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lanacion.com.ar · hace 19 horas · Virginia Giordano

La educación argentina tiene un problema que el presupuesto no puede resolver: la gestión

LA NACION

Hace pocos días se conocieron los resultados de PISA 2025 y volvieron a encenderse las alarmas sobre la decadencia de la educación argentina. Los datos son contundentes: en Matemática, apenas el 24% de los estudiantes de 15 años alcanza el nivel mínimo esperado, frente al 65% en los países de la OCDE. En Lectura, sólo 4 de cada 10 estudiantes logran las competencias básicas. En Ciencias, el desempeño también se encuentra muy por debajo de los países desarrollados.

Como ocurre cada vez que aparece una nueva evaluación, la discusión vuelve rápidamente al mismo lugar: ¿cuánto dinero se destina a educación? La pregunta es válida. Ningún sistema educativo puede funcionar sin recursos suficientes. Pero hay otra pregunta, menos frecuente y más incómoda que sigue relegada en el debate: ¿qué hace el sistema educativo con los recursos que tiene?

Uno de los problemas para responder qué explica el desempeño educativo es que solemos hablar de “la educación argentina” como si fuera un único sistema. No lo es. La Nación establece lineamientos generales, mide resultados y coordina políticas, pero la gestión cotidiana de la educación básica está en manos de las provincias. Ellas administran las escuelas, organizan la planta docente, pagan los salarios y financian alrededor del 90% del gasto en educación básica.

Por eso, comparar directamente resultados provinciales puede ser comparar peras con manzanas. La Argentina tiene, en la práctica, 24 sistemas educativos diferentes, con realidades muy distintas. No es lo mismo gestionar una escuela en una provincia con bajos niveles de pobreza, baja ruralidad y mayores recursos que hacerlo en otra con fuertes restricciones sociales y territoriales. Pero esas diferencias no explican todo: provincias con condiciones similares pueden obtener resultados muy diferentes.

El caso de la Ciudad de Buenos Aires ilustra muy bien esta diferencia. CABA suele aparecer como la referencia del sistema educativo argentino y, efectivamente, tiene los mejores resultados absolutos en las evaluaciones de calidad educativa. Sin embargo, esa comparación deja una pregunta abierta: ¿son esos resultados acordes con las condiciones excepcionales de las que parte?

La Ciudad tiene ventajas estructurales que ningún otro distrito posee: los menores niveles de pobreza del país, prácticamente nula ruralidad, mayor disponibilidad de recursos educativos por alumno y una estructura social que favorece mejores trayectorias escolares. ¿Con esas ventajas de partida, está logrando todo lo que podría lograr?

Para responder esa pregunta, desde IDESA EDULAB se desarrolló el Índice de Gestión Educativa Provincial. El índice estima qué resultado educativo sería esperable para cada jurisdicción según sus condiciones sociales y recursos disponibles, y lo compara con el resultado efectivamente obtenido. Así, busca aproximarse a una dimensión que suele quedar relegada en el debate educativo: la gestión, es decir, la capacidad de transformar recursos en mayores aprendizajes de los alumnos.

Una de las principales conclusiones es que tener mejores resultados absolutos no implica necesariamente un mejor desempeño relativo. CABA lidera en resultados educativos, pero no encabeza el índice de gestión. En cambio, Entre Ríos, La Pampa, Córdoba, Mendoza y Formosa aparecen entre las provincias mejor posicionadas porque obtienen resultados superiores a los que cabría esperar dadas sus condiciones y recursos. En términos simples, logran que entre 3 y 6 chicos más cada 100 permanezcan escolarizados y alcancen los aprendizajes mínimos respecto de lo que predice el modelo.

El caso de Formosa permite ver con claridad esa diferencia: aunque sus resultados absolutos son bastante inferiores a los de CABA, al considerar su punto de partida logra ubicarse por encima de lo esperado. La conclusión es que los recursos y las condiciones importan, pero también importa cómo se gestionan.

Los recursos importan, eso no está en discusión. Pero más recursos no se traducen automáticamente en mejores aprendizajes. Entre el presupuesto educativo y los resultados media una dimensión que muchas veces queda relegada: la gestión.

Ahí aparecen preguntas incómodas, pero necesarias: cómo se asignan los recursos, cómo se organizan las escuelas, cómo se seleccionan y forman los docentes, cómo se gestiona el ausentismo, qué incentivos existen para reconocer el compromiso y el desempeño, cómo se acompaña a las instituciones con mayores dificultades y cómo se utiliza la información para detectar problemas y corregir aquello que no funciona.

En la Argentina se discute mucho cuánto se invierte en educación, pero bastante menos qué resultados se obtienen con esa inversión. Incorporar la gestión a la discusión implica justamente empezar a mirar ambas cosas y abre muchas oportunidades. Aumentar los recursos implica lidiar con restricciones fiscales muy exigentes. Mejorar la gestión depende de desplegar profesionalismo y creatividad.

La autora es economista y directora ejecutiva del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa)

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