Las fotos que importan de una visita papal
Trabajé en la organización de la visita de León XIV a España y, al terminar cada jornada, me encontraba haciendo dos cosas: repasando lo que había dicho el Papa y mirando las imágenes que quedaban. Las palabras exigían atención. Las fotos, muchas veces, explicaban a quién había venido a buscar.
Esa experiencia volvió a mi cabeza durante su reciente viaje a Francia, mientras la Argentina se prepara para recibirlo en noviembre. Como periodista, sé que la foto con un presidente, un gobernador o una figura pública tendrá circulación inmediata. Pero si queremos entender qué hace León XIV cuando viaja, conviene mirar también las otras imágenes: sus encuentros con los jóvenes en España, su tiempo con enfermos y personas con discapacidad en Francia. En Lourdes, además, habló expresamente de acompañar a los enfermos y de cuidar su dignidad, en un país que acaba de promulgar una ley de eutanasia y suicidio asistido.
No se trata de gestos improvisados frente a una cámara. León prepara discursos para cada público y elige sus palabras con cuidado. En Madrid, ante las autoridades, elogió la riqueza de España y sostuvo que es la cultura del encuentro, y no la del enfrentamiento, la que genera estabilidad y prosperidad. En Francia defendió la dignidad de la persona y el derecho a la vida; ante los obispos, pidió audacia para anunciar el Evangelio y valentía para reconocer los errores de la Iglesia.
Es posible que en la Argentina suceda algo parecido. León XIV conoce la región y no necesita que nadie le explique cuáles son nuestros problemas, ni que vienen de larga data. La pobreza no nació ayer. Tampoco los reclamos por las jubilaciones, el financiamiento universitario o la atención a las personas con discapacidad. Sería extraño que un Papa que habla con tanta claridad de la dignidad humana pasara por el país sin referirse a algunas de esas realidades. Pero sería igual de extraño que redujera su visita a comentar la coyuntura política.
Cuando viaje a Buenos Aires, Córdoba y Luján, vendrá como pastor y como misionero. Hablará de asuntos sociales porque le importan las personas que los padecen, y porque son prioridades del Evangelio: “Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, fui forastero y me recibieron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, en la cárcel y fueron a verme”. También hablará de Dios, de la fe y de la misión de la Iglesia. Si tomamos únicamente las frases que sirvan para atacar al adversario o defender al gobierno de turno, habremos escuchado apenas un poroto de lo que vino a decir.
Hay otra oportunidad en juego, que va más allá del aspecto espiritual de la visita. Durante esos días, la Argentina estará ante los ojos del mundo. Podremos mostrar nuestras calles, nuestra capacidad de acogida y nuestra cultura. Tenemos una demostración reciente: los XIII Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 reunieron a más de 4.000 atletas de 15 países y convocaron, según el balance final de la provincia, a 3,5 millones de personas en las competencias y los espacios abiertos al público de sus tres ciudades sede. Quienes vimos la apertura en Rosario sabemos que podemos contarle al mundo una historia de la Argentina que no se agota en el fútbol ni en sus peleas.
Sería una expectativa poco argentina y poco realista pretender que los sectores de la política no utilicen la visita de una manera u otra. Pero que ya haya sectores pensando maquiavélicamente en qué misa hacer una “demostración de poder” —como si hubiese algo más importante en la eucaristía que la presencia de Cristo— es paupérrimo. El éxito de un viaje papal no se mide por a qué político le sonrió más o a quién le estrechó la mano, y las fotos que el mundo recordará casi seguramente no incluirán a ningún político.
Las fotografías más memorables de los viajes de León a España y Francia no necesitaron ese tipo de cálculo. En España, uno de los países con menor tasa de natalidad del mundo, lo vimos detenerse una y otra vez con los chicos, al punto de que en la organización nos pusimos a contabilizar a cuántos bebés bendecía por hora. En Francia, sus encuentros con personas enfermas y con discapacidad pusieron rostros concretos a sus palabras sobre el cuidado de la vida: seis chicos con síndrome de Down participaron como monaguillos en la misa de París, un gesto que —en momentos en que buena parte de los diagnósticos prenatales de esa condición terminan en aborto— dice mucho más que cualquier apretón de manos con el político de turno.
No hace falta atribuirle una intención secreta a cada imagen para advertir la coherencia entre lo que dice y las personas a quienes decide dedicar su tiempo, salteándose a veces el protocolo.
Cuando llegue a la Argentina habrá fotos protocolares, por supuesto. También habrá discursos que incomoden a distintos sectores, empezando por su propia grey. Ojalá les prestemos plena atención. Y, cuando haya pasado la visita, ojalá las imágenes que recordemos sean las que nos ayuden a ver a nuestros compatriotas: aquellos a quienes un Papa, en medio de una agenda exigente, decidió detenerse a escuchar, consolar, abrazar.
[La autora fue corresponsal ante el Vaticano de The Boston Globe, cofundadora y coeditora de Crux Now, viajó con el Papa Francisco a más de 30 países y dirigió el departamento de prensa internacional de la visita del Papa León XIV a España en Junio de 2026]