Cartas de lectores: Interpelación a la sociedad, vuelta a la noria, Grabois
El artículo de Luciano Román del jueves pasado debe interpelarnos como sociedad. Los presupuestos millonarios y discrecionales de la Legislatura bonaerense se oponen al " rendir cuentas" que debe existir en las personas que trabajan para nosotros, pagadas con nuestros impuestos, o sea nuestro dinero. Para que existan los Insaurraldes, o los Chocolate Rigau hay un enorme agujero negro en el circuito del dinero de los ciudadanos. Algún juez (o jueces), fiscal (o fiscales) tiene que tomarse el duro trabajo de hacer un mani pulite en esta compleja red de corrupción. Como se hizo con Adorni. Ir hasta las últimas consecuencias.
Basta de discrecionalidad y de enriquecer a empleados del Estado manteniendo a sectores en paupérrimas condiciones de vida en cuanto a seguridad, salud y educación.
“Dar vueltas a la noria”, es una expresión aplicada a la reiteración constante de una rutina, o girar siempre sobre lo mismo. Hacía referencia a un sistema de extracción de agua de pozo. Una de las maneras para que funcionara era traccionado por una mula, burro o caballo. Llevada a la actualidad socio económica y política de nuestro país, alarma el desatino en todos los ámbitos de decisiones, el atraso manifiesto en la necesaria transformación de nuestro país. El mundo avanza, la tecnología abruma y parece que todo lo nuestro se hace en contra del resto, no a favor del todo y de todos: insistir sobre la candidatura de una ex presidenta presa e inhabilitada a ejercer cargos públicos y con procesos y juicios pendientes; la negativa de los legisladores de la provincia de Buenos Aires a brindar información solicitada por la Justicia en el caso chocolate Rigau, desnudando la complicidad de todo el arco político sin excepción, salvo el integrante del Frente de Izquierda; o los casos AFA, Adorni, el barco Bandido, etc, etc. Ni hablar de los palos en la rueda de la oposición, siempre destructiva, solo pensando en su regreso. Hasta aquí el pueblo demuestra cultura de sacrificio a la espera de un cambio, el tema es no seguir vulnerando su paciencia. Esperemos que la mula, el burro o el caballo dejen de andar, para no seguir dando vueltas siempre sobre lo mismo. Carlos Spangenberg
He visto con horror, aunque sin sorpresa, el comportamiento de Grabois dentro de una comisión de la Cámara de Diputados, a la que él pertenece. Este muchacho, que no es mas que un guapito de barrio desde su aparición en el terreno político, y claro, alentado por algunos políticos profesionales o, dicho de otro modo, profesionales de la política, ha mantenido siempre un comportamiento seguido de propuestas violentas, destructivas, caóticas, que ya fueron probadas en nuestro país, y que fracasaron estrepitosamente. Esto no puede ser de otro modo ya que todo su bagaje de ideas nace del odio y del resentimiento. Sabemos por nuestra historia reciente que ha demostrado que los frutos que nacen de esos árboles son venenosos. Pero, como decía, el comportamiento de este muchacho no puede asombrarnos. Ahora bien, el motivo de esta carta es preguntarles a los miembros de la Cámara de Diputados qué medida tomarán para sancionar por lo que ya hizo, y además, para que esto no vuelva a ocurrir. Sabemos que a ese cuerpo, como a tantos otros, le cabe el dicho “entre bueyes no hay cornadas”. Sin embargo, quiero recordarles a los señores diputados que ustedes son únicamente nuestros representantes, y no los dueños de la Cámara o del Congreso, donde puedan hacer lo que les dé las gana, muchas veces, traicionando flagrantemente a quienes se supone representan, que es lo que frecuentemente hacen. Por si no lo saben, la gente en general los vemos a ustedes divorciados de quienes los votamos y están allí para jugar a juego que nada tienen que ver con la gente, y por supuesto que tampoco nos interesa. Además de ello sospechamos, con fundados motivos, que están ahí mas más para hacer negocios personales y divertirse que para buscar el bien común de la gente, único motivo de su existencia.
Entonces, este es un buen momento para que con claridad y firmeza, por una vez en la vida, nos muestren que están más cerca de nosotros que de sus personales y propios intereses.
El arzobispo Jorge García Cuerva declaró que “el Papa se va a encontrar con una Argentina en crisis y dividida por la grieta”. En su homilía del pasado 9 de julio reclamó una jubilación digna para los jubilados. Todos coincidimos con su pedido. Con respecto a la grieta omitió decir quienes están en cada orilla. Sería de gran ayuda para los ciudadanos que lo manifestara claramente. Con respecto al pedido de una jubilación digna, debería investigar un antiguo programa televisivo (La Tuerca), que se mantuvo en el aire desde 1965 hasta 1974; con una repetición en 1982 y otra en 1989, en la cual cuatro jubilados sentados en un banco de plaza relataban sus penurias. Las mismas que relatan hoy. El arzobispo no había nacido cuando el sketch de los jubilados se hizo popular. No ha descubierto nada nuevo. Los jubilados siempre estuvieron mal retribuidos. Lo dicho es extensible para los periodistas, dirigentes sociales, manifestantes de los miércoles y opinadores que se rasgan las vestiduras por los “pobres jubilados”. Sólo se lograrán a futuro soluciones eficaces cuando la presión impositiva, previsional y sindical abandone la sola voracidad recaudatoria, y los legisladores abandones sus microclimas y tomen contacto con la realidad cotidiana.
Por fin, un gobierno pone de relieve la imperiosa necesidad de recuperar las capacidades perdidas de las Fuerzas Armadas de la Nación. La Oficina del Presidente de la Nación, en su comunicación del 28 de septiembre, fijó la postura estratégica de nuestro país respecto del control del Mar Argentino y de la defensa de los recursos naturales sobre los cuales nuestro país reivindica derechos soberanos, en el marco de la disputa de soberanía con el Reino Unido. Las Fuerzas Armadas constituyen un instrumento esencial de la defensa nacional y de la disuasión. Para cumplir eficazmente esa función, deben contar con capacidades, medios y adiestramiento suficientes para resultar creíbles. Una adecuada capacidad defensiva contribuye, precisamente, a desalentar posibles amenazas y a preservar la paz. Desde el restablecimiento de la democracia, los sucesivos gobiernos no otorgaron a la defensa nacional la prioridad necesaria, debilitando progresivamente las capacidades militares requeridas para cumplir con el mandato constitucional de proveer a la defensa común. Veo con beneplácito que el actual gobierno haya colocado nuevamente esta cuestión en la agenda nacional. La diplomacia constituye el instrumento fundamental para la resolución pacífica de las controversias, pero su acción se ve muy fortalecida respecto de los objetivos a alcanzar cuando un Estado dispone también de capacidades suficientes para proteger sus intereses estratégicos. La Argentina posee enormes responsabilidades en el Atlántico Sur. Debe ejercer sus derechos y asumir sus obligaciones sobre un vastísimo espacio marítimo, que comprende el mar territorial, la zona contigua, la Zona Económica Exclusiva y una extensa plataforma continental, sobre cuyo lecho y subsuelo nuestro país ejerce derechos soberanos conforme al derecho internacional. En conjunto, estos espacios abarcan aproximadamente 6.581.500 kilómetros cuadrados, una superficie equivalente a 2,35 veces la extensión continental terrestre de la Argentina. Se trata de un patrimonio estratégico de enorme valor que el país tiene la responsabilidad de conocer, proteger y preservar. Para afrontar semejante desafío se requiere una Armada con capacidad oceánica, moderna, equilibrada y en condiciones de operar y proyectar poder y presencia en las tres dimensiones: superficie naval y terrestre, submarina y aérea.
La defensa del Mar Argentino y de sus recursos no debería ser una política circunstancial, sino una verdadera política de Estado.
La ANAC ha simplificado muchos trámites para operar drones, lo que se celebra. Sin embargo, mantiene una exigencia difícil de entender: los mayores de 60 años deben renovar todos los años su Credencial Médica Aeronáutica (CMA), aun para operar drones pequeños. Para esa renovación se exige: 1. Análisis de sangre y laboratorio completo. 2. Audiometría y examen oftalmológico. 3. Ecografía de carótidas. 4. Evaluación psiquiátrica. 5. ECG y otros controles clínicos. Con el costo y el tiempo que esto implica, y la necesidad de trasladarse a un examinador autorizado.
La comparación es inevitable: la credencial de legítimo usuario de armas, aun después de los 60 años, se renueva cada cinco años acreditando antecedentes, aptitud psicofísica e idoneidad de tiro. Aplicar una exigencia médica anual propia de un piloto de línea para operar un dron de 250 gramos a 30 metros de altura, en VLOS y en un campo, parece desproporcionado. Sería hora de que la ANAC revise la RAAC 67.015 y adapte la normativa al riesgo real de la actividad. Llevar la vigencia de la CMA Clase 3 para RPA de bajo riesgo 5 años, con declaración jurada anual, sería razonable y evitaría convertir los 60 años en una barrera burocrática.
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