El mundo necesita construir más, pero cada vez tiene menos trabajadores
Durante décadas, hablar del futuro de la construcción significó hablar de costos, materiales, financiamiento, tierra o demanda. Hoy esa ecuación empieza a incorporar una variable que puede convertirse en uno de los principales límites al crecimiento del sector: la disponibilidad de trabajadores calificados.
La pregunta es sencilla, pero obliga a repensar el futuro de una industria esencial para cualquier economía: ¿Quiénes van a construir todo lo que el mundo necesita construir durante las próximas décadas?
No se trata de una preocupación futura. La escasez de mano de obra ya afecta la capacidad productiva de las empresas constructoras en algunos de los principales mercados del mundo. Mientras la demanda de infraestructura aumenta, la fuerza laboral envejece, miles de trabajadores se acercan a la jubilación y las nuevas generaciones no ingresan al sector al ritmo necesario.
En Europa, entre el 25% y el 30% de las empresas constructoras reconoce que la falta de trabajadores limita su producción.
Estados Unidos atraviesa una situación todavía más marcada: una encuesta realizada en 2025 por Associated General Contractors of America (AGC) y el National Center for Construction Education and Research (Nccer) mostró que el 92% de las empresas constructoras que buscaban incorporar personal tenía dificultades para cubrir sus puestos, mientras que el 45% manifestó que esa escasez estaba provocando retrasos en sus proyectos.
El problema, además, tiene un componente estructural. Una parte importante de la demanda futura de trabajadores no estará relacionada con que se construya mucho más, sino simplemente con la necesidad de reemplazar a quienes abandonen la actividad.
Esto genera una paradoja que debería ocupar un lugar central en la discusión sobre el futuro del sector: el mundo necesita construir más al mismo tiempo que dispone de menos trabajadores para hacerlo de la manera tradicional.
El desafío adquiere una dimensión particular en Argentina porque el país tiene por delante una oportunidad de crecimiento que puede traducirse en una fuerte demanda de infraestructura.
Vaca Muerta, la minería, la generación y transmisión de energía, la industria y la vivienda requerirán nuevas plantas, caminos, instalaciones, edificios, campamentos y servicios. El desarrollo de estos sectores puede convertirse en uno de los grandes motores de la economía argentina, pero también puede generar una competencia inédita por los trabajadores especializados.
Un soldador, un electricista, un montador, un técnico o un supervisor pueden ser requeridos simultáneamente por una empresa constructora, una compañía minera, un proyecto energético o una operación de petróleo y gas. La competencia por el talento no será solamente entre constructoras: será entre sectores económicos completos.
Argentina todavía cuenta con una ventaja demográfica respecto de Europa, pero tener una población relativamente joven no garantiza disponer de las capacidades que se necesitarán. Formar trabajadores, jerarquizar los oficios y certificar competencias será indispensable, pero también hay que preguntarse cuánto se puede aumentar la capacidad constructiva sin incrementar proporcionalmente la cantidad de personas que trabajan en cada obra.
Ahí aparece una segunda dimensión del problema: la productividad. Durante mucho tiempo, la respuesta ante una mayor demanda de construcción fue incorporar más trabajadores. Si había que construir más viviendas, edificios o infraestructura, se contrataba más gente. Ese modelo empieza a encontrar un límite cuando la construcción debe competir por los mismos perfiles con la minería, el petróleo, el gas, la energía y la industria.
Capacitar más personas será necesario, pero llevará tiempo. Y los proyectos de inversión no necesariamente pueden esperar. Por eso hace falta pensar en una combinación diferente: más trabajadores capacitados, pero también más productividad por trabajador. No se trata de reemplazar personas. Se trata de lograr que las mismas personas puedan producir más, con mejores condiciones de trabajo, mayor seguridad y mayor eficiencia.
La discusión sobre la capacidad constructiva argentina debería empezar a incorporar una pregunta que hasta ahora no ocupó el lugar que merece: ¿Cuántos metros cuadrados podrá construir el país con los trabajadores que realmente tendrá disponibles? La respuesta será determinante para aprovechar las oportunidades que hay por delante.
Argentina puede tener recursos naturales, capital, inversiones y demanda. Pero si no cuenta con la capacidad humana y productiva para transformar esos recursos en infraestructura, una parte de ese potencial puede quedar limitada. Por eso, prepararse para el futuro no significa solamente formar más trabajadores. Significa también transformar progresivamente la manera en que se construye.
La escasez de mano de obra puede convertirse en un problema para la construcción. Pero también puede ser el impulso necesario para acelerar una transformación que la industria viene postergando: pasar de una lógica basada fundamentalmente en más horas de trabajo a otra basada en mayor productividad, tecnología e industrialización.
El desafío no es construir menos porque faltan trabajadores. Es encontrar la manera de construir más con los trabajadores que se tendrán.
El autor es presidente de la Cámara Argentina de la Construcción Modular e Industrializada (Cacmi)