← Volver
clarin.com · hace 13 horas · Clarin.com - Home

Lecciones de (auto) ficción

Google

Hay cosas que se ponen de moda. En los años 90 fueron las novelas históricas. Entonces, se publicaron decenas de novelas históricas. Desde hace una década, abunda la autoficción, ese tejido híbrido en el que lo sucedido al autor se transforma en literatura. Julia Coria escribió un ensayo al respecto: se titula El ombligo del mundo: Notas para escribir autoficción (La Crujía), además de un libro sobre aspectos de su vida y novelas. Y ahora se dedica a romper las convenciones de ese formato con un libro que es como un torpedo.

La escritora Julia Coria. Foto: Juano Tesone.

En el origen de A través del universo (Tusquets) hay unas cartas. Reales. Son textos que su mamá, María Ester Donza, fue enviando en los años 70 a una prima que vivía en Estados Unidos. “Le escribía contándole los chimentos familiares, pero también las peripecias en la facultad”, explicó Coria hace un mes.

Luego de eso, su madre fue secuestrada y permanece desaparecida al igual que su padre, Roberto Julio Coria. María Ester era maestra y fue retenida con su hija de dos meses. A la beba (Julia, la real) la entregaron a los abuelos. De ellos se sabe poco.

María Ester Donza es protagonista de A través del universo. ¿La real? También Roberto y su familia. Y los Donza. Incluso la foto de portada es de María Ester disfrazada de monja durante el carnaval de 1971 en Adrogué. La trama aborda la desaparición de jóvenes militantes políticos y el silencio que enmudece su recuerdo.

Contó la autora que aquellas cartas, reales, fueron el sustrato donde nació la novela. “Lo que yo hice fue usarlas para contar una historia que no es la historia de mi madre ni la de ninguno de los personajes que están ahí”, dijo.

Las cartas recorren toda la novela, las reales. Pero se completan con otras ficticias. "El resto las escribí yo. Me encanta que la gente no note ese relevo”, confesó.

La escritora Julia Coria. Foto: Juano Tesone.

La novela, así, desafía al corazón de una moda. No es una de esas historias de Emmanuel Carrére o de Javier Cercas, que cuentan hechos reales con procedimientos ficcionales. No es tampoco una ficción basada en hechos reales. Ni autoficción ni la biografía de sus padres, aunque hay huellas de ellos en las páginas.

Lo que sobrevive al estallido, al final, cuando terminan los agradecimientos y, con ellos, se acomodan algunas ficciones reales y otras realidades ficticias, es eso que siempre hace la literatura: contar una buena historia y atrapar una época.

Débora Campos

Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín

Newsletter Clarín