Relato mata dato
Supuestamente a Hipólito Yrigoyen durante su segundo mandato se le repartía un diario falso con noticias de una Argentina alternativa en donde todo marchaba alegremente. Javier Milei va un paso más allá y es él mismo el que inventa el país imaginario.
Hoy en día la apelación a los datos es parte transversal de la discusión pública. Tanto el oficialismo como la oposición bailan al ritmo del Índice de precios del consumidor, el riesgo país y la tasa de desempleo. De todas maneras, en general la derecha y los proyectos políticos defensores del libre mercado han logrado apropiarse de esta retórica y de la discursividad propia de la economía.
Por eso es cuanto menos curioso que un presidente que ha hecho de la disciplina económica una parte importante de su personalidad pública haya hecho afirmaciones como las que hizo hace unos días al ser entrevistado por el editor de Bloomberg y luego por Luis Majul.
En ambas entrevistas, al ser enfrentado a los datos que indican que la economía argentina está en una recesión, respondió que esos datos son incorrectos y que en realidad la economía está en un momento muy prometedor.
Tanto el oficialismo como la oposición bailan al ritmo del Índice deprecios del consumidor, el riesgo país y la tasa de desempleo"
El filósofo de la ciencia Ian Hacking, en sus estudios sobre el surgimiento histórico de la estadística, habló acerca del “fetichismo de los números” que domina a las democracias liberales a partir del siglo XIX. Sería la idea de que las sociedades funcionan de acuerdo con las leyes de la estadística y que por lo tanto deben ser gobernadas según ellas.
Este nuevo sentido común constituyó a los datos como un tipo de entidad externa al discurso, inmune a las distorsiones ideológicas de la opinión. La invocación de los datos significaría el punto final de toda discusión sobre políticas públicas, reemplazando el juicio con el cálculo.
Este sentido común es lo que está condensado en la frase popular “dato mata relato”.
El relato estaría asociado al engaño; en esto se parece a su pariente lírico, el verso. Pero en realidad los relatos son una parte fundamental del discurso en la esfera pública, en la medida en que son los que imprimen un significado a los datos.
El narrativista Louis Mink dijo que los hechos o, por caso, los datos no existen como la materia prima a partir de los cuales se construye una narrativa, sino que, al contrario, los datos son significativos porque son abstracciones o recortes de los relatos que los conectan con otros datos, permitiendo interpretarlos o seguirlos en el tiempo.
Para Louis Mink, los datos no existen como la materia prima a partir de los cuales se construye una narrativa, sino son significativos porque son abstracciones" Mandatarios anteriores cuyas gestiones incluyeron ajustes fiscales (Menem, De La Rúa, Macri) explicaron las consiguientes recesiones económicas mediante relatos que incluyeran actores y factores externos o fuera de su esfera de responsabilidad.
En ese sentido, el gobierno actual no había hecho hasta ahora nada novedoso. Ante datos poco auspiciosos ha respondido con relatos más o menos verosímiles de proyección hacia el futuro para darles un significado optimista.
Esto quedó plasmado, por ejemplo, en el alfabeto curioso que se solía recitar desde el oficialismo para describir la forma que se dibujaría en el gráfico de la economía nacional: en un principio se suponía que sería un V de “Viva la libertad, carajo”, cuya caída vendríaseguida de un repunte rápido. Luego, cuando se vio que el repunte no llegaba, el gráfico pasó a ser una U de “Un poquito de paciencia, por favor”. El problema es que ahora no se ve en los gráficos más que una L de “Loser”.
Lo sorprendente es que ahora Milei se distancia de este modo de proceder al negar los datos mismos. Ya no se gasta en largas explicaciones ni en fórmulas económicas para decir que los indicadores a primera vista recesivos significan, en realidad, que la economía está ante las puertas de la felicidad.
No, ahora la estrategia es decir que los datos son incorrectos, que los indicadores están “arrojando cualquier cosa”, y que en realidad todo está en orden.
Lo único que no se puede cuestionar es que el modelo económico es exitoso, y todo lo que vaya en contra de eso debe ser erróneo. En este caso, es el relato el que mató al dato.
Si bien, como dijimos, los “datos por sí mismos” no significan nada, la apelación retórica a los números tiene la función social de anclar la discusión pública a una realidad en común. Encontrar el numerito correcto no pone el punto final a ninguna discusión, sino que más bien es lo que permite iniciar una conversación.
Un presidente que rechaza de lleno los datos de la economía de su país es un presidente que se niega a entablar un diálogo con su ciudadanía.
Las declaraciones de Milei solo pueden hacernos pensar que está tomando decisiones pensadas para una realidad diferente a todos nosotros, en donde los datos no indican recesión sino crecimiento. En otras palabras, está gobernando para otro país, para un país desconocido.