Milei, atrapado entre la grieta política y económica
En varios pasajes de la política argentina, como en el actual, uno de los grandes errores fue haberse manejado en el mundo de las relaciones internacionales como si se tratara de una disputa política local, barrial, con chicanas propias de una confrontación doméstica.
El presidente Javier Milei y el gobernador Axel Kicillof, ideológicamente en las antípodas, se presentan como los principales competidores para la elección del año próximo. Ambos pasaron por Nueva York y dieron el ejemplo de lo que no debe hacer un país con tantas limitaciones económicas y sociales como la Argentina.
El propio Milei con su habitual verborragia disparó "si aparecen pelotudos hablando por Nueva York, sube el riesgo país". Se refería a Kicillof, a quien el Gobierno ha ubicado como el único rival a vencer, para generar una polarización en la que salga beneficiado el libertario. ¿Tanto es el poder de la palabra del gobernador bonaerense como para hacer subir el riesgo país, o en realidad han generado tal incertidumbre política que provoca esos temblores?
Del otro lado, Kicillof, sentado al lado del alcalde neoyorquino Zohran Mamdani, la antítesis de Trump, aseguró que es una "catástrofe" lo que está haciendo el gobierno libertario en la Argentina. ¿Qué inversor puede sentirse atraído por un país cuyo gobierno puede cambiar el año próximo, y también de modelo y de reglas? Ninguno.
La pobre imagen que se brinda al exterior en conjunción con el nivel de incertidumbre, sumado a la baja de la actividad económica en julio del 2,9% y el aumento de la pobreza al 32,3%, es el cocktail que provocó que el JP Morgan corrigiera su pronóstico para la Argentina y admitiera que corre el riesgo de entrar en recesión en el próximo trimestre, como publicó Clarín. Ya no alcanza con hablar ante el mundo de la mayor cantidad de reformas de la humanidad, o decir que el 2028 va a ser el mejor año en la historia económica del país. No creen en las promesas del Gobierno.
La administración libertaria se ha sumado a la lista de gobiernos que no han podido romper el 30% estructural de pobreza de las últimas décadas. De acuerdo con el Observatorio de la UCA, a diferencia del primer semestre del año pasado en el que el índice fue similar, en aquel entonces la tendencia era hacia el descenso. Pero ahora se registra una proyección ascendente. Es decir que el segundo semestre de este año podría dar un número más alto.
Parece demasiado lejano, pero el primero de marzo pasado Milei iniciaba el año legislativo con semejante hegemonía política para un gobierno no peronista que había aprobado una reforma laboral impensada y vaticinaba en su discurso que cambiaría la historia. Sin embargo, todo se fue diluyendo, y aquellos gobernadores aliados que alimentaban esa supremacía, hoy le manejan la agenda legislativa a la Casa Rosada.
Quedó claro con la aprobación de la quita de subsidios de gas a las Zonas Frías a cambio de más subsidios de electricidad para las Zonas Cálidas. Con los cambios en la reforma de la carta orgánica del Banco Central o la disputa por los fondos para la Discapacidad, ya que, primero, obligaron al Gobierno a dar marcha atrás con el texto, y ahora pretenden que el ministro Luis Caputo les garantice que las partidas estarán.
Lamentablemente, lo que está ocurriendo era previsible. El riesgo de jugar a la grieta en un país que necesita dar señales contundentes de previsibilidad. Le sucedió a Cristina Kirchner con Mauricio Macri en 2015; luego a Macri con Cristina en 2019; después a Cristina con Milei en 2023 cuando lo empujó para quitarle votos a Macri.
Milei ha quedado atrapado en una grieta que no solo le da chances al peronismo de regresar al poder, sino que hasta le genera competidores internos a la presidencia como Patricia Bullrich o, eventualmente, algún gobernador. El problema reside en que durante un año Milei deberá timonear un país con serios problemas económicos y con un futuro incierto más allá del 2027.
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