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lanacion.com.ar · hace 8 horas · Sofía Diamante

BlackRock: qué debe cambiar la Argentina para atraer inversiones ¿Esta conversación te resultó útil hasta

LA NACION

MAR DEL PLATA.– En un salón del Sheraton ante más de 500 empresarios, Pablo Goldberg recordó una escena de 2011. Ese año, en la Americas Society de Nueva York, presentó un análisis sobre 60 países con Cristina Kirchner sentada en primera fila. La Argentina aparecía con el peor “sharpe ratio macro” de la muestra, un indicador que adapta a los países la lógica con la que los inversores miran una acción: cuánto crecimiento entrega una economía en relación con su volatilidad. Al actualizar ese ejercicio para el segundo día del Coloquio de IDEA, comprobó que la posición del país solo empeoró.

Goldberg, argentino, es managing director, jefe de Research y portfolio manager de Deuda de Mercados Emergentes en BlackRock, uno de los mayores fondos de inversión del mundo, y lleva 25 años estudiando el país desde afuera. Moderado por Anna Cohen, tesorera de IDEA y presidenta del Grupo Cohen, su panel giró en torno a una pregunta concreta: ¿qué le falta a la Argentina para alcanzar el grado de inversión, la categoría que habilitaría a grandes fondos internacionales a comprar su deuda?

Para responderla, el economista desarmó la calificación que Moody’s le asigna al país y la comparó con la de Nigeria, El Salvador y Ecuador, que tienen una nota similar. Si se mira solo la “foto” actual —la riqueza, el desarrollo y la fortaleza económica—, la Argentina merecería el grado de inversión. El problema aparece cuando entra en juego la historia. Los defaults y el incumplimiento de contratos le restan tres escalones y la empujan a la categoría especulativa. “El pasado te condena de alguna manera”, resumió.

El segundo factor que pesa es la deuda externa del Estado en relación con su deuda total. El Gobierno recauda en pesos, pero se financia en dólares, y ese descalce de monedas genera vulnerabilidad. Según Goldberg, ese indicador vuelve a bajar a la Argentina del grado de inversión al de subinversión, una penalidad que no sufre ninguno de los otros tres países de la comparación.

Pablo Goldberg, de BlackRock, junto a Anna Cohen en el segundo día del Coloquio de IDEA, en Mar del Plata

La contracara es la debilidad del mercado local. La Argentina ingresó en el GBI, el índice de bonos en moneda local más usado por los inversores internacionales, pero salió en 2011 con los problemas del Indec. Volvió en 2017 y quedó afuera otra vez tras el default de la deuda en pesos y el regreso del cepo. Hoy su peso es nulo, mientras que Colombia representa el 1,9% del índice.

La institucionalidad completa el diagnóstico. Goldberg mencionó la independencia del Banco Central, la credibilidad de las estadísticas oficiales, los juicios por los cupones atados al PBI y el respeto de las reglas. También destacó que empieza a instalarse la idea de que el país no puede tener grandes déficits fiscales y que imprimir moneda no crea riqueza.

Los beneficios de mejorar la nota serían inmediatos. La curva que relaciona calificación con riesgo país es muy empinada al principio, por lo que los primeros avances implican bajas importantes en el costo de financiamiento. Los países con grado de inversión pagan menos de 200 puntos básicos por encima de los bonos del Tesoro estadounidense; la Argentina ronda los 600.

En 1994, recordó, en el mercado se repetía que la Argentina no era México. “Ahora me gustaría ser México”, dijo. La calificación mexicana le daría al país un acceso casi automático a un mercado de capitales más profundo y prácticamente duplicaría su peso en los índices, sin contar el impacto sobre la deuda corporativa. Para las compañías, explicó, la nota soberana funciona como un techo, un “código postal” que limita su capacidad de endeudarse.

Goldberg advirtió que la competencia por el capital es cada vez más aguda, con dudas sobre la deuda de Estados Unidos y Francia y tecnológicas que demandan enormes sumas. En ese contexto, valoró la mejora de las cuentas externas impulsada por la energía, la minería y el agro. Colombia perdió y recuperó el grado de inversión, y Paraguay lo consiguió, pero el desafío argentino es mostrar un quiebre con su historia.

La clave, insistió, es bajar la volatilidad. Los inversores observan qué hacen los argentinos antes de cada elección, cuando se refugian en el dólar. “Si el local desconfía, ¿por qué tendría yo que confiar?”, planteó. Y puso como ejemplo a Perú y a Uruguay, países que cambian de signo político sin modificar las reglas básicas. “Lo mejor que queremos hacer es comprar un bono y olvidarnos”, dijo.

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