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clarin.com · hace 21 horas · Clarin.com - Home

De Hamlet, a Carrozas de Fuego

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¿Qué hilo une personajes tan disímiles como Hamlet, el atleta Eric Lidell o el actor Andrew Scott?. Ya lo veremos, de eso se trata esta historia. Viene a cuento de una película titulada “Elsinore”, que acaba de estrenarse en el Reino Unido y que en algunos meses estará entre nosotros. Dirigida por Simon Stone y protagonizada por Andrew Scott –el mismo que impresionó con la serie de Tom Ripley hace poco y que aparecerá en breve en la promocionada “Tiempo de victoria” sobre el desembarco de Normandía- la película no trata exactamente de Hamlet. Aborda el final de un actor que hizo una magistral interpretación de la obra de Shakespeare: Ian Charleson. Si Charleson fue Hamlet, Scott es Charleson. El comentario en The Guardian indica: “Esta película no es tan triste como podría haber sido. En cambio, rebosa emoción y humanidad de principio al fin”. Pero… “recomiendo llevar una caja grande de pañuelos. Puede que los necesiten todos”.

Algunos recordarán a Charleson en el cine. Asumió uno de los roles centrales de Carrozas de Fuego, el de Eric Liddell –escocés, igual que el actor- que alcanzó la gloria olímpica en los Juegos de París, cuando ganó la medalla de oro en los 400 metros planos y batió el récord del mundo. También fue un destacado jugador de rugby y jugó para la selección de su país. Ferviente religioso, dejó el atletismo y se marchó como misionero en China. Allí, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando llegaron los invasores japoneses lo internaron en un campo de concentración. Murió poco después por un tumor cerebral.

Aunque a Ian Charleson también se lo vio en otro éxito del cine de los 80, Gandhi, su carrera se concentró en el teatro.

A fines de la década –cuando asumirse gay o sufrir el sida- era casi tabú, Ian Charleson lo hizo. Muy enfermo, y en medio de su tratamiento médico, lo convocaron para una puesta de Hamlet en el Teatro Nacional, en Londres, en reemplazo de Daniel Day Lewis.

El director Richard Eyre contó que, debido a la enfermedad de Charleson “la mayoría de la gente me dijo que estaba completamente loco. La prensa, como de costumbre, fue detestable en sus indagaciones. Simplemente me mantuve firme en mi decisión. En retrospectiva, fue la correcta. Él fue heroico y absolutamente brillante en el papel». La producción se mantuvo en cartelera durante seis semanas y fue considerada por muchos como una de las mejores representaciones de Hamlet jamás vistas. Al día siguiente de la última función de Charleson, Ian McKellen rechazó el premio Evening Standard al mejor actor y, en su lugar, le entregó su estatuilla a Charleson.

Este murió el 6 de enero de 1990 y había pedido que el sida figurara como la causa, un acto valiente en un momento en que la enfermedad era un estigma. Tenía apenas 40 años.

«Hamlet es un poema sobre la muerte», escribió Eyre. «Narra uno de los grandes ritos de paso de la humanidad: la transición de la inmadurez a la aceptación de la muerte. Hamlet crece, en efecto, para morir».

Ian McEllan escribió un texto conmovedor, a la altura de la aquella actuación, la última de Charleson:

“Esa noche, Ian estuvo a su altura. Nunca intentó gritar. Su voz era firme y dulce. Los soliloquios son donde Hamlet suele flaquear, pero Ian los recitó como si fueran conversaciones sobre la vida y la muerte, y redujo el vasto auditorio a la intimidad de un salón. Eso habría sido extraordinario en cualquier circunstancia, pero dado que su garganta estaba físicamente deformada y sus pulmones afectados, estábamos presenciando un casi milagro de voluntad y energía. Físicamente, conservaba sus fuerzas, pero con tanta astucia que parecía la actuación que habría querido ofrecer si hubiera estado completamente bien. Solo sus ojos le fallaban. Es desalentador cuando la parte más expresiva del rostro de un actor no funciona correctamente. Pero, sinceramente, no importó y, en algunos momentos, al adentrarse en la penumbra, lo vimos tan hermoso como siempre”.

Ahora es Andrew Scott quien intenta recrear aquella actuación. Y tiene antecedentes para hacerlo: interpretó Hamlet una década atrás, durante 150 funciones. Le comentó a la revista People: “La idea de que Ian Charleson lo hiciera, mientras estaba tan enfermo, es alucinante. Increíblemente valiente. Me siento un privilegiado por hacer el papel de Ian. Quiero que la gente entienda que él intentaba vivir; no se trata de fetichizar su muerte. Estaba lleno de vida y alegría, e hizo algo extraordinario».

El citado comentario en The Guardian es elocuente: “El director Stone y el guionista Beresford han creado una película inmensamente inspiradora y conmovedora, muy diferente a la mayoría de las película ambientadas en la crisis del sida que se cobró tantas vidas jóvenes. Esta, como Hamlet, trata sobre mirar la muerte a la cara y cumplir un sueño que parecía imposible. Y lo que destaca de Elisore es, sobre todo, una actuación memorable de Andrew Scott, quien encarna a la perfección el corazón y el alma de otro actor, encontrando la esencia emocional y la determinación para aprovechar esta última oportunidad sin importar el precio”.

Luis Vinker

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