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perfil.com · hace 21 horas · Eduardo Reina

España vuelve a empezar

Protestas por la vivienda - Madrid, España

Pedro Sánchez ha anunciado elecciones para el 29 de noviembre. Y con el anuncio ha comenzado la campaña. La vivienda como urgencia, los logros económicos como respaldo y la amenaza de la ultraderecha como convocatoria emocional. El presidente ha elegido el terreno electoral. Los españoles decidirán si aceptan también su explicación de cómo se ha llegado hasta aquí.

Sánchez reconoció errores, sin profundizar en ellos. Hizo un balance positivo de su gestión y reprochó a la oposición lo que no pudo hacer. Muchos nos preguntamos si convoca porque necesita una mayoría amplia para gobernar o porque considera que esta es su mejor oportunidad electoral. ¿Piensa en España o en su interés político?

El mejor momento para un candidato no siempre coincide con el de su gobierno. Esperar puede resultar más costoso entre causas por presunta corrupción, problemas de vivienda, desafíos económicos y la situación de Ceuta.

Sánchez reivindica crecimiento, empleo, avances sociales y transformación energética. Tiene derecho a defender su gestión. Pero España también tiene trabajadores que sostienen su economía. Admitir errores le hace bien; reconocerlos de manera general no explica cuáles fueron, qué consecuencias tuvieron ni por qué ahora se corregirán.

Esperar puede resultar más costoso entre causas por presunta corrupción, problemas de vivienda, desafíos económicos y la situación de Ceuta"

La autocrítica necesita contenido. De lo contrario, se diluye entre logros propios y responsabilidades ajenas.

La vivienda será el centro de la discusión. Sánchez pretende ampliar su mayoría tras la derrota de sus decretos y apoyarse políticamente en el caso de ¨Maricarmen¨. Pero el problema no nació el viernes en la caída de los decretos de vivienda en las Cortes. Quienes no pueden pagar un alquiler llevan mucho tiempo esperando. Los jóvenes que trabajan y no logran independizarse necesitan algo más que el reconocimiento de un derecho.

Una vivienda digna no se consigue proclamando su condición constitucional. Requiere políticas públicas con resultados, coordinación y decisiones que resistan más de una campaña. Hay responsabilidades compartidas entre el Gobierno central, las autonomías y los ayuntamientos. Cada uno debe explicar qué hizo, qué omitió y qué dejó pendiente.

Sánchez sabe transformar una derrota parlamentaria en una oportunidad electoral. Su estrategia parece desplazar la atención desde lo que su Gobierno no consiguió hacia lo que otros le impidieron conseguir. Ahora la oposición debe presentar propuestas concretas, explicar cómo las aplicará y construir acuerdos que permitan gobernar. La ciudadanía necesita alternativas.

El otro eje quedó claro, avanzar con él o exponerse a una ola ultraderechista. Un eventual gobierno del Partido Popular (PP) y Vox merece discusión. Sus propuestas deben examinarse. Pero el temor a esa alternativa no puede reemplazar la revisión del gobierno actual. Se puede dudar de una alianza entre PP y Vox y exigirle explicaciones a Sánchez.

Presentar España como referente mundial tampoco resuelve esa tensión. El prestigio exterior importa, pero debe reflejarse en la vida cotidiana. Para quien destina parte de sus ingresos al alquiler, ese reconocimiento puede quedar lejos de su casa.

Sánchez confía en los españoles para volver a ganar. Ellos tienen derecho a preguntarle qué cambiará para gobernar mejor. Una elección puede renovar una mayoría pero no borrar los años anteriores. El 29 de noviembre se elegirá continuidad o cambio y se juzgará una trayectoria. Ahí está la diferencia entre el político que encuentra el momento para ganar y el estadista que consigue que esa victoria mejore la vida de su país.

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