Argentina quiere —y puede— salir de la pobreza
Hasta el 2001, la inmensa mayoría de los argentinos vivíamos de nuestro trabajo —fuera o dentro de la ley—: en relación de dependencia, cuentapropismo, grandes, medianos, pequeños o microempresarios, rurales o urbanos…
Hasta diciembre del 2001, había SÓLO 137.000 SUBSIDIOS sociales individuales… Entre enero y marzo del 2002, la presidencia Duhalde distribuyó 2 millones de planes sociales para paliar las consecuencias de la crisis de ese entonces.
Al día de hoy, del 1 al 5 de cada mes, se distribuyen más de 7 millones de cheques —sin intervención de intermediarios ni “punteros”— actualizados mes por mes por indexación automática.
Hoy, entre los desocupados, semiocupados, subsidiados sociales y jubilados de menos de $1 millón y medio mensuales, más del 65% de la población vive debajo de la línea de pobreza…
La “Argentina peronista”, aunque administrada por no peronistas durante 40 de los últimos 80 años, se diluyó en la “Argentina kirchnerista”, que inauguró el ciclo del “pobrismo hegemónico”, y hoy vivimos el período “libertario” con su expectativa de una nueva era de capitalismo con prosperidad .
Pero la realidad es que la “continuidad” de la “grieta” sigue siendo nuestra seña de identidad.
Curiosamente, el agotamiento del sistema peronista-radical le da una oportunidad al liberalismo —siempre presente en el texto de nuestra Constitución Nacional— para establecer una sociedad en condiciones de generar reglas competitivas internas y externas.
Pero el tiempo de MADURACIÓN del nuevo esquema requiere una década para producir un impacto verificable en forma masiva. Eso representa 5 ELECCIONES por delante.
¿Es posible —y administrable— políticamente la “paciencia social” como para que la mayoría de la población sienta que “no va a llegar a fin de mes” durante los próximos 120 meses, y aun así, seguir creyendo?
Hagamos de cuenta que las cosas salen “muy bien” y los 120 meses se convierten mágicamente en 60 u 80 meses. Igual, se requiere la consolidación del “rumbo” en el marco de un acuerdo de unidad nacional y la aplicación de “paliativos” que ayuden a recorrer esa transición.
La viabilidad del PRESENTE no depende de la confianza en una PERSONA, sino de la SOLIDEZ institucional que Argentina pueda representar de cara al FUTURO.
El riesgo, más que el “riesgo Kuka”, sigue siendo el “riesgo argentino”... Seguro que podemos superarlo… pero tenemos que demostrarlo…