El riesgo país roza los 600 puntos y empieza a reflejar las dudas del mercado sobre el futuro político
A pesar de lo que hubiera querido el gobierno de Javier Milei a esta altura del mandato, el riesgo país volvió a ubicarse más cerca de los 600 puntos básicos. Este jueves 24 de septiembre cerró en 578 puntos básicos, lejos del mínimo que había alcanzado en julio, cuando llegó a perforar los 410 puntos y llegó a tocar los 403 según las referencias de mercado. Desde entonces, el indicador acumuló una suba de más de 170 puntos y regresó a niveles que no se veían desde abril.
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La corrección se da en un contexto en el que los bonos argentinos volvieron a estar bajo presión, mientras que las condiciones financieras internacionales se endurecieron. En particular, el rendimiento del bono del Tesoro de Estados Unidos a 10 años llegó al 5,11%, su nivel más alto desde abril de 2007. A esto se sumó la decisión de la Reserva Federal de subir su tasa de referencia en 25 puntos básicos, hasta un rango de 3,75% a 4%.
Pero los analistas consultados advierten que el movimiento no puede explicarse únicamente por el escenario global. También aparecen factores locales: el ritmo de acumulación de reservas, las necesidades de financiamiento y, cada vez con mayor peso, las expectativas políticas vinculadas con el calendario electoral.
El riesgo país es un indicador que refleja la prima que los inversores exigen para mantener deuda soberana de un país emergente respecto de los bonos del Tesoro de Estados Unidos. En el caso argentino, el indicador de referencia es el EMBI+ elaborado por JP Morgan. Se expresa en puntos básicos: 100 puntos equivalen a un punto porcentual.
Por eso, un riesgo país de 578 puntos implica, en términos simplificados, que el mercado exige alrededor de 5,78 puntos porcentuales adicionales de rendimiento sobre la referencia estadounidense para compensar el mayor riesgo percibido.
No significa que el Estado argentino esté pagando en ese momento una tasa de 5,78% para endeudarse. El EMBI es un spread, una medida del diferencial de rendimiento de los bonos soberanos frente a los Treasuries comparables. Cuanto mayor es ese diferencial, mayor es la prima que el mercado exige.
La importancia del indicador está en que un riesgo país elevado encarece y puede dificultar el acceso de un país al financiamiento internacional. El vínculo también alcanza al sector privado, ya que mayores rendimientos soberanos tienden a trasladarse hacia el costo de financiamiento de las empresas en los mercados emergentes.
Por el contrario, cuando el riesgo país baja, los bonos argentinos suben de precio y el rendimiento que los inversores demandan se comprime. Eso mejora las condiciones potenciales para que el Tesoro vuelva a financiarse en los mercados y también reduce el costo de capital para empresas argentinas.
Para Milo Farro, research de Rava, el principal factor detrás de la reciente suba es internacional. Según explicó ante la consulta de PERFIL, la tasa a 10 años de Estados Unidos se encuentra en niveles muy elevados y ese movimiento incrementa el retorno exigido para todos los bonos a nivel global.
La lógica es relativamente directa: si un activo considerado de referencia y de menor riesgo, como un Treasury estadounidense, ofrece una rentabilidad mayor, los inversores tienen menos incentivos para asumir riesgo adicional en mercados emergentes. En consecuencia, para conservar posiciones en deuda argentina, el mercado exige una prima más alta.
El movimiento internacional coincide con un deterioro de los activos argentinos. Este jueves, el rendimiento del Treasury a 10 años llegó al 5,11%, mientras el riesgo país argentino alcanzó los 578 puntos básicos según registros de mercado.
La propia dinámica del indicador ayuda a entender la relación, ya que cuando caen los precios de los bonos argentinos, sus rendimientos aumentan y el spread frente a los bonos estadounidenses se amplía, lo que empuja al alza al riesgo país.
El segundo componente es doméstico. El analista Franco Marín considera que los fundamentals de la economía no alcanzan para explicar por sí solos el nivel actual del indicador. Destaca el crecimiento del PIB, la balanza comercial y el resultado fiscal, pero advierte que el EMBI está particularmente asociado a la percepción de riesgo de default y que, en ese punto, las reservas adquieren un papel central.
“Un riesgo país por encima de los 600 puntos no está fundamentado”, sostuvo Marín, aunque señaló que la volatilidad política vinculada al calendario electoral seguirá siendo un factor relevante para los inversores.
En una línea similar, el economista Amílcar Collante puso el foco en el mercado cambiario. Señaló para PERFIL que el Banco Central viene mostrando un ritmo de compra de reservas menor al que esperaba parte del mercado, aun en un contexto de elevada liquidación del sector agroexportador.
A su entender, esto abre interrogantes sobre cómo se conseguirán los dólares necesarios para atender los compromisos de deuda de 2027 si Argentina todavía no recuperó plenamente el acceso al mercado internacional.
Farro, en cambio, relativiza ese riesgo. Considera que las compras acumuladas del BCRA, superiores a US$ 14.200 millones, otorgan respaldo para afrontar el programa financiero "sin la necesidad de emitir más deuda en dólares en el mercado local o internacional”, sostuvo.
Para el economista Maximiliano Ramírez, el mercado además pasó de un escenario de fuerte optimismo en julio a uno en el que comenzó a evaluar con mayor cautela la capacidad del Gobierno para sostener las mejoras macroeconómicas durante varios años.
Según su lectura, en julio las cotizaciones incorporaban expectativas de una rápida consolidación fiscal, una recuperación más marcada de la economía y la posibilidad de que Argentina recuperara el acceso al crédito internacional en condiciones razonables. Con la posterior toma de ganancias y el ingreso del calendario político, esa expectativa comenzó a moderarse.
“El mercado ya no está discutiendo si Argentina evitó una crisis macroeconómica; eso parece haber quedado atrás”, señaló Ramírez. “Lo que hoy está evaluando es si el país puede sostener las mejoras actuales durante varios años y atravesar el ciclo electoral de 2027 sin cambios bruscos de rumbo”.
Para los analistas, la reducción del riesgo país depende de consolidar varios frentes al mismo tiempo. Marín plantea sostener el equilibrio fiscal, desacelerar la inflación, acumular reservas y garantizar los pagos de los próximos doce meses.
A la vez, consideró que “el gran desafío estará en el frente cambiario”, ya que “una demanda minorista orientada a dolarizar carteras podría inyectar volatilidad en el tipo de cambio y dificultar la tarea del Banco Central en su objetivo de seguir engrosando las reservas”.
Ramírez agrega que el mercado necesita comprobar que el equilibrio fiscal es permanente y que el Estado cuenta con una posición financiera suficiente para enfrentar los vencimientos futuros. A eso suma un factor cada vez más relevante, el de reducir la incertidumbre política y dar mayor previsibilidad sobre las reglas de juego de los próximos años.
Ramírez resumió su mirada sobre este punto con una frase: “Los inversores pueden convivir con malas noticias económicas, pero les cuesta mucho más convivir con la incertidumbre”.
Y agregó: “Cuanto más claro sea el horizonte de reglas de juego e institucionalidad para los próximos años, más rápido puede comprimirse el riesgo país”.
La proximidad de las elecciones presidenciales de 2027 aparece cada vez con más fuerza en el análisis de los activos argentinos.
Marín considera que será un año complejo si los partidos opositores ganan fuerza, aunque aclaró que hoy no lo ve como una variable de riesgo inmediata. “A diferencia de otros países, cambios en los gobernantes implican cambios de 180 grados, algo que no es sano para consolidar el rumbo económico ni mucho menos para los inversores”, sostuvo.
Respecto de las expectativas para 2027, agregó: “Será un año complejo en la medida que partidos opositores tomen fuerza, hoy no lo veo como una variable de riesgo pero es un factor a tener presente sin lugar a dudas”.
Ramírez, por su parte, señaló que la volatilidad electoral es una característica histórica del mercado argentino. “Históricamente los años electorales argentinos generan volatilidad porque el mercado empieza a descontar posibles cambios de rumbo económico. En ese sentido, 2027 probablemente no sea una excepción”, explicó.
Pero también marcó una diferencia con otros ciclos. “La diferencia es que hoy Argentina parte de una situación macroeconómica mucho más ordenada que la que tenían otros ciclos electorales”, sostuvo.
En su análisis, el impacto podría ser menor si continúa la desinflación, se mantiene la disciplina fiscal y la economía sostiene el crecimiento. De todos modos, anticipó una mayor sensibilidad de los bonos y el dólar a medida que se acerque la elección.
“A medida que se acerque la elección presidencial, es razonable esperar una mayor sensibilidad en bonos, dólar y riesgo país”, afirmó.
Gaston Lentini, asesor financiero y fundador de Doctor de tus Finanzas, ubicó parte de la explicación en el frente político. A su entender, determinadas señales provenientes de sectores de la oposición pueden llevar a los inversores internacionales a exigir una mayor rentabilidad para mantener posiciones en activos argentinos.
“Me parece que la principal situación que ha hecho subir el riesgo país está atada a los cuadros políticos internos que aparecieron desde la oposición”, afirmó.
Según Lentini, determinadas declaraciones de dirigentes opositores pueden hacer que “los inversores internacionales sean más pudorosos o evidentemente exijan más rentabilidad para invertir en Argentina”.
Al mismo tiempo, advirtió sobre el impacto del escenario internacional, marcado por tasas elevadas y las consecuencias de la guerra en Medio Oriente. El encarecimiento del petróleo puede favorecer a la Argentina por su condición de exportadora de energía, aunque también puede mantener presionada la inflación global y dificultar la baja de las tasas internacionales.