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lanacion.com.ar · hace 9 horas · Mariano Donadío

Los amos que no amaban a sus perros

LA NACION

Como se dice ahora, unpopular opinion: las más de las veces, tener un perro es tener un fastidio. Sí, a pesar de tantos siglos de popularidad, de tantas páginas escritas a favor, de tanta presencia en las redes -hay hasta perros influencers, con cientos de miles de seguidores- tenemos gente que no soportó más, gritó “hoy odio a mi perro” y salió a pedir ayuda.

Para ellos existe Dogs Anonymous (Perros Anónimos) un lugar en el que se reúnen aquellos dueños de mascotas que no aguantan a sus perros. “Puede que tengan que convencerme de que no me tire por un precipicio” explica alguien al comienzo de una reunión. “Admito que la vida con mi perro no es lo que me imaginaba” reclama uno. “Siento la vergüenza de tener un perro que se vuelve loco, sobre todo siendo mujer” confiesa otra.

Los grupos siguen el esquema de los 13 pasos de Alcohólicos Anónimos. El consuelo, si lo hay, consiste en escuchar a otras personas con el mismo problema, transmitir experiencias, compartir esperanzas. No es poco.

En su novela El extranjero, Albert Camus nos presenta al viejo Salamano, un anciano que maltrata a su perro (lo llama “cochino” y “carroña”) pero termina desmoronándose cuando pierde a esta mascota en una feria. Una relación ambivalente, que cualquiera asistente a Perros Anónimos podría reclamar como suya.

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