La guerra de los mundos
Nueva temporada de Traitors (USA), ese reality rarísimo que se sostiene en el aire como una mota de polvo, sin contenido alguno y, por supuesto, carente de todo sentido.
Me detengo en la recepción de los participantes, en un castillo escocés que sirve de escenario, por parte de Alan Cumming, quien sobreactúa con gracia textos y disfraces. Les dice a los americanos: remember... you are not in Kansas anymore. Los veinte participantes lo miran sin reconocer la frase (por supuesto, de El mago de Oz). Es como que hay dos mundillos diferentes que no comparten referencias, lo que queda claro cuando los recien llegados se maravillan ... ¡del tren! (algunas nunca subieron a uno) y, sobre todo, de la arquitectura ferroviaria (”¡parece de Harry Poter!”). Por supuesto, quienes conocen la estación La Lucila o la estación San Antonio de Padua reconocerán esa arquitectura como algo familiar, el ambiente de un mundo propio. Es extraño (y al mismo tiempo penoso) que reconozcamos mejor que los norteamericanos los restos del pasado colonial británico.
En todo caso, mundos separados, insensibles unos respecto de otros. Algo parecido me pasó un día en el que, durante una sesión de Pilates, sonaba una versión en soft jazz de una canción que reconocí tardíamente: era Satisfaction de los Rolling Stones. Pregunté en alta voz: ¿A quién se le habrá ocurrido hacer una versión tan sin gracia de una canción tan sexy? La instructora preguntó “¿qué?” como si yo hubiera hablado en polaco. Aunque parafrasee mi pregunta, siguió siendo ininteligible en ese mundillo en el que Satisfaction no había existido nunca así como en otros no había existido El mago de Oz.
¿Es una cuestión de edad? Pareciera más bien que es una propiedad de la época, que ha decidido percibirse como una red o encadenamiento de mundillos que se desconocen entre si. Durante años y milenios, el papel de la política y sus instituciones (incluidas las escuelas y las universidades) fue tender puentes entre mundillos, haciendo un reparto de lo sensible contrario al onfaloscopismo y favorable a la conversación social. Hoy ya nadie sabe nada del mundo del otro y a nadie parece importarle.