Brasil después de las elecciones: por qué para Argentina puede importar más la economía que la política
La elección presidencial en Brasil puede cambiar de manera importante la relación de la Argentina con su principal socio comercial.
Pero hay que detenerse en detalles porque el cambio mayor, coinciden todas las fuentes consultadas en lo político y diplomático -las que prefieren el anonimato en virtud de la tirria entre Javier Milei y Lula da Silva, y el apoyo más que explícito del presidente argentino al opositor Flavio Bolsonaro- en que el resultado de esta elección puede producir una diferencia mucho más concreta e inmediata en el plano bilateral que internacional.
Y sobre todo para la Argentina en comercio, inversiones, industria. Y también en el plano del Mercosur. Pero menos impactaría, curiosamente en una eventual ventaja o desventaja para Milei en lo que hace a la relación de Washington con Buenos Aires y de Washington con Brasilia. Porque el dato fuerte es que, con Bolsonaro o con Lula, Brasil seguirá siendo el país más grande e importante de Sudamérica.
El elemento que sí es trascendente es que tras los reiterados insultos de Milei a Lula da Silva, el gobierno del PT rebajó las relaciones bilaterales al nivel de encargado de negocios. El embajador Julio Bitelli volvió a Brasilia, mientras que el embajador argentino Daniel Raimondi debió volver a Buenos Aires. Nunca las relaciones políticas bilaterales estuvieron tan mal entre los principales socios del Mercosur y entre semejantes vecinos.
Para el caso, Milei en la última semana volvió a llamar “ladrón” a Lula a quien le ha dicho de todo: “socialista” y “comunista”, “envenenado”, “basura socialista”. En julio viajó al lanzamiento presidencial del hijo de Jair Bolsonaro -con prisión domiciliaria- y se esperan más gestos inéditos. Muchos de ellos para agradar a Washington.
Si gana Bolsonaro en el balotaje, el vínculo político bilateral mejorará de forma automática. La Argentina y Brasil enviarán a sus embajadores a sus puestos, aunque no serían los mismos que fueron retirados.
Si Lula es reelecto, las relaciones políticas bilaterales serán muy inciertas, ya que el líder del PT pasó de la furia a la indiferencia con Milei, quien a su vez entrará en año electoral. El desafío entre ambos será reponer o no a los respectivos embajadores. Con la excepción de qué el canciller Pablo Quirno le prohibió a los diplomáticos argentinos asistir a la embajada de Brasil para la última fiesta nacional -qué fue multitudinaria- los vínculos económicos, energéticos, militares y nucleares nunca cesaron.
Hay especulaciones de que Milei perdería la atención y protección de Estados Unidos si gana Bolsonaro y que, por eso, le conviene la victoria de Lula, pero es algo relativo.
Milei fue durante casi dos años, con Santiago Peña (Paraguay), el principal bastión de Trump en Sudamérica. Lo apoyó desde el primer momento en lo relativo a la doctrina de seguridad, en las votaciones de Naciones Unidas, frente a Cuba en votaciones que afectan a las minorías, y sobre todo a Israel -a costa de cambiar 180 grados la tradición diplomática argentina-. También le abrió las puertas a EE.UU. en el Atlántico Sur a nivel militar y geo estratégico -lo que tiene fuerte valor para Washington por su rivalidad con China-. Pero el protagonismo de Milei -que al final no llegó a liderar un bloque de derecha como prometía-, se fue diluyendo con la aparición de otros líderes de la llamada Ola Azul, en Bolivia, Chile, Colombia y Perú.
Bolsonaro generaría un fuerte cambio en las relaciones de Brasil con un Estados Unidos republicano. Pero en noviembre hay elecciones legislativas que pueden golpear a Trump y su manera de relacionarse con la región. Al mismo tiempo, independientemente de la mala relación que tienen sus gobiernos, Lula y Trump han conversado formalmente en al menos 6 ocasiones reconocidas, alternando entre llamadas telefónicas, videoconferencias y reuniones presenciales en un intento de destrabar tensiones comerciales y arancelarias. O sea, no habría mucho impacto para Milei, que hizo todo a su alcance por Bolsonaro.
Diplomáticos, empresarios y especialistas de ambos países consultados señalan: la relación política entre los gobiernos puede atravesar ciclos de mayor o menor afinidad, mientras que la estructura económica que une a la Argentina y Brasil es mucho más difícil de modificar.
El dato ayuda a redimensionarlo. En 2025 el intercambio comercial bilateral alcanzó los US$ 31.195 millones, el nivel más alto en 13 años. La Argentina exportó a Brasil US$ 12.771 millones e importó US$ 18.424 millones. Brasil, además, fue nuevamente el principal destino de las exportaciones argentinas.
Aunque Brasil mantiene una diversificación internacional que Argentina no tiene, hay una integración industrial de décadas, particularmente en el sector automotor, donde ambos países mantienen cadenas de producción cruzadas. Vehículos y autopartes están entre los principales productos del comercio bilateral. El acuerdo automotor vigente, además, tiene una fecha clave: está previsto que el régimen actual llegue hasta junio de 2029. Es el corazón del Mercosur. Lo único que lo puede afectar ahora es el impacto de lo que se importa de China. Cada vez más.
Por eso, la pregunta que empieza a hacerse en Buenos Aires no es solamente quién gobernará Brasil, sino qué modelo económico tendrá el próximo gobierno brasileño.
La cuestión fiscal es particularmente relevante. Hay coincidencia entre los principales candidatos sobre la necesidad de algún tipo de ajuste, aunque difieren sobre su profundidad y sobre cómo realizarlo. Lula propone mantener el actual marco fiscal con modificaciones, mientras que Bolsonaro plantea reglas más estrictas.
Para la Argentina, un Brasil que profundice su política industrial, aumente las inversiones en infraestructura y sostenga una integración productiva fuerte puede generar un escenario diferente para las empresas argentinas que un Brasil que priorice un ajuste fiscal más duro, reduzca el papel del Estado y modifique sus políticas de incentivos.
También está el tipo de cambio -para las empresas argentinas, lo más conveniente es que el tipo de cambio en Brasil suba (es decir, que el real se devalúe), aunque los efectos son mixtos según el sector- el costo del financiamiento y el nivel de actividad brasileño. Brasil es suficientemente grande como para que cualquier modificación de su demanda interna repercuta sobre las exportaciones argentinas. Y eso afecta especialmente a sectores industriales que tienen a ese mercado como destino central.
Brasil y la Argentina son estratégicos el uno para el otro en un rubro no menor: las manufacturas de origen industrial (MOI). La Argentina es el principal importador de las MOI de Brasil y Brasil es el principal importador de las MOI de la Argentina.
Aunque todo dependerá del próximo programa de gobierno, se espera que, si gana Lula, Brasil continuaría apostando por el Mercosur como plataforma de su inserción económica internacional, afirman. Si gana Bolsonaro, es probable que adopte una postura más parecida a la de Milei intentando transformar al Mercosur en una zona de libre comercio y no en una unión aduanera.
No obstante, aunque gane Bolsonaro, es muy probable que Brasil no abandone los BRICS, atento su enorme dependencia de China para sus exportaciones de productos primarios y de la Inversión Extranjera Directa del país asiático. Igual hay que ver que le exigirá Washington a Bolsonaro. Pero Jair Bolsonaro no abandonó los BRICS e intentó mantener buenos vínculos con China. Argentina es un país pendular y mucho más débil. Brasil tiene una política de Estado como la de una potencia.
Por otro lado, explican los analistas consultados, en la línea de liberalizar, se puede perjudicar a la Argentina que tenía mercado cautivo. Pero Brasil tiene otra dimensión y peso internacional lo que hace que los vínculos con China, los BRICS, generen que una participación del vecino país más intensa en el comercio internacional y deje a la Argentina “colgada del pincel” -afirman- y “sin escalera”.
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