Euforia en Brasil: la Bolsa saltó casi 8%, el dólar cayó 4% y los bancos volaron hasta 22%
La reacción fue inmediata y de una magnitud que el mercado brasileño no veía desde hacía años. Un día después de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el Ibovespa se disparó 7,7%, hasta un récord de 206.911 puntos, en su mayor suba diaria desde marzo de 2020. El real, en tanto, se apreció 4,12% frente al dólar.
Este martes, a las 15.30 (hora local), el Ibovespa opera prácticamente estable, en torno de los 207.000 puntos, después de haber tocado durante la rueda un nuevo máximo intradiario.
¿Qué vio el mercado para provocar semejante movimiento? El resultado electoral fue muy diferente del escenario que los inversores habían incorporado a los precios antes de la votación. Flávio Bolsonaro obtuvo 47,03% de los votos válidos, frente a 45,16% de Luiz Inácio Lula da Silva, y ambos disputarán el balotaje el próximo 25 de octubre. A eso se sumó el avance de la derecha en el Congreso.
El mercado no esperó un presupuesto, un equipo económico ni un paquete de reformas. Empezó a pagar por anticipado la posibilidad de un cambio en la política económica y, especialmente, de un mayor ordenamiento de las cuentas públicas.
El Partido Liberal (PL), de Bolsonaro, pasó de 15 a 28 senadores y se encaminaba a convertirse también en la mayor bancada de Diputados, con 121 escaños, según las proyecciones posteriores a la elección. Para los inversores, esa nueva correlación de fuerzas aumentó las posibilidades de que un eventual gobierno de Bolsonaro pueda avanzar con reformas económicas y un programa de ajuste fiscal.
La magnitud de la apuesta quedó reflejada en las acciones. Los bancos estuvieron entre los grandes ganadores del lunes: BTG Pactual saltó 22,52%; Bradesco, 13,57%; Banco do Brasil, 11%; e Itaú Unibanco, 10,37%. Petrobras también acompañó el rally: sus acciones preferenciales avanzaron algo más de 8%, incluso en una jornada en la que el petróleo Brent cayó cerca de 2%.
JPMorgan elevó su recomendación para las acciones brasileñas de “neutral” a “overweight” —sobreponderar— después de la primera vuelta. El banco estima que el MSCI Brazil podría avanzar alrededor de 12% en el corto plazo y ampliar luego la valorización hasta 20%
El movimiento fue todavía más amplio. Magazine Luiza se disparó alrededor de 24%; B3, la compañía que administra la Bolsa brasileña, más de 22%. En Nueva York, XP saltó alrededor de 33% y Nubank avanzó cerca de 13%. Vale y otras grandes exportadoras, en cambio, quedaron bastante más rezagadas. La diferencia no fue casual: el dinero se concentró especialmente en compañías expuestas a la economía brasileña y al costo del crédito.
Andrés Abadia, economista jefe para América Latina de Pantheon Macroeconomics, puso el foco precisamente en el resultado de Bolsonaro y en la nueva composición del Congreso. Según explicó a Reuters, esa combinación debería respaldar al Ibovespa y al real y ejercer presión a la baja sobre las tasas de interés de largo plazo.
Marco Saravalle, estratega jefe de Krivo Capital, introdujo una primera cautela. “Un Congreso de derecha no significa automáticamente un Congreso fiscalista”, advirtió. Existe, señaló, una distancia entre las expectativas que despertó el resultado y la capacidad de llevarlas a la práctica. De eso dependerá cuánto del movimiento podrá sostenerse.
La expectativa de una política fiscal más restrictiva redujo la prima de riesgo: cayeron las tasas, se fortaleció el real y aumentó el precio de las acciones.
Thierry Larose, portfolio manager de Vontobel, describió de otra manera la apuesta de los inversores. Todavía queda por comprobar si Bolsonaro mostraría una mayor responsabilidad fiscal que Lula, señaló, pero consideró que por ahora “es probable que los mercados le den el beneficio de la duda”.
Ese beneficio de la duda ayuda a explicar buena parte de lo ocurrido. El mercado no esperó un presupuesto, un equipo económico ni un paquete de reformas. Empezó a pagar por anticipado la posibilidad de un cambio en la política económica y, especialmente, de un mayor ordenamiento de las cuentas públicas.
Brasil combina una deuda pública elevada con tasas de interés muy altas. Cuanto mayores son las dudas sobre la capacidad del Estado para ordenar sus cuentas, mayor es el rendimiento que los inversores exigen para prestarle dinero. Esa desconfianza también encarece el financiamiento de las empresas, presiona sobre el dólar y reduce cuánto están dispuestos a pagar los inversores por una acción.
En XP consideran que todavía puede quedar recorrido. Los analistas señalaron que la exposición de los inversores extranjeros a Brasil continúa en niveles relativamente bajos. A eso se suma otro posible motor: una rotación de recursos desde la renta fija hacia las acciones. Brasil mantuvo durante los últimos años tasas de interés muy elevadas, que hicieron especialmente atractivos los instrumentos de renta fija.
El lunes ocurrió el movimiento inverso. La expectativa de una política fiscal más restrictiva redujo la prima de riesgo: cayeron las tasas, se fortaleció el real y aumentó el precio de las acciones. Los contratos de tasas de largo plazo llegaron a bajar más de 130 puntos básicos: la tasa para enero de 2035 pasó de 14,13% a alrededor de 12,8%.
Eso explica también por qué bancos, constructoras, empresas financieras y compañías vinculadas al consumo estuvieron entre las mayores ganadoras. Son negocios especialmente sensibles al costo del dinero. Una baja de tasas abarata el crédito y el financiamiento, puede impulsar el consumo y aumenta el valor presente de las ganancias futuras de esas compañías.
Vale sirve como contracara. Una minera exportadora depende mucho más del precio internacional del mineral de hierro y de la demanda china que del costo del crédito dentro de Brasil. Por eso quedó prácticamente afuera de una fiesta concentrada, sobre todo, en los activos más expuestos a la economía doméstica.
Esa es ahora la gran pregunta. Y, pese a la magnitud del salto inicial, varias de las principales casas de inversión internacionales consideran que todavía puede quedar recorrido.
JPMorgan elevó su recomendación para las acciones brasileñas de “neutral” a “overweight” —sobreponderar— después de la primera vuelta. El banco estima que el MSCI Brazil podría avanzar alrededor de 12% en el corto plazo y ampliar luego la valorización hasta 20%. Sus estrategas consideran que Brasil ofrece actualmente un potencial superior al del resto de los grandes mercados latinoamericanos.
Goldman Sachs puso el foco en el real. En un escenario en el que el resultado electoral derive en una política fiscal más restrictiva, proyecta que el dólar podría bajar a una franja de entre 4,50 y 4,80 reales. Frente a una cotización cercana a 5 reales, alcanzar el extremo inferior de ese rango implicaría una apreciación adicional del real de alrededor de 10%.
BTG Pactual hizo otro ejercicio. Excluyendo Petrobras y Vale, las acciones brasileñas cotizan alrededor de diez veces las ganancias esperadas para los próximos doce meses. Si regresaran simplemente al promedio de los últimos diez años, el banco calcula un potencial de valorización de alrededor de 11%. Una vuelta a promedios históricos más largos elevaría el recorrido hacia 20% y, en escenarios mucho más optimistas, la suba podría ubicarse entre 32% y 45%.
UBS también calcula que un escenario de ajuste fiscal podría producir una revaluación superior al 30%. Morgan Stanley, por su parte, contempla en su escenario más favorable un Ibovespa cercano a los 250.000 puntos. Frente a los aproximadamente 207.000 puntos en los que operaba este martes, supondría todavía un recorrido del orden del 21%.
En XP consideran que todavía puede quedar recorrido. En un informe firmado por Raphael Figueredo, Bruna Sene y Rachel de Sá, los analistas señalaron que la exposición de los inversores extranjeros a Brasil continúa en niveles relativamente bajos, un factor que podría alimentar nuevas entradas de capital si mejora la percepción sobre el país.
A eso se suma otro posible motor: una rotación de recursos desde la renta fija hacia las acciones. Brasil mantuvo durante los últimos años tasas de interés muy elevadas, que hicieron especialmente atractivos los instrumentos de renta fija. Si las expectativas de mayor disciplina fiscal permiten una baja de las tasas, parte de ese dinero podría desplazarse hacia la Bolsa y dar un nuevo impulso a las acciones.
LA NACION consultó a Citi sobre el nuevo escenario brasileño. El banco remitió un informe de su equipo de Research elaborado después de la primera vuelta, en el que recomendó aumentar la exposición a activos de Brasil.
La estrategia de Citi incluye posiciones compradoras en acciones brasileñas y en bonos soberanos en moneda local con vencimiento en 2031. El banco fundamentó la decisión en la posibilidad de un programa de mayor austeridad fiscal, privatizaciones y desregulación en caso de un triunfo de Bolsonaro, además de una composición del Senado que podría facilitar el avance de esa agenda.
El punto fiscal es central también para los economistas de la entidad. Leonardo Porto, economista jefe de Citi para Brasil, había estimado antes de las elecciones que el país necesita un ajuste fiscal permanente de entre 3% y 3,5% del PBI para estabilizar la relación entre la deuda pública y el producto. Es decir: el mercado puede anticipar un cambio, pero la magnitud del desafío excede ampliamente la primera reacción de los precios.
Y allí aparece la principal advertencia. Todos los escenarios alcistas tienen una condición: el mercado ya empezó a pagar por un ajuste fiscal que todavía no ocurrió.
Las propuestas económicas deberán ganar precisión y quien asuma el próximo gobierno tendrá que demostrar que puede transformar las expectativas en medidas concretas. Antes, además, queda el balotaje del 25 de octubre, por lo que encuestas, alianzas políticas, debates y definiciones sobre los futuros equipos económicos pueden provocar nuevas oscilaciones.
“Si se hace la tarea del lado fiscal, existe potencial para que los activos locales suban todavía más”, señaló Marília Fontes, socia fundadora de Nord Investimentos. Alexandre Pletes, de Faz Capital, consideró que el movimiento no resulta exagerado desde el punto de vista de las valuaciones, aunque anticipó lo que empezó a verse este martes: “Podemos ver en los próximos días una toma de ganancias”.
El mercado brasileño entró así en una segunda etapa. La primera fue vertiginosa: el Ibovespa registró su mayor suba desde marzo de 2020, el real se apreció más de 4% y las tasas de largo plazo se desplomaron. A partir de ahora ya no alcanzará con la sorpresa electoral. Para que se concrete una parte relevante de las proyecciones de JPMorgan, Goldman Sachs, BTG, UBS, Morgan Stanley o Citi, los inversores empezarán a pedir algo más difícil: definiciones sobre cómo Brasil piensa ordenar sus cuentas.
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