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infobae.com · hace 17 horas · Julio Bárbaro

Dolor País

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Dolor País era un título de la gran pensadora Silvia Bleichmar, cuyas notas solíamos leer con enorme interés. Bien podemos recurrir a él en estos momentos aciagos.

El presidente actual pasó bruscamente de su intento de vender nuestras tierras a la reivindicación de Malvinas. Nos preguntamos, entonces: si poco tiempo antes se hubiera aprobado la ley de venta, ¿hubiéramos arreglado el problema de las Islas solo por un par de pesos? Un disparate más entre tantos que vamos naturalizando con los múltiples y poco originales estímulos para evitar que la ciudadanía piense, como la desinformación, la tergiversación, el ocultamiento de noticias relevantes pero inconvenientes para el Gobierno, en suma, la necia y cínica protección ultra oficialista de toda índole.

La conducción de una sociedad, la política, debe ser pensada desde la satisfacción de las necesidades del conjunto y nunca desde los intereses y los precios de los bienes. La trillada frase “Europa está en decadencia” conduce al hartazgo, dado que ese continente, cuyos miembros disfrutan de salud y educación gratuitas, es todavía la sociedad más integrada del mundo. Es posible recorrer esos países con la admiración y el respeto que generan aquellos pueblos que han logrado una forma de vida digna. Del otro lado, se encuentran los exitosos Estados Unidos y Rusia, sociedades donde el poder económico es desmesurado y la miseria de muchos de sus integrantes deviene en la contracara de ese supuesto gran éxito. Y no estamos hablando de socialismo, sino de modelos, aquellos en los que se piensa en lo colectivo y no solo en los intereses de los vencedores.

He escuchado a varios opinadores televisivos decir que el gobernador de Buenos Aires se había unido con el izquierdista Zohran Mamdani. Si han llegado al nivel de ignorancia, mediocridad y macartismo de pensar que el intendente de Nueva York es de izquierda, es evidente que lo que necesitan tales comunicadores es lectura y curiosidad, como las que caracterizaron a tantos periodistas de diversas tendencias ideológicas en otros tiempos. De todos modos, no idealicemos el pasado: solían ser más cultos que muchos de los que escuchamos y vemos hoy, pero también supieron escamotear, ocultar y deformar la información durante la dictadura que sostenían o de la que eran cómplices.

La concentración económica en pocas manos nunca generó ese absurdo milagro del derrame, tan caro al ministro desregulador. En rigor es una forma de hacer que los ricos tengan más y que los pobres agudicen sus necesidades. Por eso, harta escuchar la simplista frase sin asidero según la cual “todo cambio transita el dolor y necesita de tiempo”. Cuando utilizan la palabra cambio se están refiriendo a la destrucción de la clase media y a la eliminación de la distribución de la riqueza, y su odio a docentes, científicos, universitarios, artistas, profesionales de la salud y discapacitados desnuda sin más su inexistente, por menospreciada, concepción de nación.

Haber concurrido a las Naciones Unidas para denigrar dicho organismo internacional y solicitarle a cambio apoyo es tan absurdo y patético por parte de Milei como esperar de una frase de Trump una colaboración que lesione los intereses de su principal aliado, Inglaterra. La política más importante es la internacional, y hoy nosotros, unidos a Israel, país mayoritariamente cuestionado por el resto del mundo, logramos diversos daños, coleccionamos molestias y ninguna adhesión, porque hasta la misma empresa que va a explotar el petróleo en las Malvinas pertenece a ese Estado del cual terminamos siendo uno de sus únicos seguidores.

Resulta patético ver la cantidad de insensatos que denuncian el riesgo “Kuka”, es decir, el peligro de la democracia como culpable de la alteración de la honestidad de sus proyectos. Si los programas de gobierno se hicieron para sobrevivir en el contexto de una democracia, jamás podrían ser alterados por ella. Sucede que cuando uno se pone a revisar el pasado, las normas vigentes son las mismas de todas las dictaduras, lo que nos lleva a pensar que si los gobiernos de facto con todo su poderío militar no pudieron fracturar las ganancias de las necesidades sociales, del comercio y de la industria, difícilmente pueda hacerlo un gobierno como este. De este modo, sube el riesgo país al acercarse la democracia porque este proyecto económico solo es viable en dictadura.

Duele también, y mucho, la medianía y la mala fe de la Justicia, en manos de sujetos que ni siquiera luchan por defender el prestigio y el respeto personal que les corresponde dado el lugar que ocupan. Nuestra Justicia está plagada de intermediarios, operadores, negociadores, y de inconcebibles sobreseimientos de los cuales siempre nos queda la sensación de que son el resultado de un porcentaje de la estafa realizada. Luego de enormes diferencias, Gobierno y oposición terminan coincidiendo en algunos nombres oscuros para ocupar roles decisivos en la Justicia por lo cual nos asiste el derecho de interpretar que hay acuerdos previos a la aprobación de dichos cargos, llamémosles “perdones” de negociados de ambos bandos ante los que esos jueces harán la vista gorda para consolidar el lugar que les tocó en suerte.

Por lo demás, continúa la desvergonzada privatización de aquellos espacios que supimos construir con el dinero y el esfuerzo de todos los argentinos y que por una supuesta teoría de mejorar su administración, se la llevan algunos grupos ligados al poder mediante una mísera suma de divisas que nada tiene que ver con la inversión realizada por el país en su conjunto. Esa idea de que lo privado es superior a lo público es una de las deformaciones mentales de los impotentes que, incapaces de construir empresas industriales productivas o comerciales, se dedicaron a ver cómo hacer para quedarse con “las joyas de la Corona”. Ayer fueron por las empresas del Estado y hoy vienen por los regalos de la naturaleza, como la minería, el agua y el gas, para arribar a su punto extremo de dependencia colonial cuando Milei y los suyos pretendieron poner en venta nuestras tierras.

Nos quieren hacer creer que transitamos una nueva experiencia política. En verdad, se trata solamente de un desarrollo colonial, de la destrucción de una concepción de patria, del espacio que contiene a todos, para convertirla en una concepción de colonia, ese lugar donde los grandes grupos generan sus negociados escabulléndose de sus obligaciones respecto de los habitantes desahuciados para los que ni siquiera existen leyes que los poderosos estén obligados a respetar.

Como decía Arturo Jauretche “la primera zoncera argentina es civilización y barbarie”. En rigor, el desarrollo de esta consigna implica que el colono viene a dominar, a domesticar, a educar al colonizado, y desde esa cruel concepción, siguen existiendo personajes siniestros que destruyen la idea de patria, para convertirla en un lugar de extracción de recursos. Qué envidia nos da Brasil, no solo por Lula, sino por la voluntad de su pueblo de convertirse y sostenerse como nación; nosotros, por desgracia, entre dictaduras y demencias varias, hace tiempo que perdimos ese rumbo. Una sociedad que viva la democracia como un riesgo, desnuda su enamoramiento por las dictaduras.

Cierro esta nota evocando el asesinato de José Ignacio Rucci, en su día. Tras el crimen, el presidente de la Cámara de Diputados Raúl Lastiri convoca a tres diputados jóvenes -éramos Vidagna, Croatto y yo- , y nos transmite un pedido del General Perón: quería que fuéramos al velatorio para dejar en claro que no se trataba de una interna peronista. Salimos de esa reunión y, conocedor de la norma del ERP – no asesinar jamás a un sindicalista- yo no dudaba sobre la autoría, pero hice silencio. Un rato después, vinieron los diputados jóvenes de la guerrilla diciendo que no podían concurrir al velatorio por razones obvias. Es decir, oficialmente desde el Parlamento fuimos Juan Manuel Abal Medina, Nilda Garré y yo. Ninguno de los miembros de la organización Montoneros concurrió porque habían asumido —y hay muchos datos que así lo confirman— que ellos habían sido los ejecutores. Lo planteo porque si hubo alguna discusión sobre el tema fue simplemente una variante del ocultamiento posterior a los hechos.

¿Qué esperamos cuando esperamos la visita de alguien?