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infobae.com · hace 10 horas · Maximiliano Ferraro

Milei dice querer entrar al mundo, pero ignora hacia dónde va

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Javier Milei dice querer insertar a la Argentina en el mundo. El problema es que parece desconocer algunas de las reglas del mundo al que pretende ingresar.

La semana pasada el presidente estuvo en París para participar de la Argentina Week y promover inversiones. Parte de su agenda tuvo lugar en la sede de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), organización a la que nuestro país está en proceso de adhesión. Y dentro de poco más de un mes comenzará en Turquía la COP31 de cambio climático.

La agenda parisina dejó una postal bastante particular: vamos a la OCDE a explicar por qué Argentina quiere volver al mundo mientras incumplimos compromisos que forman parte de las reglas de ese mismo mundo.

Argentina todavía no presentó su NDC 3.0, el compromiso climático que le corresponde actualizar como parte del Acuerdo de París. Nadie nos impone desde afuera cuál debe ser esa meta. Cada país determina su propia contribución de acuerdo con sus circunstancias y capacidades. Lo que el Acuerdo exige es presentarla, actualizarla periódicamente y hacerlo respetando un principio de progresión. Argentina venía cumpliendo con esa obligación. Esta vez se ha convertido en el único miembro del Mercosur que aún no lo ha hecho.

Ese incumplimiento tiene consecuencias que van bastante más allá de la política climática. Los estándares ambientales forman parte de las condiciones de acceso a mercados, de las decisiones de inversión y, cada vez más, de la competitividad. La discusión ambiental hace tiempo dejó de transcurrir por separado de la política comercial y exterior.

El acuerdo Mercosur-Unión Europea lo muestra con claridad. Incorpora compromisos sobre cambio climático y desarrollo sostenible y disposiciones que buscan evitar que la competencia comercial se apoye en el debilitamiento de los estándares ambientales. Y acá hay algo difícil de explicar: mientras celebramos un acuerdo con Europa que busca evitar que los países compitan bajando estándares ambientales, presentamos en nuestro país esa baja de estándares como una ventaja para atraer inversiones. Lo vimos este mismo año con la reforma de la Ley de Glaciares.

La misma contradicción aparece con la OCDE. Queremos entrar, pero algunas de las tareas que la OCDE nos pide siguen esperando. Cambio climático, biodiversidad, gestión de residuos y economía circular forman parte de la hoja de ruta de adhesión. Allí también se evalúan la consistencia de las políticas climáticas y la ausencia de retrocesos en su ambición.

Argentina tampoco cuenta con una ley nacional de envases que incorpore de manera integral la responsabilidad extendida del productor, un instrumento que la OCDE promueve desde hace décadas para trasladar al productor responsabilidades sobre la etapa posconsumo de sus productos.

Todo esto sucede mientras buscamos inversiones en energía, minería, agroindustria e infraestructura. Y ahí es donde la falta de una estrategia empieza a tener costos. Argentina tiene recursos extraordinarios para aprovechar la transformación de la economía mundial: minerales críticos, energías renovables, gas, capacidad agroindustrial, conocimiento científico y tecnológico y una enorme biodiversidad. Una política climática seria no impide aprovechar esos recursos. Puede contribuir a mejorar sus condiciones de acceso a mercados y financiamiento, atraer inversiones y desarrollar nuevas cadenas de valor.

Mientras nosotros demoramos decisiones, nuestros socios comerciales establecen estándares, las empresas modifican sus cadenas de suministro y otros países de la región presentan sus compromisos y buscan captar las inversiones asociadas a esa transformación.

Debemos terminar con la paradoja de tener muchos de los recursos que el mundo demanda y deteriorar, al mismo tiempo, las condiciones necesarias para aprovecharlos.

Milei llegó a París diciendo que Argentina está abierta al mundo. Poco después, ese mismo mundo se reunirá en Turquía para discutir la próxima etapa de la acción climática y nuestro país llegará sin haber presentado siquiera su hoja de ruta para 2035.

Insertarse en el mundo también significa comprender hacia dónde va. La política ambiental forma parte hoy de las reglas del comercio, de la inversión y de la competitividad. Ignorarlo no nos hace más libres ni más vivos: simplemente nos deja peor preparados para defender los intereses de la Argentina.

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