La matriz exportadora
En el reciente seminario internacional del boletín informativo Techint, el economista Ricardo Hausmann efectuó una presentación sobre la relación entre desarrollo y grado de complejidad de las exportaciones (ICE) basada en los trabajos del Laboratorio de Crecimiento (LC) de la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard que creara en 2006. Hizo hincapié en que la estabilidad macroeconómica no era suficiente para asegurar el desarrollo poniendo como ejemplos la situación de Chile y Perú y comparándolas con Corea y Japón que impulsaron una diversificación de la estructura de las exportaciones incorporando nuevos bienes y de mayor nivel tecnológico.
Hausmann señaló la importancia de las empresas como causantes del cambio por su conocimiento directo sobre las necesidades del mercado y las posibilidades de mejorar los productos. La capacidad de introducir modificaciones se origina en el contacto directo con la producción que va abriendo encadenamientos para incorporar cambios tecnológicos y aumentar la productividad. En ese sentido, se mostró pesimista sobre los aportes que pueden realizar los centros de investigación oficiales alejados de ese contacto con la fabricación. En una reciente conversación en streaming, remarcó que muchos científicos están más interesados en la publicación de sus investigaciones en revistas especializadas, y contribuyen al conocimiento global, pero con escasa repercusión en sus países.
El razonamiento de Hausmann comporta una crítica a la reticencia de las empresas a incrementar las inversiones en “investigación y desarrollo”, que llama cajas negras, para mejorar la calidad de sus productos, eventuales encadenamientos y decisión de insertarse en el mercado internacional. Si bien no se detallan las razones de este comportamiento en comparación con las empresas asiáticas, se podría mencionar que las barreras al comercio internacional y retenciones a las exportaciones son características de los países que desalientan las inversiones orientadas a los mercados externos.
Hausmann, utilizando el sistema coreano como ejemplo, indicó que el proceso virtuoso comenzó por las patentes lideradas por los conglomerados económicos conocidos como chaebols, seguidas por las universidades e institutos de ciencia. Según los datos de su presentación, ese país tiene siete veces más investigadores por millón que la Argentina, invierte 9,4 veces más y genera 201 veces más patentes por millón. Es decir, produce 28 veces más patentes por investigador que la Argentina. Si bien no fue mencionado, la nacionalidad del capital de las grandes empresas, la protección de las patentes y el sesgo exportador jugaron un papel determinante en la orientación de las inversiones de las empresas coreanas. En cambio, en la Argentina el rasgo antiexportador y las altas tasas de ganancia obtenidas en el mercado interno por la falta de competencia explicarían la negativa del sector industrial nacional de invertir en “investigación y desarrollo”. Mientras los conglomerados coreanos suman infinitud de nuevos productos de mayor valor tecnológico a su plataforma exportadora, el agregado en la Argentina ha sido insignificante. El expositor sostuvo que la falta de confianza convierte la “caja negra” en un “agujero negro” donde se pierden recursos.
El mapa de países elaborado por el Laboratorio de Crecimiento, sobre la base de los datos de 2024, muestra que Argentina ocupa la posición 84.ª en el ICE, habiendo retrocedido 30 posiciones en la última década debido a la falta de diversificación de sus exportaciones. El comentario de esos datos dice que la composición de las exportaciones “es menos compleja” de lo esperado para un país de ingreso medio alto confirmando la falta de competitividad del sector industrial.
Los datos de comercio exterior de 2024 y del primer semestre de este año ya indican que las inversiones en energía, la reducción de los aranceles para bienes intermedios y la eliminación de las retenciones para productos regionales e industriales están teniendo un efecto positivo en la matriz exportadora. Todavía falta verificar si estos cambios serán permanentes y si alentarán al sector privado a invertir en “I&D” para sumar valor agregado y tecnología.