← Volver
lanacion.com.ar · hace 1 hora · Elisabetta Piqué

Cardenal Ángel Rossi: “León XIV encontrará una Argentina cascoteada, socialmente bajoneada y en la que se escucha un lenguaje triunfalista”

LA NACION

ROMA.− El cardenal Ángel Sixto Rossi, arzobispo de Córdoba y una de las voces más fuertes en defensa de los descartados, no tiene dudas. Para él, el papa León XIV encontrará una Argentina “cascoteada, donde está instalada la maledicencia, que se resiste a buscar qué cosa nos une, socialmente muy bajoneada, donde se escucha un lenguaje triunfalista, pero con una realidad realmente, no me atrevería a decir catastrófica, pero sí muy frágil”.

“A veces ese mensaje no real también es indignante, también desune, también enerva. Sería más lindo poder reconocer que andamos mal y que vamos a intentar entre todos salir, en vez de simular una especie de triunfalismo que no es real”, planteó, sin mencionar, en forma diplomática, al gobierno de Javier Milei.

El cardenal Rossi participó en Córdoba de la presentación de la "Pizza León XIV", en homenaje al pontífice, en agosto pasado

En una entrevista telefónica con LA NACION, Rossi, vicepresidente primero de la Conferencia Episcopal Argentina, jesuita y discípulo de Jorge Bergoglio, destacó la visita que hará el Papa al Pequeño Cottolengo Don Orione: un gesto evangélico, en favor de los más frágiles, que comparó con el primer viaje de Francisco a la isla de Lampedusa, símbolo del drama de los migrantes.

De 68 años y creador de la Fundación Manos Abiertas, que desde 1992 brinda ayuda a las personas más pobres en diferentes centros del país, definió la visita de León XIV como “un gesto de mucha delicadeza, porque es un modo de honrarlo a Francisco”.

−Hay una enorme expectativa por la llegada del papa León: ¿cómo lo está viviendo usted, jesuita que fue novicio de Jorge Bergoglio y siempre muy cercano a él?

−Uno se adhiere o siente el testimonio de la alegría y el entusiasmo del pueblo, de la gente. Tengo la sensación, sin desmerecer la propia, que ellos nos superan en esta expectativa, en esta esperanza. Me acordaba de El Principito, de Saint-Exupéry, y en el principio, cuando el zorro le pide al principito que le avise a qué hora va a venir para empezar tres horas antes a disponer el corazón: a medida que se acerque la hora, mi corazón va a latir más fuerte y cuando vos llegues, le dice, mi felicidad será plena. Eso es lo que estamos hoy viviendo espiritualmente como pueblo de Dios. Hay un latir del corazón de nuestro pueblo que va in crescendo, y ese gozo será pleno cuando tengamos en frente al Papa y podamos escucharlo.

De formación jesuita, el cardenal Rossi es un discípulo del papa Francisco

−Como jesuita y como discípulo o hijo de Francisco, de Jorge Bergoglio, si bien algunos unen la venida de León con la no venida de Francisco, su visita es un gesto de mucha delicadeza de parte de él, porque es un modo de honrar a Francisco. Es como seguirle el tranco de huella y poder completar lo que Francisco hubiera querido, sin entrar a ver por qué sí, por qué no. De parte del corazón de León XIV es una delicadeza muy grande.

−En esta breve visita de León XIV, a quien usted conoce bien desde el cónclave, Córdoba resultó una ciudad “premiada”. ¿Por qué cree que se privilegió a Córdoba?

−Sí, ciertamente, es válido sentirnos como premiados, entre comillas, por la visita. Uno lo agradece mucho. Córdoba sería la ciudad que representa el interior, porque lo demás es Capital Federal y provincia de Buenos Aires. León XIV viene a Córdoba, no porque seamos mejor que nadie… Personalmente, no hubiera tenido ningún problema y quizás hubiera hasta deseado que vaya a Santiago del Estero. Córdoba tiene su historia, su tradición religiosa, la realidad geográfica de estar en el corazón de la Argentina y, además, ha sido protagonista en los últimos tiempos de muchos santos y beatos de estas tierras: Angelelli, Brochero, Esquiú, la Madre Tránsito Cabanillas, Catalina de María Rodríguez y figuras como Mamá Antula, santiagueña, pero que anduvo por estos lados. Para el Papa, Córdoba también representa el tema de la santidad de nuestro pueblo.

−Se admitió que no fue fácil armar la agenda de la visita del Papa. ¿Qué significa la visita al Pequeño Cottolengo Don Orione en la coyuntura actual?

−La visita al Cottolengo es una opción evangélica, es ser fiel al pasaje del capítulo 25 de San Mateo, es ser fiel al buen samaritano, a la opción preferencial −no exclusiva, pero sí preferencial− por los frágiles, por los débiles. Que hoy en el mundo, miserablemente, y en nuestra tierra, muchas veces han quedado medio al costadito del camino. La opción del papa León es como decir que el Evangelio pasa por aquí. Los primeros protagonistas, los más honrados por el Señor, son ellos, los más frágiles. Y en la figura del Cottolengo, de un modo particular, porque hay discapacitados graves y una fragilidad tan manifiesta y tan digna. Es como decirnos: no se dejen seducir por otros ámbitos, este es el nuestro, lo demás viene por añadidura.

−¿Por qué no figura en la agenda oficial el homenaje a Francisco que tendrá lugar en la Catedral, cuando el Papa celebre las vísperas junto a los obispos, el lunes 9 de noviembre?

−El homenaje a Francisco está planteado de un modo sencillo, pero yo creo que toda la visita de León es un homenaje a Francisco. Primero, por la misma decisión de ir al Cottolengo, que es el mismo gesto que tuvo Francisco cuando hizo su primer viaje a la isla de Lampedusa. Es como rendirle un homenaje, reproduciendo, no imitando, pero siendo fiel a la opción del papa Francisco, que no es sino la opción del Evangelio. Y eso no es un invento de Francisco, es animarse a vivir el Evangelio: como suelo decir, Francisco se animó a montar el evangelio en pelo, no le puso aperos, no lo suavizó, y creo que el papa León le sigue la huella en ese sentido de radicalidad y de valentía.

El arzobispo Ángel Rossi, en la presentación del programa de la visita de León XIV, en la Conferencia Episcopal Argentina

−Va a encontrar una Argentina cascoteada: no es la guerra, no son situaciones de catástrofe que tantos pueblos hermanos nuestros sufren. Es, quizás, de otra índole, más suave. Pero hay un deterioro, primero en la unidad. Encontrará una Argentina que se resiste a la unidad, pero se resiste porque a veces fomentamos la desunión con posturas extremas, con la maledicencia, que es el recurso de los mediocres. Está instalada la maledicencia, que no tiende puentes, sino que agudiza las contradicciones.

−Va a encontrar una Argentina que se resiste a buscar qué cosa nos une, una Argentina socialmente muy bajoneada, donde se oye un lenguaje triunfalista, pero con una realidad que no me atrevería a decir catastrófica, pero sí muy frágil. Una realidad que contrasta con un mensaje que parecería de otro planeta. Hay algo que está disociado entre el mensaje y la realidad de una Argentina en la que hay muchos que están sufriendo. A veces ese mensaje no real también es indignante, también desune, también enerva. Sería más lindo poder reconocer que andamos mal y que vamos a intentar entre todos salir, en vez de simular una especie de triunfalismo que no es real.

−Hay temor a que se politice la visita, como quedó claro en la inusual conferencia de prensa que se realizó en la Casa Rosada al conocerse la agenda oficial del viaje?

−Sí, es probable que cada una de las partes políticas intente lucrar con su venida. De todos modos, el sentir del pueblo le va a pasar por encima a todas estas mezquindades. Hay que poner la mirada en que viene el pastor. En otra época, Juan Pablo II vino en un planteo diplomático con la guerra con Chile, en 1982. En este caso, no viene el Papa por un tema diplomático, no viene a resolver una guerra, es el pastor que viene a visitar el rebaño. Por lo tanto, rebaños somos todos: todos somos oveja, digamos, oveja es Milei y oveja es Rossi, todos somos rebaño, cada uno en el lugar donde Dios nos ha puesto, pero hay que ubicarse así. Las mezquindades quedarán muy en el fondo, con toda la devoción, con toda la fe y todo el cariño de la gente manifestada al sucesor de Pedro.

−Siempre estas visitas son como cuando estábamos en el colegio: y al final de la clase la maestra nos dejaba deberes para la casa. Además de la esperanza que ya estamos viviendo, del baño de gozo que nos daremos cuando ya esté junto a nosotros, el gran desafío es que su visita no quede como un hecho que comenzó y terminó el 11 de noviembre, sino que tenga inercia. En ese instante comenzará el momento más fuerte: bajar a los gestos, hacer realidad lo que seguramente van a ser palabras paternales, de pastor, pero también de mucha claridad y de compromiso. Su visita es interpelante y no deberíamos quedar indiferentes, sino preguntarnos qué tenemos que hacer, qué nos sugirió el Papa que hagamos. Si el pastor viene al rebaño, es porque le trae algún mensaje, no es solo un saludo. Trae un desafío, un compromiso. Después de la visita debería notarse que nos visitó el pastor. Y eso depende de nosotros.

The Trust Project

© Copyright 2026 SA LA NACION | Todos los derechos reservados. Dirección Nacional del Derecho de Autor DNDA - EXPEDIENTE DNDA (renovación) RL-2023-95334553-APN-DNDA#MJ.Queda prohibida la reproducción total o parcial del presente diario.

App store