Demografía: qué hacer y qué no para evitar el default
Para pensar la caída de la natalidad en Argentina es importante separar lo que sabemos que va a suceder de lo que todavía depende de nosotros. Sabemos que la natalidad viene cayendo rápido y fuerte. Sabemos que, producto de esa menor cantidad de nacimientos, en la segunda mitad de la década del 2030 vamos a tener más personas dependientes (niños, niñas, adolescentes y personas mayores) que personas económicamente activas. Si no hacemos nada, esto, que se conoce como el fin del bono demográfico, va a resultar en familias con ingresos insuficientes, y en un default a nivel país (protagonizado por el colapso del sistema previsional). Pocas personas trabajando, sosteniendo a muchas personas dependientes.
Para identificar qué podemos hacer al respecto, tenemos que entender mejor las causas detrás de la caída de la natalidad.
La primera causa es tecnológica: el mejor acceso a métodos anticonceptivos, en particular los de larga duración, permitió que más mujeres que no querían ser madres pudieran evitarlo. El Plan de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia (ENIA) fue clave para disponibilizar estos anticonceptivos y que, consecuentemente, se redujeran estos embarazos (en su mayoría, no intencionales) en un 55%, lo que resulta una gran noticia. La segunda es económica. Tener hijos aumenta la probabilidad de encontrarse en la pobreza: impacta en las trayectorias laborales (especialmente para las mujeres), el acceso a servicios de cuidado es bajo, hay pocas licencias, transferencias de ingresos que todavía son bajas, y es difícil acceder a una vivienda. La tercera es la desafiliación: una crisis de pertenencia profunda (la vemos en menor participación electoral, menos confianza interpersonal, y más soledad, entre otras cosas). Golpea especialmente la formación de familias, con más hogares unipersonales y menos parejas estables.
La cuarta es el pesimismo acerca del futuro. Cuesta apostar veinte o treinta años cuando pensamos que el mundo puede atravesar un colapso ecológico o estar en guerra.
Entonces, teniendo en cuenta estos cuatro grupos de causas, ¿qué se puede hacer? El punto de partida es que es imprescindible diferenciar los casos en los que existe el deseo de tener hijos y donde no. Primero, tenemos que asegurar que quien no quiera tener hijos pueda sostener esa decisión: eso exige buen acceso a los anticonceptivos, hoy en riesgo por el retroceso del ENIA. Segundo, remover las barreras de quien sí quiere y no puede. Eso incluye mejorar el acceso a tratamientos de fertilidad, hoy carísimos, y mejorar las políticas de cuidado. Y tercero, propiciar la productividad: usar la tecnología, garantizar suficiente empleo (Argentina proyecta crecimiento, pero no necesariamente en sectores intensivos en mano de obra) y educación que prepare para esos puestos.
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín