Un estudio detectó residuos de antimicrobianos en suelos de feedlots argentinos
En los últimos tiempos se advierte una tendencia creciente a asegurar la trazabilidad y salubridad de los alimentos para los consumidores. En distintos países aparecen reglamentaciones y barreras que impiden el ingreso de determinados productos a mercados que abastecen el consumo humano y la nutrición animal. Exigencias de no deforestación y de ausencia de residuos de hormonas o productos antimicrobianos en carnes o granos son requeridos por los servicios de protección de los consumidores de muchos países. Un ejemplo de estas reglamentaciones es el reciente cierre de importaciones de carne brasileña a la Union Europea.
Nuestro país no corre un riesgo parecido al de Brasil porque el Senasa monitorea las partidas de carne que se exportan para detectar potenciales elementos objetables por parte de los compradores. No obstante, un reciente trabajo reveló la presencia de residuos de productos antimicrobianos en los suelos de feedlots comerciales de bovinos para carne de distintas regiones, donde se encontraron residuos de monensina, tetraciclina y otros antibióticos.
El informe indica que las concentraciones de antimicrobianos detectadas en los suelos fueron heterogéneas, pero, en términos generales, compatibles con las observadas en sistemas ganaderos intensivos de otros países. Sin embargo, también alerta que la detección relativamente frecuente de antimicrobianos de importancia crítica para la medicina humana en los suelos de feedlots argentinos contrasta con las tendencias observadas en programas europeos de vigilancia, donde políticas más estrictas de uso responsable han reducido la exposición ambiental. También advierte que los focos de contaminación pueden generar resistencia a los antimicrobianos en las bacterias del suelo, condición que luego puede trasladarse de manera cruzada a otros animales y a los seres humanos.
Sergio Sánchez Bruni, profesor Farmacología de la Facultad de Ciencias Veterinarias de Universidad Nacional del Centro e investigador principal del Conicet, con su equipo, y en conjunto con Peers Davies, de la Universidad de Liverpool, evaluaron por espectrometría los suelos de 27 feedlots argentinos de diferentes regiones, tras lo cual comunicaron los hallazgos.
Antes de darlos a conocer, el profesional aclaró que “la resistencia antibacteriana es bidireccional. Las bacterias pueden pasar de animales a humanos y viceversa, a través del ambiente”. Por ejemplo, las bacterias pueden generar genes de resistencia en situaciones donde animales son sometidos a una producción intensiva como en un feedlot.
Explicó que el 67% de los antibióticos producidos en el mundo son destinados al uso veterinario y el 23% en medicina humana. “Son moléculas jóvenes y ya se habla de la era post-antibióticos por el desarrollo de resistencia de las bacterias que se observa en algunas enfermedades donde ningún antimicrobiano funciona para controlar la infección”, advierte Sanchez Bruni. Entonces, aconseja cuidar mucho el uso de estos medicamentos para no generar nuevos focos de resistencia.
Luego dijo que “siempre que se administran antimicrobianos a los animales —ya sea para prevenir o tratar enfermedades- una cantidad importante atraviesa el organismo sin modificaciones y estos residuos se acumulan en el suelo. En los feedlots, donde los animales se manejan con altas densidades y los tratamientos antibióticos son frecuentes, esto puede generar focos de contaminación”, añadió.
El suelo retiene los antibióticos, que se adhieren a la materia orgánica o se degradan solo parcialmente. Incluso, bajas concentraciones de antibióticos pueden favorecer el intercambio de genes de resistencia entre bacterias incrementando el desafío de la resistencia antimicrobiana.
Sánchez Bruni explicó que realizaron el trabajo durante cuatro años tomando muestras de feedlots de 10.000 a 50.000 cabezas, desde 2021 hasta 2023. Hasta ese momento no se había explorado la contaminación de los suelos de los feedlots.
Los resultados mostraron que se detectaron residuos de monensina en las muestras de todos los feedlots. Los residuos de otras clases de antimicrobianos, principalmente tetraciclina, se detectaron en el 70% de los establecimientos evaluados.
La monensina presentó la mayor frecuencia de detección y el intervalo de concentraciones más amplio: en algunos establecimientos las concentraciones máximas superaron los 15.000 ppb. La monensina es un producto que está permitido para su uso por el Senasa, autorizado también en Estados Unidos, pero prohibido en Europa. “Tiene tres funciones: promotor de crecimiento, coccidiostático y antitimpánico”, explicó Sánchez Bruni.
La tetraciclina solo se puede utilizar con fines terapéuticos a partir de una resolución del Senasa de 2024. Corresponde aclarar que las mediciones del estudio se realizaron desde 2021 a 2023. La oxitetraciclina presentó picos marcados y específicos en determinados sitios, cercanos a 14.000 ppb, compatibles con su fuerte adsorción a la materia orgánica del suelo y a su limitada biodegradación.
“Estos resultados indican la existencia de focos localizados de elevada carga de antimicrobianos en los ambientes de feedlots; estos nichos de contaminación pueden generar resistencia bacterianas en el suelo que hoy no están”, razona el profesional.
Por otro lado, en las muestras se hallaron residuos de fluoroquinolonas y de cefalosporinas de tercera y cuarta generación, que son medicamentos que se deberían usar solo para casos críticos. Estos medicamentos se encontraron en el 40% de los feedlots evaluados y no fueron reportados en los registros de uso de antibióticos de cada establecimiento. “Son productos que no deberían ser utilizados de manera rutinaria, sino en esos situaciones especiales, como indica la Unión Europea y la FDA”, apuntó Sánchez Bruni.
Otro hallazgo del estudio fue que se encontró contaminación heterogénea, es decir, había residuos de estos antimicrobianos esparcidos de manera no uniforme y, sobre todo, concentrados en los corrales de animales más jóvenes. Esto sería consecuencia de que, al entrar una tropa nueva, se hace una profilaxis generalizada con productos antimicrobianos para evitar que las enfermedades más frecuentes entren al establecimiento y se propaguen durante el desarrollo del engorde.
Sánchez Bruni observó que la situación actual de los feedlots muestra que hay muchas formas para el uso de antibióticos y que cada veterinario responsable medica de acuerdo a distintos criterios.
Agregó que “el estudio aporta evidencia de contaminación ambiental por antimicrobianos de uso veterinario en suelos de feedlots comerciales de Argentina y revela cargas de residuos medibles pero heterogéneas entre los sistemas productivos”. La distribución de los residuos se caracterizó por una marcada variabilidad espacial, con focos discretos de alta concentración en lugar de patrones uniformes de contaminación.
A partir de esa realidad, el profesional añadió que “los hallazgos ponen de manifiesto deficiencias en la gestión de los antimicrobianos en algunos establecimientos muestreados”. Por lo tanto, aboga por “el desarrollo de políticas y medidas de uso responsable en los sistemas de feedlot argentinos”. También resaltó que “el estudio muestra la necesidad de fortalecer los sistemas de trazabilidad y registro de uso de productos y la conveniencia de, implementar Programas de Optimización de Uso de Antimicrobianos”. Esta última es una iniciativa que se está promoviendo desde el Conicet y que está contemplada en el Plan Nacional de Acción para la Prevención y Control de la Resistencia a los Antimicrobianos y a las Infecciones Asociadas al Cuidado de la Salud, del Ministerio de Salud de la Nación.
Por su parte, Claudio Cabral, secretario de la Mesa Argentina de Carne Sustentable, destacó que “la resistencia a los antimicrobianos es una realidad” y que “hay resistencia cruzada entre especies de bacterias”. También dijo que “se usan muchos antibióticos en producción animal y que deben emplearse con la máxima precaución y solo con fines terapéuticos”.
En ese sentido, recordó que la Union Europea prohibió el uso de antimicrobianos como promotores del crecimiento desde 2006 y que en la Argentina se dictó una resolución del Senasa en el mismo sentido en 2024. La decisión de la UE tiene su razón de ser en la protección de los consumidores, pero también en las presiones de los ganaderos europeos, que exigen que se impongan las mismas condiciones que enfrentan ellos internamente.
Para Fernando Storni, presidente de la Cámara Argentina de Feedlot, la resistencia a los antimicrobianos es un tema prioritario desde la mirada de la salud humana y animal: “Desde la Cámara promovemos el uso responsable de antimicrobianos y estamos de acuerdo con las directrices de la Organización Mundial de la Sanidad Animal (OMSA), que establecen normas y recomendaciones para mejorar la sanidad y el bienestar animal en todo el mundo”.
“La palabra clave es prevención, que permite disminuir el uso de antibióticos mediante vacunas, diagnóstico temprano de enfermedades y capación del personal. Impulsamos el uso profesional de medicamentos con productos aprobados, con receta, a las dosis correctas, con registro de los tratamientos y respeto del periodo de retiro antes de que los animales sean enviados a faena”, agregó.
Respecto del trabajo de Sánchez Bruni dijo: “la Cámara lo apoyó desde el primer momento, con la convocatoria a los distintos feedlots visitados y también apoyamos todas las investigaciones que se realicen a futuro. El informe publicado es una línea base que debe continuar desarrollándose’, proyectó Storni.
“Hay que recordar que cada feedlot debe tener un veterinario responsable a cargo. Para ellos, la Cámara desarrolla cursos de capacitación”, añadió.
En síntesis, Storni destacó, desde la Cámara, la importancia del informe realizado por Sánchez Bruni y equipo, que acompañó desde sus inicios. “Es un punto inicial para mejorar la forma de trabajo desde la producción y debe continuarse”, concluyó.
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