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perfil.com · hace 17 horas · Carlos Ares

Medime esta

Carlos Ares

Hay cola de fisuras políticas con síndrome de abstinencia a las puertas del baño electoral. Faltan tres meses para terminar este, otros diez más hasta las elecciones. “Los muchachos están ansiosos por volver a mojar la medialuna”, diría Ariel Tarico imitando el grumo en la garganta, el tono gastado, desafinado, la voz usada para todo servicio del Jorge Asís. Beines, beinetas, baratas, sabe que muestra, que oculta el Turco cuando abre el baúl. “La sequía después del plan platita que regó Massa dejó boqueando en el desierto a los que viven del negocio de medir la de los candidatos”

Consultores, analistas, gurúes, asesores, panelistas, adictos a la ajena, la pública, la que no rinde cuentas, la que parece que no tiene dueño. Les atrae la bolsa que esperan encontrar sobre la mochila del inodoro exclusivo donde los vip, los very hijos de puta, cagan gente. Aspiran a unas líneas de pautas publicitarias nacionales, provinciales, liberadas para las elecciones. Más un saque de contratito pagado por algún empresario privado que se postula a carguito con foto. Tipos que, si ganan, esperan recuperar después el doble de la que ponen.

Los que están quieren seguir. Los echados, volver. Los que se quedaron afuera, entrar, garrapatear, abrocharse. Husmean como perros, huelen meos, culos, ladran, llaman la atención. Rondan los puestos de la feria. A ver qué ofrece la salada de las vanidades. Una pena. Ya no queda casi nada de valor ahí. Es todo vintage. Vincha, vinilo, papel, consignas, eslóganes. Hasta el reseteado de expertos en focus group que tantas satisfacciones dieron a dirigentes ajenos a la casta, quedó obsoleto.

Fue muy drástico el recorte de la manguera conectada a los jefes de campaña. Hoy el choreo se distribuye con un gotero. ¿Quién apuesta a ganador? La sed desespera a los bebedores de sangre. Chamuyeros que se suben a cualquiera. Mirá Fernando Cerimedo, la estrellita fugaz de Milei, preso en Bolivia, acusado de femicidio en grado de tentativa. Mirá a Raúl Timerman ofreciendo al gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, como el verdadero “líder del peronismo”. Mirá que hay que agacharse para llegar tan abajo.

Si fuera de la propia, ninguno de los clientes de toda la vida abonados a las consultoras, Insfrán, Massa, Kicillof, Ritondo, Scioli, Santilli, intendentes, gobernadores, pagaría fortunas anticipadas ahora, como hicieron en cada campaña, a quienes se disfrazan de partidarios para vender consejos sobre cómo saludar, sonreír, montar actos, organizar conferencias de prensa, hacer videítos saludando a actores contratados, obligarlos a repetir aquello que ellos creen que la gente quiere escuchar.

Nadie se come ya las entrevistas en diarios, programas de radio, televisión, streamings, podcast, con periodistas tira centros para que los candidatos cabeceen promesas. No tienen el mismo efecto las encuestas de opinión pública mensuales, con garantía de que en todas ganan los clientes que las pagan. No convence la rebaja sustancial de los precios. Ni un dos por uno, las PASO más la definitiva al mismo costo, es negocio. Hasta un gil a destiempo, retrasado en la carrera, esperaría los resultados en votos antes de ponerla en pesos.

Si no estás en el lore de las tecnologías, fuiste papi. Los pibes que hablan, conocen, saben, entienden los nuevos lenguajes de la comunicación, basados en la IA, se quedan con la poca de blanca que circula. Por dos mangos te farmean aura, promueven influencers partidarios de la que quieras, fidelizan el engagement, consiguen conductores, opinadores capaces de boludear, discutir, provocar, bajar la línea que necesites, con tal de atraer un poco más de audiencia que los sostenga en cámara.

Arman equipos de trolls, juegan al toque en todas las redes sociales, compran seguidores, replican, visualizan, couchean mindfulness, ponen atención plena en limpiar el pasado del candidato, actualizan el software del gaslighting, en su versión política. Sesgan el relato con el que tratan de manipular a los inocentes que ignoran la historia.

Lula da Silva