedad, debemos dar mayor valor a la preparación real. El carisma y el sentido común pueden ayudar, pero resultan insuficientes ante esta complejidad. Hace falta capacidad técnica para evaluar alternativas, sensibilidad social para comprender a quiénes afectan y oficio político para lograr acuerdos.

Max Weber, en La política como vocación, vinculó el ejercicio político con la pasión, la responsabilidad y el sentido de proporción. Su reflexión recuerda que el deseo de servir debe acompañarse de juicio y responsabilidad por las consecuencias de cada decisión.

Esa responsabilidad se demuestra en el trabajo diario: administrar bien el presupuesto, integrar equipos competentes, contratar con transparencia, supervisar obras y corregir lo que no funciona. También en la humildad para escuchar a especialistas y ciudadanos. La preparación se acredita en la práctica.

Quien gobierna necesita saber formular preguntas, reconocer riesgos y dar seguimiento. Debe poder explicar por qué se tomó una decisión, cuánto costará y qué resultados se esperan. De esas capacidades depende que los compromisos se cumplan y los recursos públicos se traduzcan en bienestar.

El crecimiento con justicia que plantea nuestra Presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, requiere esa capacidad desde cada administración: convertir los objetivos públicos en servicios y oportunidades que lleguen a las familias.

Construir mejores gobiernos también nos corresponde como sociedad. Podemos empezar por hacer preguntas más precisas: ¿qué problema atiende una obra?, ¿cuánto costará terminarla y mantenerla?, ¿quién será responsable?, ¿cómo sabremos si un programa funciona?

Preguntar, participar y dar seguimiento ayuda a cuidar lo que es de todos. Las universidades pueden aportar conocimiento y formar servidores públicos; las empresas, compartir experiencia; las organizaciones y las comunidades, señalar necesidades y vigilar compromisos. Necesitamos abrir espacios donde esas aportaciones se encuentren y tengan continuidad.

Los ciudadanos también podemos reconocer el trabajo bien hecho y exigir explicaciones cuando algo falla. Así fortalecemos una cultura pública que valore la honestidad, la preparación y el cumplimiento. Conversemos sobre las capacidades que Nuevo León necesita, aportemos conocimiento y hagamos de la honestidad y la competencia una exigencia común y permanente. El esfuerzo diario de nuestra gente merece un gobierno a su altura y construido más allá de la inmediatez electoral.

La derrota de Lula: qué significa para las Américas