De tema tabú a fenómeno económico: la menopausia busca su lugar en la agenda global
(Desde Río de Janeiro) — La menopausia tiene poca prensa. Durante muchos años ha sido un tema más de los invisibilizados, aunque lentamente el león dormido comienza a despertar. Así lo demuestran los 4000 asistentes al Congreso Mundial de Menopausia que arrancó este miércoles 30 de septiembre en Rio de Janeiro. Allá por 1976 tuvo lugar en Francia un primer encuentro sobre esta temática que decantaría —un par de años después— en la creación de la International Menopause Society (IMS). Medio siglo después, la cita mundial agotó sus lugares en Rio de Janeiro, recibió más de 900 trabajos científicos y se ha convertido en una red global en la que se vinculan más de 70 países.
El abordaje actual del tema implica considerar a la menopausia como uno de los temas centrales de la conversación cotidiana, que las propias mujeres hablen de lo que significa transitar esta etapa en la vida reproductiva y que, en especial, las políticas públicas abran la puerta, de una vez por todas, a un tema que impacta también en la productividad de las empresas y los gobiernos. Porque además de ser para muchas un estigma y un problema de salud, también es un tema económico.
La transición demográfica global estima que para 2030 más de 1.200 millones de mujeres en el mundo estarán atravesando la menopausia y cerca de 47 millones estarán ingresando en la fase ese año. Un dato aportado por la Dra Jane Barret de la iniciativa global Map Alliance cobra relevancia porque "1 de cada 5 mujeres tendrá síntomas que afectarán su vida". Mujeres que estarán en plena etapa laboral, lo que desafía a los gobiernos a considerar este ciclo de la salud femenina como hecho relevante. Y a poner manos a la acción.
El impacto económico de la menopausia está detallado en algunos informes del McKinsey Health Institute en colaboración con el Foro Económico Mundial, titulados de forma general bajo la iniciativa de cerrar la brecha de salud de las mujeres ("Closing the Women's Health Gap" / "A Blueprint to Close the Women's Health Gap"). En ellos se estima que abordar adecuadamente los síntomas y el diagnóstico de la menopausia representaría una ganancia estimada de $120.000 millones de dólares anuales en el PBI global hacia el año 2040.
Pensando en América Latina los datos no son tan claros. No abundan las cifras para dimensionar el fenómeno local, pero este congreso y las ruedas de discusión previa exponen una realidad que ya no se puede tapar. El 49% de la población mundial son mujeres.
La menopausia son 12 meses consecutivos sin período menstrual. La perimenopausia son los años previos en los que el cuerpo va recibiendo “señales” o “síntomas”. Esta es una de las etapas que más está entrando en el radar de médicos, investigadores y de la industria farmacéutica con adelantos que pueden ayudar a controlarlos. Terapias hormonales, no hormonales y todo un sinfín de avances para mitigar la niebla mental, los sofocos y la sequedad vaginal, entre otros síntomas.
Finalmente, el climaterio es el periodo de la vida en que cesa la función reproductora. Así, desde el punto de vista médico la menopausia es solo un evento específico y el climaterio todo el proceso. Sin embargo, suelen usarse indistintamente y con poca profundidad, lo que no sorprende dado el escaso lugar que ocupa la investigación en temas de salud femenina en la inversión global. Datos del World Economic Forum señalan que sólo el 6% de los aproximadamente 2,9 billones de dólares del capital privado total en salud se destina a condiciones que afectan a las mujeres.
Incluso en este reducido porcentaje de inversión, la gran mayoría (el 90%) se asigna a solo tres áreas: cánceres femeninos, salud reproductiva y salud materna. Sin embargo, se descuidan en gran medida muchas otras condiciones que afectan a las mujeres de manera única o desproporcionada en comparación con los hombres.
Entrados a este punto hay que hacer una distinción necesaria. La menopausia no es una enfermedad, sino una transición biológica vinculada con el final de los ciclos menstruales y de la etapa reproductiva. Eso no significa, sin embargo, que deba ser ignorada desde el punto de vista sanitario.
Durante la transición menopáusica pueden aparecer síntomas de distinta intensidad y duración que, en determinados casos, afectan significativamente la calidad de vida y requieren consulta, seguimiento o tratamiento.
La agenda científica del Congreso permite dimensionar hasta dónde se amplió esa mirada. Ya no se discuten únicamente los sofocos, probablemente el síntoma popularmente más asociado con la menopausia. La investigación alcanza la salud cardiovascular y ósea, el sueño, la sexualidad, los cambios cognitivos, la salud mental y el envejecimiento saludable.
Aimee Spector, profesora del University College London, aborda en Río la salud cognitiva durante la transición menopáusica y las evidencias existentes alrededor del brain fog, incluida su diferenciación respecto de la demencia.
Richard Anderson, de la Universidad de Edimburgo, presentará investigaciones sobre envejecimiento ovárico, daño del ADN, inflamación y fibrosis. Antonio Cano, de la Universidad de Valencia, analizará la relación entre menopausia, fragilidad y envejecimiento saludable.
El programa introduce también cuestiones que exceden el consultorio. Una de ellas es cómo incorporar la atención de las mujeres de mediana edad dentro de los sistemas nacionales de salud. Otra, mucho más incómoda, es qué ocurre cuando el creciente interés social por la menopausia se transforma también en una oportunidad comercial.
El encuentro cerrará precisamente con una conferencia de la médica canadiense Jen Gunter titulada "Menopause for Sale" (Menopausia en venta), dedicada a analizar la desinformación, la comercialización y monetización que acompañan el crecimiento acelerado del mercado alrededor de esta etapa de la vida.
El fenómeno abre una discusión que recién comienza: ¿por qué la menopausia se convirtió ahora en un asunto global?
Paralelamente, y en el marco del Congreso Mundial se presentó la Menopause Advocacy and Policy (MAP) Alliance integrada por especialistas en salud de la mujer, investigación clínica, academia, políticas sanitarias e industria, que es financiada y facilitada por Bayer y que busca impulsar cambios en tres terrenos: atención sanitaria, políticas públicas y lugares de trabajo. Su primer relevamiento sobre 12 países encontró que ninguno cuenta todavía con un sistema considerado maduro, plenamente financiado y coordinado para la atención de la menopausia.
"Ningún país tiene un estándar de oro. Tenemos algunas burbujas de buenas prácticas, pero eso no alcanza", dijo la Dra Jane Barratt. "Nos merecemos más", aseguró. Y pidió trabajar con valentía y persistencia.
La preocupación pasa por entender el efecto que determinados síntomas pueden tener cuando adquieren intensidad suficiente para interferir con la vida cotidiana y laboral. Un estudio realizado sobre 3.523 mujeres de entre 40 y 60 años de 12 países latinoamericanos encontró que, entre quienes presentaban síntomas severos, 82,1% reportó una disminución de su rendimiento laboral, frente al 56,7% entre aquellas sin síntomas severos. Además, 42,4% de las primeras informó haber tomado licencias médicas, contra 29,5% del segundo grupo.
El impacto potencial trasciende así el ausentismo. También aparece el denominado presentismo (continuar trabajando, pero con una capacidad de desempeño afectada), además de posibles consecuencias sobre las horas trabajadas, las oportunidades profesionales y la permanencia en el empleo. Para las empresas, la discusión incorpora el costo de perder productividad o incluso talento experimentado en una etapa en la que muchas trabajadoras acumulan décadas de conocimiento y formación.
MAP Alliance plantea por eso que la menopausia debería ser considerada no sólo una cuestión sanitaria sino también un asunto económico y laboral, y convoca a gobiernos, sistemas de salud y empleadores a desarrollar respuestas específicas. Cuánto cuesta efectivamente esta transición para las mujeres, qué impacto tiene sobre sus ingresos y carreras y cuánto representa para las empresas y las economías será parte de una discusión más amplia que PERFIL abordará en próximas entregas.
"Las mujeres de hoy no son las mismas que las de generaciones anteriores, y las mujeres del futuro volverán a ser diferentes", sostiene Rossella Nappi, presidenta de la International Menopause Society (IMS). La frase ayuda a explicar por qué el tema adquirió otra dimensión.
Las mujeres viven más, tienen trayectorias laborales más prolongadas, alcanzan posiciones profesionales de mayor responsabilidad y llegan a la menopausia en un momento muy diferente de sus vidas respecto de generaciones anteriores. En muchos casos, la transición menopáusica coincide con una etapa de alta experiencia profesional y acumulación de capital humano.
Y ahí la menopausia comienza a convertirse también en una cuestión económica. ¿Qué sucede cuando determinados síntomas interfieren con el sueño, la concentración o la capacidad para desarrollar una jornada laboral? ¿Existe un impacto sobre el ausentismo y, especialmente, sobre el presentismo, es decir, continuar trabajando pero hacerlo con menor capacidad de desempeño?
¿Puede afectar decisiones profesionales, ascensos, reducción de jornadas o permanencia en el mercado laboral? ¿Qué ocurre con los ingresos de una mujer cuando esos efectos se prolongan durante años? ¿Y qué costo tiene para una empresa perder o desaprovechar trabajadoras experimentadas precisamente cuando alcanzaron una etapa de alta calificación?
Estas preguntas empiezan a aparecer en la investigación internacional y adquieren especial importancia a medida que las sociedades envejecen.
Sin embargo. la visibilidad también tiene una contracara porque alrededor de la menopausia está creciendo un mercado que comprende medicamentos, suplementos, aplicaciones, consultas, productos de bienestar, nutrición, tecnología y servicios especialmente dirigidos a mujeres de mediana edad.
Ese crecimiento abre oportunidades para la industria farmacéutica y para nuevos negocios vinculados con la salud y la longevidad femenina. Pero también plantea una frontera delicada entre una necesidad sanitaria hasta ahora insuficientemente atendida y la posibilidad de medicalizar una transición natural o vender soluciones cuya evidencia científica puede ser insuficiente. Por eso una parte de la agenda del Congreso estará dedicada a la desinformación y la comercialización.
"Es vital facilitar que las mujeres y los profesionales sanitarios puedan distinguir la evidencia y los hechos de las opiniones, la desinformación y las afirmaciones comerciales", advierte Nappi.
La paradoja sintetiza bastante bien el momento actual: la menopausia probablemente nunca tuvo tanta visibilidad, pero esa mayor exposición no significa necesariamente que exista mejor información, acceso equitativo a los tratamientos o políticas públicas adecuadas.
El Congreso de Río permite observar el comienzo de un cambio más amplio. Durante décadas, buena parte de la relación entre salud reproductiva femenina y economía estuvo concentrada en el embarazo, la maternidad, las licencias y los cuidados. La extensión de la vida laboral y el envejecimiento de la población empiezan a incorporar una etapa posterior a esa conversación.
¿Cuánto cuesta atravesar la menopausia? ¿Quién puede acceder a tratamientos y quién no? ¿Qué impacto tienen los síntomas severos sobre el empleo y los ingresos? ¿Cuánto pierden las empresas por ausentismo, presentismo o salida de trabajadoras experimentadas? ¿Deberían existir políticas laborales específicas? ¿Qué papel corresponde a los sistemas de salud? ¿Y qué parte del creciente interés responde a una necesidad largamente desatendida y cuál al nacimiento de un nuevo mercado?
Son preguntas sanitarias, pero también económicas. La menopausia salió del ámbito privado. Ahora empieza la discusión sobre qué significa para una generación de mujeres que vive más, trabaja más años y tiene un peso económico que sus antecesoras no tuvieron.