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infobae.com · hace 15 horas · Oscar Moscariello

¿Para qué sirve aún la ONU?

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Hace unos días, los líderes de todo el mundo se reunieron en Nueva York para el mayor encuentro diplomático del planeta. Entre ellos también participó el presidente Javier Milei. La Asamblea General de las Naciones Unidas volvió a transformarse en el epicentro de la política internacional. En medio de discursos, reuniones y negociaciones, surge la pregunta inevitable ¿para qué sirve hoy la ONU? El propio mandatario argentino lo puso de relieve.

No es una pregunta provocadora. Tampoco es patrimonio de una determinada ideología. La formulan gobiernos de distintas regiones y sensibilidades políticas. Los argumentos están a la vista.

¿Para qué sirve la ONU si está prácticamente ausente de los principales conflictos armados de nuestro tiempo.

¿Para qué sirve si el Consejo de Seguridad aprueba resoluciones que en demasiadas ocasiones no consiguen traducirse en hechos?

¿Para qué sirven las operaciones de paz que en algunos casos se prolongan durante décadas sin conseguir resolver los conflictos que las originaron?

¿Para qué sirve si, mientras la arquitectura multilateral se debilita, los Estados buscan cada vez soluciones fuera de ella?

Son preguntas incómodas, pero legítimas. Y no se trata solamente de percepciones. Hay señales institucionales muy concretas de la crisis.

Dentro de Naciones Unidas está, por ejemplo, la crisis financiera. Durante meses la organización enfrentó a una grave crisis de liquidez que llegó amenazar sus operaciones. Que los principales donantes se resistan a pagar nunca es una buena señal de confianza ni de eficiencia.

Fuera de Naciones Unidas, la proliferación de nuevos formatos de cooperación también dice algo sobre el estado del sistema de los BRICS al llamado al “board of peace”, son cada vez más los espacios que aspiran a llenar los vacíos de la arquitectura multilateral existente.

De hecho, basta con mirar lo que todavía ocurre dentro de sus paredes para entender porque la organización sigue siendo necesaria. Sus 193 Estados miembros disponen allí un espacio universal de diálogo que ninguna otra institución puede sustituir. La Asamblea General sigue siendo el único foro político en el que prácticamente todos los países del mundo se sientan alrededor de la misma mesa y tienen un voto.

El problema por tanto no es que la ONU no sirva para nada. EL problema es que la ONU actual está cada vez más lejos de lo que el mundo necesita de ella.

La respuesta no debería ser abandonar Naciones Unidas sino reformarla y devolverle capacidad para cumplir su propósito fundamental : contribuir a evitar que los conflictos internacionales desemboquen en una nueva guerra mundial.

Su segundo Secretario General, el sueco Dag Hammarskjöld, lo expresó de una manera extraordinariamente sencilla, la ONU no fue creada para llevar la humanidad al cielo, sino para salvarla del infierno.

Ochenta años después, esa sigue siendo una misión bastante ambiciosa. Y quizás más necesaria que nunca.

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