Toynbee en Argentina (IV)
Una circunstancia fortuita e inesperada atrajo la atención de Arnold Toynbee sobre el conflicto de Malvinas-Falklands durante su estancia en la Argentina en 1966. El historiador británico se encontraba en Córdoba, el 28 de septiembre, cuando una noticia concitaba la atención nacional e internacional: el secuestro de un avión de Aerolíneas Argentinas que salía de Aeroparque con destino a Río Gallegos y era desviado hacia las islas Malvinas por un comando nacionalista integrado por una veintena de jóvenes armados. El hecho se conocía como "Operativo Cóndor".
El episodio, que coincidía con la presencia de otro connotado visitante británico en Buenos Aires, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, fue seguido de ataques contra sedes diplomáticas británicas. El clima caldeado es reflejado en la crónica de los hechos que Toynbee le dedica en su libro Entre el Maule y el Amazonas, publicado en Buenos Aires por Emecé en 1968.
Toynbee se pregunta allí sobre las reales motivaciones de la acción, destaca la reacción de ambos gobiernos y la prudencia con que, según su interpretación, habían actuado las autoridades: “Bajo la capa de gestos aparentemente patrióticos -advierte- , los participantes en la escapada del comando y los más serios trasgresores que efectuaron los disparos, estaban buscando en realidad, crear dificultades a su propio gobierno, saboteando tal vez su intento de llegar a un acuerdo en la prolongada disputa sobre las islas”.
El historiador le dedica una especial atención a la cuestión de la soberanía. Todos los argentinos —concedía— podían coincidir en que las islas eran legítimamente argentinas. Pero se preguntaba qué ocurría con los isleños que vivían allí. Toynbee colocaba en tensión el derecho histórico y territorial de los Estados y los derechos y la voluntad de las poblaciones concretas.
No podía dejar de mirar el conflicto de las Malvinas desde su condición de británico, aunque se muestra comprensivo del alegato argentino. Pero tampoco lo reducía a una cuestión de orgullo nacional. Lo convertía, principalmente, en un problema de convivencia entre pueblos.
Esta reflexión sobre las Malvinas se conectaba con una preocupación más amplia: Toynbee veía con desconfianza la fuerza del nacionalismo porque consideraba que la fragmentación política podía impedir la integración de América Latina. Su comparación con Europa era inevitable. El proceso de integración europeo le ofrecía un ejemplo de superación parcial de las antiguas rivalidades nacionales, aun con todas sus dificultades. Advertía que la integración económica por sí sola no era suficiente. Era necesaria también una cierta integración política y, sobre todo, una transformación de las lealtades.
Toynbee había estudiado el modo en que los nacionalismos europeos habían alcanzado formas extremas durante el siglo XX. Documentó y denunció de manera pionera el exterminio sistemático de los armenios durante la Primera Guerra Mundial, cuando trabajaba como joven funcionario en el Foreign Office. Y el recuerdo de la Alemania nazi estaba todavía demasiado cerca. Por eso miraba con preocupación cualquier forma de patriotismo que pudiera transformarse en una suerte de religión política a disposición de los gobiernos para agitar las emociones colectivas.
En un mundo en el que la palabra soberanía adquiere renovadas acepciones y dimensiones, la mirada de Toynbee sobre el conflicto de las Malvinas nos recuerda que el verdadero desafío no radica en la intransigencia del orgullo nacional, sino en la madurez política para construir, incluso en el disenso, canales de comunicación y diálogo, y horizontes de integración posible.
"Esto no debería ser difícil, -escribe Toynbee hace sesenta años-, solo hay alrededor de dos mil isleños y una cantidad de opciones alternativas para ofrecerles. Pero sus derechos humanos deben estar garantizados y ésta es una condición a la que tendría que sujetarse cualquier solución del problema político". Salvo una desgraciada guerra perdida, no mucho ha cambiado desde entonces en lo que refiere al histórico conflicto y su relevancia estratégica y simbólica.
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