Difícil libertad
Recuerdo una frase citada por Pierre Vidal-Naquet: “Permítanme remitirlos a un texto que he extraído de un midrash del Levítico, 27, 5. Es Rabbí Huna quien habla en nombre de Rabbí Joseph: ‘Dios siempre está del lado del perseguido. Puede hallarse un caso en que un justo persigue a un justo, y Dios está del lago del perseguido; cuando un malvado persigue a un justo, Dios está del lado del perseguido; cuando un malvado persigue a un malvado, Dios está del lado del perseguido, y hasta cuando un justo persigue a un malvado, Dios está del lado del perseguido’”. Hay allí una clave para leer cierta ética judía de la que me siento bien cercano. Como me siento cercano a Contra el etnocentrismo judío. Cartografía de un colapso ético, de Peter Pál Pelbart y Bentzi Laor. Se habilita una discusión sobre la ética y sobre su colapso. ¿De qué colapso se trata? Del momento en que, en nombre de lo judío, se llevan adelante matanzas masivas. En Contra el etnocentrismo… se cita al Lévinas de Difícil libertad: “La idea de un pueblo elegido no debe verse como un orgullo. No es conciencia de derechos excepcionales, sino de deberes excepcionales”.
Israel tiene enemigos poderosos. Hamas e Irán quieren la destrucción del estado de Israel e, incluso, el exterminio de los judíos del mundo. Pero la tradición judía, la ética de la que hablan Lévinas y Vidal-Naquet, implica, para los judíos, evitar convertirse en asesinos. En igualarse con sus enemigos. El colapso ético reside en el desmoronamiento de la propia tradición judía. Lo judío no puede reducirse al sionismo que apoya las políticas de Netanyahu y las lógicas supremacistas de su gobierno. Buena parte de ese discurso (apoyado muchas veces por intelectuales pro-israelies) pretende apropiarse de lo judío todo. Pero la ética judía, tal como la describe la tradición que vengo glosando, en todo se opone a ese estado de las cosas. Se hace imprescindible, desde el judaísmo, criticar radicalmente ese judaísmo de extrema derecha, que no expresa a una inmensa cantidad de intelectuales judíos y de judíos en general. No expresa al judaísmo como pensamiento crítico. Suponer que todo aquel que ejerce una crítica al estado de Israel es antisemita no es más que un chantaje.
Entre tanto, la espuma de los días. Un festival literario invita, y luego desinvita. La cancelación es una actividad profundamente desagradable y de patas cortas. No porque se opone a la “libertad de expresión” -palabras cada vez más huecas- sino porque, precisamente, atenta contra el pensamiento crítico. La cancelación es la gran veleidad idiota del progresismo de la época. Pero antes hay que pensar que, en la escena neoliberal actual -que ese judaísmo reaccionario se inserta gozosamente- la verdadera censura la ejerce el mercado. Al festival se invita a los escritores consagrados por el mercado: ventas, premios, reconocimientos. Todas instituciones ajenas -y muchas veces opuestas- a lo literario, al menos como a mí me interesa. Es la censura del mercado la que arma las listas de invitados. Y cuando, por la razón que sea, se desinvita, el mercado también acoge a la víctima.
La crítica al progresismo y a la izquierda se vuelve productiva -y a veces insoportable- cuando se ejerce desde el mismo progresismo y la izquierda. Cuando se la efectúa desde la derecha, todo es más sencillo: sencillamente se es de derecha.