Pese al superávit fiscal y cambiario, advierten sobre la necesidad de que el Central sume reservas
La Argentina acumuló cinco meses seguidos con un balance positivo en sus cuentas cambiarias, a partir de que empezó la cosecha gruesa de soja en abril, según los datos que informó la semana pasada el Banco Central (BCRA).
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), por su parte, reveló esta semana que en el segundo trimestre -la temporada alta de afluencia de divisas- la balanza de pagos mostró un saldo positivo por US$ 2.214 millones. A esto se le suma el persistente superávit fiscal desde enero 2024, irrenunciable entre las políticas de Javier Milei.
El superávit de cuenta corriente cambiaria que se prolongó al menos hasta agosto 2026 motivado en las exportaciones de productos agroindustriales, la energía y la minería revirtió una sucesión previa de casi un año de resultados negativos, pero aún no termina de compensar las salidas de dólares por las compras de la población y los pagos de deuda del Gobierno y de las empresas.
Con todo, los datos no permiten determinar definitivamente si el dólar está caro o barato en relación al peso argentino y si una devaluación podría solucionar problemas de competitividad del país o facilitar cancelaciones de deuda.
Carlos Melconian, vicepresidente de Macroview, expone que "al Banco Central le compran US$ 2.500 millones por mes y se dilapidan las exportaciones". "Las reservas siguen siendo negativas y además venden futuros y dan cobertura en bonos en pesos vinculados al dólar", observa el expresidente del Banco Nación.
Por su lado, Martín Polo, jefe de Estrategia de Cohen Aliados Financieros, apunta que "hay un muy buen resultado de la balanza comercial de bienes, que llegaría casi a un récord este año, con aportes destacados de la energía y el agro, tanto en cantidades como en precios". "Y la caída de la inversión juega en contra de las importaciones de bienes", suma.
"La energía y el agro no dependen tanto del tipo de cambio, sino de precios internacionales y las cantidades de evacuación de gas y petróleo desde Vaca Muerta, por eso sobran los dólares en estos sectores. Pero en el resto están las cuentas deficitarias, como los demás bienes y servicios, donde la buena noticia es que no empeoró el resultado negativo, sino que mejoró algo", contestó Polo a la pregunta de Clarín.
En cambio, "la generación de utilidades y los pagos de deuda restan por los resultados de las empresas, mientras que no cae la demanda de divisas de las personas por la percepción de que el tipo de cambio saltó 4% y la inflación 20% en el año, lo que hace que muchos no se animen a tener pesos", considera.
Polo también indica que la Argentina todavía sigue muy expuesta a los vaivenes de los precios internacionales del petróleo y de la soja.
En tanto, para Martín Pollera, director Ejecutivo del Grupo Atenas, "que la cuenta corriente cambiaria venga cinco meses en positivo no quiere decir que el dólar no esté atrasado. Si mirás solo eso es como manejar con un solo espejo; en algún momento chocás".
"En agosto, la cuenta corriente dio US$ 806 millones de superávit, pero en el mismo mes la gente se llevó US$ 3.366 millones netos y las reservas solo subieron US$ 660 millones. Las exportaciones crecen por precio y las importaciones bajan en cantidades, por un freno en la economía; o sea, el superávit es por el precio del petróleo y la recesión, porque no hay competitividad", analizó Pollera.
Para el ex secretario de Comercio "faltan dólares". "Vamos a un superávit comercial de US$ 20.000 millones, pero se van US$ 25.000 millones en ahorro y el año que viene hay vencimientos por US$ 21.000 millones entre bonistas privados, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Bopreal. Y, encima, se encareció el crédito con las elecciones a un año de distancia", dice.
Y completa: "Con el dólar regalado, sin cepo y con esos vencimientos encima, sin reservas no se puede sostener este tipo de cambio".
En el Gobierno, mientras tanto, esperan que la compra de reservas vuelva a tomar velocidad a fin de año, con la cosecha del trigo y la puesta en marcha del oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), que las petroleras buscan apurar para antes de que termine el 2026 y permitirá incrementar las exportaciones de crudo.
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