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clarin.com · hace 23 horas · Clarin.com - Home

Carlos Pachuk: “Las aplicaciones producen encuentros fugaces que pueden aumentar la sensación de soledad”

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-¿Qué cambió en nuestra manera de entender el amor y la pareja en las últimas décadas? ¿Estamos frente a una transformación profunda de los vínculos o simplemente a nuevas formas de nombrar conflictos que siempre existieron?

Hay invariantes y transformaciones históricas. El amor, el deseo y el goce son constitutivos de cualquier relación, pero varían los dispositivos sociales y vinculares mediante los cuales se manifiestan. Por eso es necesario trabajar con un pensamiento situado: hay cambios universales, pero también transformaciones propias de Occidente. Durante la modernidad, la representación de la pareja estable era heterosexual, monogámica, duradera, con convivencia, división de roles entre varón y mujer y un proyecto de hijos. El primer gran cambio de paradigma fue la fertilización asistida, que modificó una forma de reproducción milenaria basada exclusivamente en el coito heterosexual. La tecnología produjo transformaciones en la cultura y en la estructura familiar: permitió, por ejemplo, el acceso a la maternidad y paternidad de parejas homosexuales y personas trans, y contribuyó a cambios como el matrimonio igualitario en Argentina. También modificó los tiempos biológicos de la reproducción. En este contexto, amar ya no equivale necesariamente a permanecer para siempre, sino a reconocer al otro como alguien no apropiable. Como plantean Janine Puget y Jacques Derrida, se trata de convivir con aquello del otro que es ajeno y desborda la representación que construimos de él. Las parejas pueden ser más fugaces porque esta paradoja elimina certezas que no siempre resultan tolerables.

-Usted plantea que aquello que en otro momento podía considerarse “patológico” hoy ya no necesariamente lo es. ¿Cómo cambió la idea de normalidad en las relaciones de pareja?

No desapareció la normalidad: cambió su estatuto. Ya no hay un patrón universal, sino normalidades múltiples y acuerdos vinculares que deben renegociarse a lo largo de la relación. La deconstrucción analiza estos cambios en las subjetividades que producen los nuevos paradigmas y plantea un desafío teórico y clínico para los terapeutas. La idea central es que la normalidad en la pareja dejó de definirse por la forma y pasó a depender de cómo funciona ese vínculo para quienes lo integran. La heterosexualidad dejó de ser la única norma y aparecieron nuevas configuraciones sexuales y afectivas. También la virtualidad transformó los vínculos. La hiperconexión genera una demanda de respuesta inmediata y nuevos pactos de sostén, control y sometimiento. Aparece, por ejemplo, un pacto de disponibilidad absoluta: hay que contestar rápido y su ausencia puede producir celos digitales. La sensación de acceso permanente al otro reduce la alteridad y alimenta la expectativa de inmediatez y transparencia total.

-¿Las redes sociales y las relaciones virtuales están ampliando las posibilidades del amor o están produciendo nuevas formas de soledad y desencuentro?

Ocurren ambas cosas simultáneamente. La tecnología universalizó las posibilidades de encuentro, pero también produjo nuevas modalidades de soledad, vigilancia y desencuentro. Cambiaron las condiciones de presencia y ausencia del otro: en las redes puede permanecer virtualmente presente y podemos observar sus movimientos y conexiones sin establecer un contacto real. Eso genera fantasías y celos digitales. Las aplicaciones producen encuentros fugaces que pueden aumentar la sensación de soledad. El goce transitorio no es condición de una relación estable y, sin embargo, la cantidad y permanencia de las ofertas han incrementado las experiencias sexuales sin que necesariamente exista una sensación de ser amado. Estar conectados —por WhatsApp, Instagram o un like— no garantiza un encuentro. El contacto no es equivalente al vínculo y la presencia digital no genera, por sí misma, intimidad.

-En parejas en la deconstrucción aparecen el amor, el deseo y también la violencia. ¿Qué lugar ocupa hoy la violencia dentro de los conflictos de pareja?

En los vínculos íntimos crecen tanto el amor como el odio, en una ambivalencia que se juega en el narcisismo de cada uno. Lo importante son los grados, las escenas y las formas que adopta. Hay violencias que durante mucho tiempo estuvieron naturalizadas: los celos, el control del otro, la imposición económica o sexual. Hoy ya no se consideran necesariamente conflictos privados de la pareja, sino situaciones que son cuestionadas y visibles socialmente. Cuando el otro es vivido como diferente, las rivalidades pueden ser toleradas y metabolizadas mediante el diálogo. La palabra es, quizás, la manera más humana de transitar un vínculo. Pero cuando el otro se transforma en un extraño o en un enemigo, puede aparecer la hostilidad y, en los casos más extremos, la violencia psíquica o física. Para el terapeuta es fundamental diferenciar responsabilidades. A veces la violencia es mutua y cruzada; en otras, hay un agresor y una víctima y no existe reciprocidad. La experiencia demuestra que con la palabra no siempre basta: en situaciones de violencia es necesario recurrir a un abordaje interdisciplinario y, muchas veces, institucional.

No significa abandonar los modelos tradicionales, que siguen existiendo en distintas sociedades, sino dejar de considerar que existe una única forma natural y universal de estar en pareja. Estamos saliendo de modelos más sólidos —matrimonio, fidelidad, convivencia, roles fijos, hijos y duración para toda la vida— y eso genera mayor libertad, pero también más incertidumbre. Aparecen relaciones virtuales, diferentes acuerdos sexuales y afectivos, parejas abiertas, cambios en la pareja cuando uno de sus integrantes transiciona y otras configuraciones. Ya no hay garantías ni certezas sobre cómo construir un vínculo. Por eso es necesario que el terapeuta tenga una mente abierta y pueda revisar sus propios prejuicios frente a estas nuevas normalidades.

-¿Qué cree que va a quedar del amor tal como lo conocemos en un escenario de creciente integración entre seres humanos y tecnología?

En Parejas en la deconstrucción planteé la posibilidad de una relación entre un ser humano y una máquina, a partir de una pregunta: ¿puede una persona amar a algo que no es humano? La Inteligencia Artificial lleva esa cuestión todavía más lejos: puede convertirse en un tercero tecnológico dentro de la pareja, siempre disponible y capaz de intervenir en los conflictos. Además, cada integrante podría desarrollar un vínculo personal con una inteligencia artificial que conozca sus secretos, como hoy ocurre con el celular. La cuestión fundamental es si esa máquina posee alteridad. Si no la posee, los seres humanos podrían preferir vínculos sin verdadera alteridad, lo que constituye una suerte de alimento para el narcisismo.

-Después de tantos años de trabajar con parejas, ¿qué aprendió sobre por qué dos personas que se aman pueden, al mismo tiempo, hacerse tanto daño?

El vínculo de pareja puede se r profundamente regresivo cuando activa sentimientos y vivencias del pasado, tanto infantiles como provenientes de otras relaciones. Amor y odio existen en todos los vínculos y son ambivalentes. En la pareja se produce un conflicto permanente entre narcisismo y otredad: queremos intimidad, pero también autonomía. Cuanto más importante es el otro, mayor es su capacidad de herirnos. Además, la pareja no puede cumplir todas las expectativas que cada sujeto tiene sobre el mundo, y muchas veces proyectamos en ella frustraciones como si el otro fuera responsable de todas nuestras desventuras. Por eso es necesario diferenciar los problemas que genera el vínculo de aquellos que llegan al vínculo desde el contexto social. A veces todo termina depositándose en el mismo lugar, como si fuera equivalente perder el trabajo que atravesar un conflicto en la vida sexual.

Carlos Pachuk es médico, psiquiatra y psicoanalista vincular, especializado en parejas, familias y grupos. Fue presidente de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo y es profesor titular en UCES y APdeBA. Autor y coautor de diversos libros sobre psicoanálisis vincular. Su último libro es Parejas en la deconstrucción, donde analiza las nuevas subjetividades y las transformaciones contemporáneas de los vínculos.

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