← Volver
infobae.com · hace 17 horas · Daniel Sticco

Daniel Schteingart, de Fundar: “2025 fue el primer año en 30 donde el PBI creció y el empleo formal privado cayó”

Infobae

El Gobierno, en particular, y los economistas y analistas políticos, en general, se propusieron evaluar la presidencia de Javier Milei por los resultados que obtenga en los cuatro años de gestión, según el desempeño de los indicadores socioeconómicos: pobreza e indigencia y calidad de generación de empleos (más asalariados registrados y menos informalidad y cuentapropismo de subsistencia).

Infobae entrevistó a Daniel Schteingart, doctor en Sociología, investigador especializado en economía del desarrollo, estructura productiva y datos sociales, y director de Desarrollo Productivo en Fundar, por su seguimiento riguroso de la realidad social argentina, para que aporte su mirada y su expectativa para el corto plazo.

— ¿La economía informal crece más que la registrada por la política económica del Gobierno de Milei, o porque la reforma de la legislación laboral no logró torcer una tendencia negativa que ya lleva más de una década?

— Paremos un segundo la pelota y veamos qué viene pasando con el mercado laboral en los últimos gobiernos. Tanto con Mauricio Macri como con Alberto Fernández y como con Javier Milei, el número total de personas ocupadas sube. Pero hay tres cosas que varían: la calidad del empleo, la velocidad de creación de empleo y cuánta correlación hay entre el crecimiento del PBI y el empleo.

Durante el gobierno de Macri se crearon unos 262 mil empleos al año, pero ni uno solo fue formal: todo fue asalariado informal o cuentapropista. Tiene cierta lógica que no se haya creado empleo formal, porque tres de cuatro años la economía cayó, y el empleo formal normalmente sube cuando crece el PBI.

En el gobierno de Fernández se crearon 433 mil empleos al año, y ahí crecieron tanto los formales (del sector privado y del público) como los informales. Hubo dos años de crecimiento (2021-2022) y dos de recesión (2020 y 2023), pero el empleo creció bastante por una combinación de factores.

Entre ellos, destaco: la protección a la industria, que si bien generó precios de los bienes muy altos, hizo que el empleo manufacturero creciera bastante; la construcción, que se movió por obra pública y alta brecha cambiaria; y el turismo, que tras la pandemia tuvo una fuerte reactivación por la alta brecha cambiaria.

Se dio una suerte de paradoja: varios de esos motores tenían sus problemas asociados, pero que el empleo creció fuerte es una realidad. No es casualidad que el gobierno terminara con el menor desempleo desde 1991, pero también con la mayor inflación desde 1991.

El gobierno de Milei tiene una particularidad: de los últimos tres, es el que mejor viene en crecimiento (en dos de los últimos tres años la economía creció), pero el que peor viene en empleo. Si bien se generaron algunos empleos, el ritmo es bajo (solo 101 mil al año) y no llega a compensar el crecimiento de la población que entra al mercado de trabajo (unas 200 mil personas).

FUNDAR 410

No solo eso: el sector formal no para de expulsar empleo —más incluso que con Macri, aunque ahí había recesión— y lo único que crea empleo es el sector informal, sobre todo el cuentapropismo. Esto es una rara avis en el siglo XXI: una economía que creció destruyendo empleo formal. Hay que irse hasta los años 90 para ver algo así. 2025 fue el primer año en los últimos 30 donde el PBI creció y el empleo formal privado cayó.

No creo que esto tenga mucho que ver con la reforma laboral ni que mueva demasiado la aguja: el empleo formal cae porque los sectores que mueven el PBI (petróleo, minería, agro, finanzas) no mueven demasiado la aguja del mercado laboral, y porque sectores con altos efectos multiplicadores en el empleo, como industria y construcción, están muy parados.

— En un país federal con 24 jurisdicciones, ¿Es el Gobierno central el único responsable de una realidad social donde el 45% de los trabajadores está en la informalidad y la pobreza llegó al 32,3% de la población en el primer semestre de 2026?

En el corto plazo, la variación de la pobreza y la informalidad a nivel nacional está muy condicionada por lo que ocurre con la economía en su conjunto y, por lo tanto, por políticas que dependen fundamentalmente del gobierno nacional. La pobreza, por ejemplo, suele aumentar en las recesiones y caer cuando crecen el empleo y los ingresos reales. La macroeconomía, la política tributaria y laboral nacional, y buena parte de la política de ingresos, tienen ahí un peso central.

Ahora, otra cosa es preguntarse por qué algunas provincias o regiones tienen persistentemente mucha más pobreza e informalidad que otras. Ahí la explicación excede ampliamente al gobierno nacional. La informalidad supera el 60% en todas las provincias del Norte grande y está por debajo del 30% en la Ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego. Brechas de ese estilo también se dan en la pobreza.

FUNDAR 410

Esas diferencias territoriales tienen raíces muy profundas: las provincias tienen estructuras productivas diferentes, distintas dotaciones de recursos naturales, diferentes niveles de capital humano e infraestructura, y capacidades estatales también muy heterogéneas. Los gobiernos provinciales pueden incidir sobre todo eso, por ejemplo, mediante la calidad de sus servicios públicos, la fiscalización, la infraestructura, el entorno para invertir y las actividades productivas que habilitan o promueven.

La minería es un ejemplo claro: existen provincias con recursos geológicos similares pero marcos políticos y regulatorios muy diferentes.

Por eso, cuando uno mira períodos largos, encuentra mucha persistencia en las desigualdades territoriales. Los cambios importantes aparecieron cuando se modificó de manera significativa la estructura productiva de una provincia, por ejemplo, a través del desarrollo de un recurso natural o de regímenes de promoción regional. Ni la Nación explica todo ni las provincias son simples espectadoras.

— ¿Qué puede hacer el Gobierno para reducir la informalidad? ¿Las exportaciones y los sectores hoy dinámicos pueden generar empleo registrado, directa o indirectamente? ¿Hay riesgo de un modelo de crecimiento con poco empleo?

— Para bajar sustancialmente la informalidad se necesitan varias cosas al mismo tiempo. La primera, sin la cual todo lo demás es imposible, es crecer durante bastante tiempo. Jamás se va a formalizar masivamente una economía estancada. Pero la composición del crecimiento importa muchísimo: no es lo mismo crecer 4% empujado por construcción, industria y servicios, que mueven mucho más la aguja del empleo, que hacerlo exclusivamente por minería, petróleo y agro.

Algunos encadenamientos aparecen de forma bastante espontánea; otros, sobre todo los industriales, difícilmente surjan solo por la magia del mercado. Ahí se necesita política productiva e incentivos que hoy son débiles. El RIGI puede ser muy bueno para promover grandes inversiones, pero hace poco para que la locomotora de los recursos naturales enganche los vagones de los proveedores locales.

Daniel Schteingart

La experiencia internacional muestra que esto no ocurre de forma automática. Noruega aprovechó el petróleo del Mar del Norte para desarrollar una enorme red de proveedores de ingeniería, tecnología y servicios que después incluso salió a exportar. Angola también tuvo durante décadas una producción petrolera enorme, pero con muchos menos encadenamientos locales y una economía mucho más dependiente del propio petróleo. El recurso natural puede ser el mismo; lo que se hace alrededor de él cambia muchísimo el resultado.

Además, hacen falta políticas horizontales: simplificar la contratación y la registración, reducir los costos de formalización para trabajadores de bajos salarios y empresas chicas, mejorar la fiscalización y, sobre todo, aumentar la productividad de las firmas pequeñas. Si una empresa de tres personas apenas sobrevive, ninguna reforma laboral por sí sola va a convertirla en una firma altamente productiva y formal.

Y ahí la ciencia, la tecnología y la formación profesional son centrales. Si queremos que alrededor de Vaca Muerta, la minería o el agro aparezcan empresas argentinas capaces de vender tecnología, ingeniería y servicios sofisticados, hacen falta ingenieros, técnicos, investigadores y empresas que innoven. Lamentablemente, el Gobierno optó por desfinanciar fuertemente esta agenda, y eso va a tener consecuencias duraderas.

— La inversión es la principal generadora de empleo, pero cae por el freno de la obra pública, tras la salida del Estado nacional de un sector con sobrecostos históricos por corrupción en la construcción, y por la elevada capacidad ociosa de máquinas y equipos. ¿Cuál es su análisis?

— La inversión es muy procíclica. Casi siempre que crece la economía, crece la inversión, y cuando la economía se frena, la inversión se frena todavía más. Para mí, la principal explicación de que hoy esté cayendo es bastante simple: la economía se desinfló.

Daniel Schteingart

A eso hay que sumarle que dos motores históricos muy fuertes de la inversión, la industria y la construcción, están particularmente parados. La industria difícilmente invierta mucho si tiene cerca de la mitad de su capacidad ociosa. Y la construcción está frenada por la caída de la obra pública, por costos en dólares muy altos en la construcción privada, y porque el crédito hipotecario todavía tiene poca escala.

Acá pasa algo parecido a lo que pasa con el empleo: petróleo y minería pueden estar viviendo un boom inversor, pero no terminan de mover la aguja de la inversión agregada si al mismo tiempo sectores mucho más grandes, como la industria y la construcción, tiran fuerte para abajo.

— Estudios privados anticipan una ola migratoria desde los grandes centros urbanos hacia Vaca Muerta y las nuevas regiones mineras. ¿Coincide?

— Migración va a haber, seguro. Pero dudo que sea de una escala tal que dé vuelta la demografía histórica del país. No veo que vaya a pasar lo que pasó en el siglo XIX y principios del XX, cuando el NOA pasó de ser el 40% a menos del 15%, en favor del AMBA y la región pampeana. El Indec prevé que entre 2025 y 2040 Neuquén va a pasar de ser el 1,5% de la población argentina al 1,6%: no es un cambio para nada titánico.

Sí es posible que la región metropolitana de Confluencia (Neuquén y partes del Alto Valle del Río Negro) llegue a superar el millón de habitantes para mediados de siglo, y sea así la primera región urbana de la Patagonia en alcanzar esa cifra. A modo de referencia, el AMBA tiene 16 millones de habitantes, y Córdoba y Rosario rondan el millón y medio.

En las regiones mineras es posible que crezcan algunas localidades y que las capitales provinciales tengan cierto movimiento, pero no me imagino al Gran San Juan o a San Fernando del Valle de Catamarca como ciudades de gran escala.

Si bien no creo que los movimientos migratorios sean impresionantes, sí hay un riesgo muy típico de Argentina: que la infraestructura y el uso del suelo, sin planificación, corran de atrás, y que existan regiones ricas con buenos salarios y condiciones habitacionales que empeoran. En la ciudad de Neuquén ya se ve eso: los ingresos andan bien, pero en paralelo, el porcentaje de hogares con agua corriente o cloaca cayó varios puntos en los últimos años —producto de la expansión de viviendas sin servicios—, según la Encuesta Permanente de Hogares del Indec.

FUNDAR 410

Donde sí veo un movimiento más fuerte es en el peso económico, más que demográfico, de estas regiones en el PBI argentino. Hace unos años Neuquén era el 3% del PBI de Argentina; hoy ya ronda el 6%, y en unos años posiblemente alcance el 8%, que es el peso económico que hoy tienen Córdoba o Santa Fe, pero con mucha menos población que esas provincias. En las provincias mineras imagino una relevancia creciente en el PBI, pero más moderada.

— Acaba de publicar el libro “No somos un país de mierda (todavía). Una historia de cómo estamos, cómo estuvimos y hacia dónde vamos”, editado por Siglo XXI Editores y Fundar. ¿Qué plantea allí?

— La idea del libro es tratar de mirar a la Argentina escapando de dos relatos que aparecen todo el tiempo. Uno es que somos un desastre absoluto, un país inviable, donde todo funciona mal y hay que dinamitarlo todo. El otro es el relato casi opuesto, el de “mejor país del mundo”, que lleva a justificar o a hacer la vista gorda ante problemas serios del país: tongos, corrupción, ineficiencia, y que otros países nos superaron. Los dos tienen algo de verdad, pero los dos simplifican muchísimo.

Cuando uno mira los datos, aparece otra historia, que podría resumir en tres grandes verdades sobre la Argentina:

La historia es, simultáneamente, de progreso en términos absolutos y decadencia en términos relativos, y eso no es necesariamente una contradicción.

FUNDAR 410

— Un montón. El libro se pelea con varias ideas instaladas sobre el país. Por ejemplo, discuto bastante la idea de que “la democracia fue una fábrica extendida de pobres” y que en los años 70 teníamos niveles de pobreza mucho menores a los actuales. La pobreza medida por el método de NBI (necesidades básicas insatisfechas), que incluye calidad de la vivienda, hacinamiento o niños en edad escolar que no van a la escuela, cayó mucho con el correr de las décadas.

La población se volvió algo más alta, lo que supone que está mejor nutrida. Y el porcentaje de gastos que va a alimentos tendió a bajar, a expensas de consumos no esenciales, como transporte propio, ocio o turismo, entre otras cosas. Esta tendencia se dio incluso dentro de los hogares más pobres.

Otra idea que me sorprendió es que, a pesar de nuestras quejas recurrentes, Argentina da relativamente bien en los rankings mundiales de felicidad. La satisfacción con la vida es hoy bastante más alta que cuando empezó a medirse, en los años 80. A pesar de nuestras crisis, contamos con activos muy fuertes, como una sociabilidad intensa —que se plasma en que el 90% de las personas tiene a quien recurrir en momentos de dificultad y en que somos de los países donde más comemos con otros— en conjunción con una fuerte sensación de libertad.

Con el correr de las décadas, la percepción de que tenemos libertad para llevar adelante la vida que queremos aumentó, posiblemente por la consolidación de la democracia, de una mayor tolerancia cultural y una mayor autonomía de las mujeres. Creo que esa combinación de sociabilidad y liberalidad es más latinoamericana que específicamente argentina. Pero ojalá nunca la perdamos.

Moneda y precios: en los últimos doce meses la inflación triplicó el crecimiento de la base monetaria