Entre la necesidad de acuerdos de Milei y las jugadas de Bullrich y Villarruel
En una escena del film francés “Los colores del tiempo”, un nieto le agradece a su abuelo por haberle pedido participar de la resolución de un asunto en torno a una herencia de sus antepasados, porque haber mirado hacia atrás y revivir su historia le permitía, ahora, tener más claro el futuro de su propia vida. A los gobernantes les ocurre algo similar.
El presidente Javier Milei está ante la oportunidad de no cometer el mismo error que sus antecesores peronistas y no peronistas, atrapados por el poder, la ambición y la soberbia de sus logros. Aunque el camino es muy largo, parece haber dado un primer paso: haber pasado de la intransigencia y la imposición a la negociación y el diálogo.
Hay una línea invisible que separa a los Milei. Mientras el aspecto pasional del Presidente lo aleja de cualquier consenso al insultar a los periodistas críticos -un sin sentido, porque un adulador no cumple con el rol de periodista- y a un sector opositor, Karina Milei sale a negociar bajo la premisa que "la prioridad es la reelección".
Movido por el interés de ser reelecto, en su viaje a París Milei mostró una saludable alianza con gobernadores de la oposición. Lo hacía Carlos Menem cuando llevaba a sus viajes a legisladores de otros partidos o reformó la Constitución en acuerdo con el radicalismo. De esa manera, cuando dejó el gobierno en manos de la opositora Alianza UCR-Frepaso, no había incertidumbre ni temor a un cambio de rumbo como lo hay hoy respecto del kirchnerismo. Luego fue la impericia de Fernando de la Rúa y sus problemas con Chacho Alvarez los que hundieron el barco.
Pero el de Milei en Francia no era el único evento de significancia política que ocurría en simultáneo. A pocos kilómetros de allí, la vicepresidenta Victoria Villarruel cumplía con una invitación a un encuentro parlamentario en España, acompañada por senadores del PRO, la UCR y peronistas no K.
La funcionaria número dos de Milei, al menos en lo institucional, reclamó en Madrid programas audaces para las pymes, políticas públicas para proteger a las provincias y a la industria, y reivindicó el rol del Estado para “defender a los débiles, vulnerables e indefensos” entre los que mencionó a “los ancianos, los enfermos y desposeídos”. Un discurso nacionalista y federal, de centroderecha, al que podría adherir cualquier votante de ese espectro, pero también los peronistas no K. Allí apuntaría Villarruel, si es que lanza su candidatura presidencial. Quienes observan sus movimientos desde hace tiempo, no dudan que en este contexto de incertidumbre, jugará en 2027, lo que podría alterar el escenario electoral.
Aunque quien ha consolidado sus diferencias dentro del espacio libertario es Patricia Bullrich. Ya no oculta su aspiración presidencial, se da el lujo de exponer ante el Coloquio de IDEA sin mencionar a Milei, y de proponer una reforma previsional que la Casa Rosada ni siquiera bosqueja. No obstante, un funcionario mileísta advierte que no hay chance de que el Presidente acepte ir a unas PASO contra ella ni ceder su candidatura si en marzo Bullrich midiera bastante más que él y asegurara el triunfo del modelo. “Javier no es político, muere con las botas puestas porque está convencido”, desliza.
Por lo que el interrogante cambia. Si Bullrich no tiene chances de ser la candidata por La Libertad Avanza y romper es demasiado riesgoso, ¿cuál sería su rol? Ella misma hace hincapié en que el tiempo -la edad- le juega en contra. Otro observador de los vaivenes palaciegos aporta: “Quizás, en realidad, ella esté jugando todo para ser la compañera de fórmula de Milei…sería un buen final de su carrera”.
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